«El sueño de un paraíso colectivo es un fenómeno religioso»

Entrevista a Adolf Tobeña
Adolf Tobeña

Catedrático de Psiquiatría en la Universidad Autónoma de Barcelona, se ha dedicado durante casi medio siglo a la investigación en neuro-ciencia. Es autor de numerosas publicaciones, algunas de carácter científico y otras más referidas a la realidad política y social de Cataluña, como La pasión secesionista y, ahora, Catañoles.

¿Por qué esto de Catañoles?

El libro arranca, digamos, con una cita de Quim Monzó, en La Vanguardia, que decía “aquí hablamos tres lenguas, el español, el catañol y, muy pocos, el catalán”. Como los lingüistas, hace ya 30 años que definen el catañol como la forma de catalán más abundante (que está super-impregnada de castellano y que, naturalmente, donde más se habla es en la gran Barcelona) pensé que si esto, que es una denominación lingüística, se trasladara al contexto identitario a lo mejor tendría gracia para superar los epítetos despectivos, como “charnegos”, “ñordos”, "españordos”… De ahí la idea de dedicar un libro a la Cataluña mestiza, hibrida, ignorada… Y lo llamé así: Catañoles.

Te dedicas a la investigación de las bases neurales de la conducta, del comportamiento de la gente, y no tanto de las patologías. Desde esta perspectiva, dices que los procesistas, en contra de lo que muchos creen, no están locos, sino enamorados ¿De quién o de qué están enamorados los procesistas?

Del paraíso, de la Cataluña paradisíaca, del cielo, del horizonte utópico… Y eso es conducta normal. Nada que ver con la conducta anómala.

Cosa que comparten con todos los nacionalismos pasados, presentes y seguramente futuros…

Y no solo con ellos. También con los que soñaron con el paraíso socialista. También estaban enamorados y montaron movimientos de una potencia tremebunda, que cambiaron el mundo. Con un entusiasmo y una potencia creativa sensacional, y también con una capacidad destructiva terrible. También los anarquistas se enamoraron del paraíso terrenal, de la bondad universal. Es un error monumental calificar el movimiento procesista como un desvarío, un delirio. De hecho, es un movimiento sencillo en el que suelen caer las mejores mentes. Dijo Caro Baroja que para solucionar el problema vasco hacían falta trenes cargados de psiquiatras. Y no es eso. Lo que allí contó fue la firme actuación de las fuerzas constitucionalistas y el buen trabajo policial. 

¿No hay también amours folles?

Los hay. Pero hay que tener en cuenta que el enamoramiento es un episodio interpersonal o a veces unilateral, excepcional. Pero una cosa excepcional no necesariamente es anómala. Es verdad que hay enamoramientos desadaptativos y muy lesivos, a veces para los dos protagonistas o para uno solo, que se obsesiona por una meta inalcanzable, que puede incluso acabar en tragedia. Pero esto es excepcional. La mayor parte de los enamoramientos acaban en la formación de una pareja y en el aburrimiento, porque es un mecanismo montado por la biología para juntar, aunque sea de manera transitoria a dos individuos, de distinto sexo, en general; y también del mismo.

¿Quién a quién enamora en el procés, y cómo lo hace? ¿Mediante la magia, por ejemplo?

Para entenderlo, hay que pensar en el Barça. En el 2009, 2010, el Barça, que siempre ha sido un equipo importante, se convierte en el espectáculo más seguido del Planeta: Hay gente de todas las razas, culturas, religiones… enamorada del Barça. Además de los grandes jugadores, que protagonizaron eso, quien le da ideología es un chico de la casa, que se llama Pep Guardiola, que se convierte en el máximo sabio mundial del fútbol y, según revistas femeninas, en el varón más atractivo del Planeta. Los políticos nacionalistas catalanes se dan cuenta de eso, que coincide con que la gente lo está pasando mal, como consecuencia de la crisis económica, puede aprovecharse para crear un movimiento de arrastre de masas, que sueñe en un paraíso conseguible. De manera festiva y sin demasiados problemas. Los máximos exponentes en magia para mover gente son los políticos y los curas. 

“Con la Iglesia hemos topado”, según reza el tópico literario ¿O sea, que en la alquimia del procés, no falta, sino todo lo contrario, el componente religioso?

