O ahora o nunca

Si ahora no asumimos que vamos todos en el mismo barco, que tenemos que ayudarnos unas personas a otras, unas comunidades a otras, unos países a otros, no lo haremos nunca. La Covid-19 ha plantificado ante la nuestra cara lo frágiles que somos como personas, como comunidades y como especie. La respuesta debe ser solidaria, valiente y rompedora. No nos sirven ni los ‘gobiernos de los mejores’, ni las ‘sociedades más competitivas’, ni el ‘nosotros, first‘.

Si optamos por el sálvese quien pueda, se nos va el mundo al traste. Si continuamos dando por bueno o por inevitable que los más ricos tengan más acceso a la salud y a los medios más eficaces para combatir la enfermedad, caminamos hacia el fracaso no sólo de los más vulnerables sino del conjunto de la Humanidad.

La emergencia climática nos estaba recordando que sólo tenemos un Planeta y que si lo dañamos salimos todos perjudicados. Que si la temperatura sube dos, tres, cuatro grados en relación a la que teníamos en la época preindustrial será muy difícil o imposible la supervivencia humana y de muchos animales. La pandemia se ha añadido a esta percepción y elimina de un porrazo la excusa de los que se despreocupan del calentamiento del Planeta porque piensan que su deterioro no les afectará.

Es absurdo que haya quien plantee la lucha contra la pandemia como una carrera en la que hay países más listos que otros. Aquellos que un día se presentan como los que mejor han sabido hacer frente, al cabo de un tiempo caen en el pozo de los que tienen más contagios y muertes.

Toca colaborar todos con todos. Toca también, claro está, evitar que las grandes empresas farmacéuticas aprovechen la crisis para hacer negocio y que algunos gobernantes corran a ponerse la medalla de ser los primeros en vacunar a la gente de su país. Y toca, no lo olvidemos, garantizar que los países con menos recursos no sean los últimos en recibir los tratamientos más eficaces.

Toca que no haya políticos que aprovechen esta crisis para sacar un provecho circunstancial partidista y que los ciudadanos actuemos con la prudencia que se nos pide sin dejar de lado nuestro espíritu crítico. Y toca que, si algún día no muy lejano nos sacamos de encima esta pesadilla, no olvidemos que por fin nos dimos cuenta de que somos muy frágiles y que nos necesitamos unos a otros, no para pisarnos sino para abrazarnos y ayudar a los que lo necesitan.

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