La posibilidad de una isla

La candidatura de Salvador Illa a la presidencia de la Generalitat indica la posibilidad de una isla: una isla es aquel lugar que te puede salvar la piel después del naufragio del buque insignia que pretendía conquistar el mundo, cuando ya sólo pensabas que te ahogarías sin remedio y que caerías hasta el fondo de un abismo oscuro. Una isla es un fragmento de tierra, que puede ser pequeño o muy grande (Menorca o Australia). Pero tierra al fin y al cabo. Tierra. Un lugar donde puedes poner los pies y vivir sin temor de los tiburones, de los calamares gigantes y del Cracken.

En una isla, sin embargo, te puedes encontrar una civilización ejemplar, como la Atlántida mítica, o una tribu de caníbales. Al final del agua puede haber el horror que narra Joseph Conrad, o el delta final que explica Magris en el último capítulo del Danubio: “Haz que mi muerte, Señor, sea como el deslizarse de un río en el gran mar” .

Es muy probable que la mayoría de los catalanes deseemos esta paz. Que se acaben los sufrimientos, las ofensas, los insultos, las amenazas a la convivencia, las banderas agresivas, las cruces de San Andrés y las boinas carlistas. Es muy probable que la mayoría de los catalanes queramos vivir tranquilos y en paz y en democracia y en concordia y en pacto y en consenso.

Esta es nuestra isla y nuestro delta. Deslizar por la vida sin identitarismos rabiosos. Deslizar y basta, y preocuparnos de las escuelas, de los hospitales, de la asistencia social. Como en un lugar normal cualquiera, sin banderas ni rostros pintados para ir a guerras antiguas que nadie recuerda. Pensar en la salud y la educación sin pensar en la patria. El delta. Allí donde el agua baja mansa, agradable, apta para todos.

Me parece que los ciudadanos de Catalunya necesitamos una isla, aunque esto parezca un eslogan demasiado fácil. Y ya no queremos más eslóganes, tras la borrachera de eslóganes y pancartas en los balcones de los últimos diez años.

También queremos las cosas claras; sencillas y claras. La sedición es sedición y el indulto no contempla la sedición cuando la sedición es un atentado a la democracia. Debemos convivir entre todos porque el mundo es de todos, pero tenemos que preservar la democracia y los acuerdos. Lo que hemos visto en el Capitolio de Washington nos enseña que la sedición es sedición y que la sedición es un atentado muy grave en nuestra democracia.

La democracia no cayó del cielo ni es una ley universal ni nos la envió un Dios benevolente, como la gravedad o las mareas del mar o la extinción de los dinosaurios. La democracia es el resultado, pequeño y frágil, después de miles de años de barbarie. A la democracia tenemos que defenderla, y tenemos que defenderla en aquellos lugares donde sus costuras sufren y se quiebran. En Catalunya sufren las costuras de la democracia, porque hay quien cree que unos presos comunes son presos políticos, y quien cree que un hombre que se fugó de la justicia de un país democrático es un exiliado. En Catalunya la democracia sufre cuando quienes suben encima de un coche de la policía animan a la gente a que ocupe una consejería. Cuando un presidente regional anima a ocupar una autopista, a apretar contra el sistema, a quemar contenedores de basura para que la basura ilumine unas calles oscuras.

La democracia está en juego y necesitamos una isla. Aunque esto parezca un juego de palabras demasiado fácil y demasiado oportunista. Ahora recuerdo a Miguel de Unamuno en sus últimos años, cuando aún no se había dado cuenta de que España naufragaba y pensaba que sólo soportaba unas olas desmesuradas, sin darse cuenta de que el tsunami era un tsunami. No podemos jugar a confundirnos, en España. Somos una península y una península hace, a veces, el papel de una isla. En España no se puede jugar a hacer ver que no veo venir la ola, porque la ola llega y no podemos hacer nada. No podemos olvidar, en España, que hace ochenta años tu abuelo mataba al mío y dejaba el cadáver junto a la carretera. No podemos olvidar que el cura fusilaba al maestro, ni que el maestro tomaba el fusil, al atardecer, y disparaba contra el cura. No podemos olvidar que España era esto hace apenas ochenta años, y que España no es un patio de escuela donde podemos jugar. Necesitamos un instante de paz o una isla o un delta. Necesitamos vivir en paz y comprender que la democracia es el lugar de todos.

Share on facebook
Facebook
Share on twitter
Twitter
Share on linkedin
LinkedIn
Share on whatsapp
WhatsApp

HOY DESTACAMOS

Deja un comentario