Entre el acoso y la incomparecencia

Hace poco más de un mes que Elisenda Paluzie, presidenta de la ANC y miembro de la comunidad universitaria, afirmó sin que le cayera la cara de vergüenza que el independentismo no podía permitir rectores universitarios unionistas.

Paradójicamente, una jueza, magistrada del Juzgado de lo Contencioso-Administrativo número 3 de Barcelona, ​​acaba de definirse sobre el manifiesto que subscribieron las universidades catalanas en octubre del año pasado, en relación a la condena de la declaración del referéndum ilegal del 1-O en el que, entre otras cosas, exigían la inmediata puesta en libertad de los presos, denunciaban "la deriva autoritaria" de los poderes del Estado y reivindicaban la autodeterminación de Catalunya. La justicia es clara: la declaración vulnera el derecho en la educación, a la libertad de expresión y a la libertad ideológica. "La universidad forma parte de la administración pública y no es una institución de representación política. Por tanto, está sometida al deber de neutralidad y este deber implica que la universidad no puede asumir como propia una posición política determinada, y tanto menos cuando esta posición es manifiestamente contraria a los valores y principios del ordenamiento jurídico vigente".

Esta contradicción aparente con lo que realmente piensan los rectores no es más que la expresión de la presión extrema que ha ejercido el independentismo sobre las instituciones y el tejido social, forzando a definirse a favor de su propia ideología. La presión ha triunfado temporalmente, por miedo de muchas personas a expresar la opinión contraria. En este sentido, algunos rectores universitarios han estado haciendo equilibrios entre posiciones, durante años, entre la presión de algunos y la incomparecencia de los otros. Es obvio que la Universidad, por definición, tiene que ser plural y que el fanatismo de la señora Paluzie se aviene mal con la libertad de expresión y que la sentencia pone las cosas en su sitio, pero no deja de ser cierto que los rectores se han visto asediados y en la cuerda floja durante los difíciles tiempos que hemos vivido.

Esperemos que poco a poco, Catalunya recupere la expresión de su propia pluralidad y que la presión que hemos vivido durante este tiempo para poder expresar nuestras ideas con libertad, sin temor a ser insultados, agredidos o ninguneados, se vaya diluyendo. En este sentido, yo digo que sean bienvenidos los rectores que representen la pluralidad de nuestra sociedad, deseando que puedan evitar, en el futuro, la polarización ideológica en las universidades y el acoso del fanatismo excluyente.

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