Mi título inicial de La pasión secesionista era La comunión secesionista, porque este fenómeno de arrastre hacia un paraíso colectivo es un fenómeno religioso, que tiene profetas y gurús delante. Te he citado a Laporta, pero también estuvieron los Pujol y Mas, un galán con capacidad de arrastre. Luego, viene la secuencia, que está historiada. Cuatro consejeros de Artur Mas deciden montar la ANC, bajo la batuta política, y crean las coreografías. 

Coreografías que, más que misas solemnes, parecen emular el estilo de las guarderías infantiles…

Creo que ahí había inteligencia creadora, y gente muy espabilada. Los que crearon la ANC y aprovecharon Omnium montaron líneas de merchandising de un éxito sensacional, y llamaron la atención de los medios de comunicación internacionales con la organización de sus actos. Durante ocho o diez años tuvieron la mejor prensa que ha tenido un movimiento de segregación, porque era festivo, transversal, venía de la base… A lo cual dedicaron recursos, claro. Porque había desde sobornos de periodistas, hasta afluencia de recursos desde las oficinas de la Generalitat en el exterior.

¿Y el papel de los medios locales? ¿Si, según se ha documentado, los psicotrópicos estaban en el origen del 80% de la magia antigua, no podría entenderse TV3 como el psicotrópico del procés?

La respuesta más sencilla es “no”. TV3 ha encapsulado una audiencia de manera notabilísima y es de un sectarismo monumental y, por tanto, está dando un mal servicio al conjunto de los catalanes. La gente tiene el mando para cambiar y lo hace cuando le interesa ¿Qué tiene influencia? Desde luego. Tenemos los datos. Pero hay demasiada tendencia a pensar en sencillo en este asunto.

Nada de todo esto hubiera tenido lugar sin el ingrediente, digamos, histórico. Sin ideología, tradición, querencias… nacionalistas

Aquí dirían los pensadores de Esquerra Republicana que no son nacionalistas, sino internacionalistas y cosmopolitas. Lo que pasa es que aspiramos, dicen, a un Estado mejor, más abierto, más inclusivo, más eficaz… que el que tenemos.  Al final, se ha olvidado que no perdieron, sino que empataron. Siguen gobernando en el gobierno regional y tienen todos los resortes del poder. Y estuvieron cerca de la victoria ¿Qué quiere decir esto? Obtener la victoria, así, por la brava. No. Ellos aspiraban a que, a base de que el movimiento hubiera tenido continuidad y se hubiera detectado flaqueza clarísima en el contrincante (el Estado español y la mayoría social catalana, que se había mantenido callada, pero que de pronto la despertaron) y un cierto nivel de hostilidad, hubiera una intervención europea, y obligaran a España a convocar un referéndum.

¿Aunque sea a costa de romper Cataluña?

Si. Ese es el costo brutal, de una responsabilidad gravísima. Porque para llegar al objetivo del 55% o el 60% de apoyo electoral pudrieron la armonía de la sociedad catalana. Marginaron, silenciaron, olvidaron a la mayoría no secesionista. A pesar de que los números les iban diciendo de que había una mayoría constitucionalista, prescindieron de ello para ver si forzaban la situación, en unas circunstancias de debilidad económica de España, para que Europa interviniera. 

¿Y ahora, qué? ¿Todos juntos en unión, defendiendo la bandera de la santa tradición?

Entre ellos, siempre han estado peleados. Ahora se ha agudizado, porque no se consiguió el objetivo y hubo un reparto de poder en la Generalitat y sus tentáculos, que son muchos. Cosa que quizá el partido mayoritario percibe como injusto cuando, en realidad, el primer partido es Esquerra. Esto es caldo para que se sigan peleando durante mucho tiempo. Además, unos están en la cárcel y otros disfrutando de un exilio dorado, lo cual todavía escuece más. Y está el cataclismo sanitario. Es un factor que no sabemos cómo va a incidir. Los sociólogos dicen que no va a tener influencia, porque en las encuestas sigue saliendo que se van a repetir los resultados electorales. Pero tengo mis dudas porque cuando irrumpe un cataclismo de esta magnitud hay resonancias, hay fenómenos que quizá la gente no los explicita cuando los encuestadores les preguntan, pero otra cosa es lo que luego harán. Por tanto, no descarto que haya sorpresas en las siguientes elecciones. Hay que tener en cuenta que secesionistas inamovibles, irreductibles…, solo llegan al 25% del censo, se mida como se mida.

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