Separatismo, o como gobernar sin los gobernados

Tras estas últimas elecciones, nos enfrentamos a un “peor de lo mismo”, que se inicia con dos batallas. Una es “político -fratricida”, entre los antiguos socios independentistas, hoy en lucha a degüello- por “negociar” quien se queda con más poder, negociación que nada tiene que ver ni con el bienestar de la ciudadanía, ni con la pandemia, ni con la decadencia del país, si no con- digámoslo claramente-, la confrontación y el “volverlo a hacer”. En paralelo a la batalla “doméstica” se desarrolla en la calle otra batalla, la física,animada por los mismos contendientes “domésticos”, cuyo objetivo es tapar la ignominia y amedrentar a la ciudadanía. En esa batalla, ya conocida como 2ª hornada de las noches de los “cristales rotos”, sin nada que ver con Hasél que seguirá en prisión, una “kale borrica” catalana con soporte italiano, bien pertrechada, entrenada y coordinada, quema y saquea la ciudad, (2 millones € en desperfectos).

Es la batalla del miedo sin enemigos que se puedan defender. Destrozar el mobiliario urbano y saquear “valientemente” comercios, bajo la mirada de una policía tibia, a la que incluso se persigue porque se sabe que las detenciones, si las hay, durarán poco y se saldrá sin cargos. El ayuntamiento, bobo solidario con los vándalos y sus inductores, se suma a pedir la libertad de un preso por agresión, no por cantar.

El separatismo pagará esta devoción ninguneándoles. El efecto de distracción por barbarie se detiene justo cuando se llega a un acuerdo básico sobre el reparto del pastel: la policía no utilizará foam, se imputará a 35 agentes, se liberará a los manifestantes encarcelados, se activará (o no) un nuevo referéndum por el derecho a decidir “lo que yo te diga”, se ninguneará desde ya, y una vez más, a la oposición. Y, ya que estamos, vamos a lucirnos: se vetará que policías y guardias civiles puedan vacunarse.

La imputada Borràs se hace con el 2º poder institucional de Cataluña, y en un salto a los principios de moralidad-dignidad, pide y se le concede, aunque de forma opaca , ser funcionaria de un estado que odia y torpedea. Para más “INRI”, Moncloa no se inmuta lo más mínimo ante los sucesos catalanes. Su atención está puesta en sus obscuras y coincidentes subvenciones a Duro Felguera / Venezuela, y a Plus Ultra, además de buscar – ahora ellos- sus “tamayazos”, para hacerse con el máximo de autonomías, tras despedir al diablo de Iglesias.

Acostumbrase a los desastres. Al igual que los invisibles miles de muertos diarios por la covid, respecto a la primera ola, han dejado de afectar a la ciudadanía, las últimas noches “de cristales rotos”, tampoco afectan tanto como las primeras. El ser humano se adapta a los desastres y en su deseo de supervivencia acaba por acostumbrarse, esperando que el fuego, por lo menos, no llegue al portal de su casa. Es así como se impone una dictadura en un país, lo estamos viendo en un claro directo.

Una Alemania sin sentido común. Se ha hablado poco de aquellos alemanes, dudosos e incluso contrarios a los violentos postulados de Hitler que o bien fueron directamente a campos de trabajo o acabaron alzando el brazo con el saludo fascista por puro miedo de ser exterminados junto a los judíos. Lo que sucede en Cataluña podría tener una similitud escalofriante con lo sucedido en Alemania, nación que cuando descubrió quienes eran en realidad los fascistas y asesinos en los campos de exterminio, Berlín estaba ya en ruinas.

Aquí además se acuerda una estrategia perversa. Los “lazis”, como furioso rechazo del acrónimo que les hemos colgado, no son fascistas, los fascistas somos los otros catalanes quienes al parecer los oprimimos y no les dejamos ser libres. En realidad, el apelativo fascista solo se les puede aplicar a ellos, los secesionistas quienes, por su propia naturaleza fanática, intolerante y violenta, lo son y lo saben, por ello invierten con tanta fiereza ese calificativo y lo atribuyen torticeramente a sus opositores.

Tal como ocurrió con el levantamiento de la resistencia francesa tras la invasión de los nazis, una buena noticia emerge para la democracia en Cataluña; nace una resistencia catalana a la dictadura nacionalista, de cada vez más activistas libres de nacionalismo, fuerza que crece proporcionalmente al aumento de su intolerancia, de su fanatismo, de su patológico odio y de la crueldad inusitada que se extiende hasta con los muertos que nunca fueron nacionalistas, sin que nadie de los lideres se lamente de tal desatino. Los que resistimos solo buscamos la libertad, una convivencia inclusiva, un pensamiento plural sin supremacismos y la paz.

La otra buena noticia es que la abstención ha calado en el voto separatista que solo cuenta con el 25% de sus votantes. La Independencia es la peor de las dependencias.

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