El sueño independentista se ha acabado el 26-N del 2020

En la historia de Cataluña hay un antes y un después del 26 de noviembre del 2020. Este día, el Parlamento europeo votó una enmienda presentada por la diputada Diana Ribas (ERC), en la cual proponía el reconocimiento del derecho de autodeterminación de las entidades sub-estatales que reivindiquen su identidad nacional diferenciada, como puede ser el caso de Cataluña, pero también de Flandes, el País Vasco o el Tirol.

La enmienda de Diana Ribas fue rechazada por 487 votos en contra, 170 a favor y 37 abstenciones. Los representantes democráticamente elegidos de los casi 450 millones de habitantes de los 27 estados miembros de la Unión Europea (UE) decidieron libremente, por una aplastante mayoría, que el derecho de autodeterminación -y, por tanto, la independencia- es improcedente dentro del ámbito comunitario.

De manera extraña, esta votación del Parlamento europeo ha pasado muy desapercibida en el debate político de Cataluña, a pesar de que tiene una importancia trascendental. Su consecuencia es obvia: la independencia de Cataluña no es compatible con la pertenencia a la UE. Desde este 26-N, los secesionistas catalanes se han quedado sin argumentos, salvo que defiendan claramente nuestra salida del espacio europeo.

Estamos al cabo de la calle. Ser independentista hoy quiere decir abogar por la exclusión de Cataluña de la UE. ¿Están de acuerdo con ello los líderes del secesionismo irredento, que se quieren erigir en los genuinos adalides de la ortodoxia y de la coherencia? En este sentido, interpelo directamente a los dirigentes de Junts x Catalunya (JxCat), que hacen de la vía unilateral y del 1-O su estandarte político y electoral: Laura Borràs, Jordi Sànchez, Elsa Artadi, Joan Canadell, Jaume Alonso Cuevillas, Meritxell Budó, Damià Calvet, Marta Madrenas, Ramon Tremosa, Francesc de Dalmases, Gemma Geis, Eusebi Campdepadrós…

El conducator de Waterloo, Carles Puigdemont, ha afirmado, después de la votación del Parlamento europeo: “No negociaremos con la UE la independencia de Cataluña, porque la UE es un sindicato de Estados y, allá, quien determina es el Estado español”. Y ha añadido, enigmático como siempre: “Es verdad que hay vida más allá de la UE”. ¿Asumen y comparten los dirigentes de JxCat esta visión geopolítica del ex-presidente de la Generalitat?

UE sí o UE no: este es el dilema al cual nos ha abocado la deriva neoconvergente del proceso independentista. En este sentido, las próximas elecciones al Parlamento de Cataluña tienen que servir para decidir si queremos un Gobierno de la Generalitat europeísta o anti-europeísta.

La respuesta al dilema, para una inmensa mayoría de la sociedad, es obvia, y, a buen seguro, no hay ningún empresario –por muy independentista que sea- que subscriba una hipotética exclusión de Cataluña del marco comunitario y del euro, puesto que significaría la ruina fulminante de su negocio.

La resolución del Parlamento europeo interpela también a los políticos y a los líderes sociales independentistas que permanecen en la prisión o que han marchado fuera. Hace falta que hagan un sano ejercicio de realismo y, en vez de verbalizar su estéril voluntad de “lo volveremos a hacer”, admitan que la independencia de Cataluña es, sencillamente, un sueño imposible e inviable.

Esto no es ninguna derrota ni ninguna tragedia. Es una evidencia que hay que admitir y no pasa nada más. Ya somos adultos. Sin duda, si los presos y los expatriados asumen la votación democrática del Parlamento europeo, su horizonte penitenciario quedará aclarado y se les abrirán las puertas del camino de la libertad, a través de un indulto que, en estas condiciones, el Gobierno de Pedro Sánchez puede conceder fácilmente.

Más temprano que tarde, el conflicto iniciado en 2012 por la imputación judicial por corrupción de Oriol Pujol, el heredero de la dinastía, se tiene que acabar. La resolución de Parlamento europeo ofrece una pista de aterrizaje. Solo hace falta que los dirigentes del 1-O defiendan que Cataluña tiene que seguir formando parte de la UE y que, por el bien de todos, renuncian a la independencia unilateral. Sus familias se lo agradecerán, puesto que podrán volver a casa. El resto de catalanes, que hemos sufrido ocho años muy desgraciados, también.

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