«El caso de Julian Assange nos concierne a todos y cada uno de los periodistas»

Entrevista a Rafa Burgos
Rafa Burgos
Rafa Burgos

Estudió historia en la UAB y periodismo en la Pompeu Fabra. Colabora en diversos medios de comunicación y ha escrito cinco libros, entre ellos Los amos del Paseo de Gracia y La orgía diplomática. El último trabajo editado es Los catalanes de los cables de Wikileaks.

En esto de los papeles de Wikileaks, queda, por decirlo de algún modo, una especie de mal sabor de boca en el lector, en la medida en que lo que se anuncia y como se anuncia no se corresponde a veces con lecturas asimilables y de interés…

Hay algo de cierto en lo que dices, porque esto es una pared con la que nos damos quienes intentamos hacer periodismo de investigación, porque pese a lo que tu publiques, dando nombre de empresas y personajes, da la sensación de que no pasa nada, i que nada tiene consecuencias. En el caso de Wikileaks, se podría hablar de dos fases. Una primera con toda la investigación de los grandes medios de comunicación, donde está el papel del periodista para contextualizar la información en bruto. Eso es muy interesante y le da valor, aunque lo está perdiendo por responsabilidad nuestra, de los profesionales. Pero también es muy reveladora toda la información en bruto, el hecho de que todo mundo pueda tener acceso, no solo los periodistas. Hay que reconocer que muchos de los periódicos que colaboraron en las primeras filtraciones de Wikileaks, después fueron muy críticos con Julián Assange. Ahora, después de ver lo que está ocurriendo con el caso, algunos han vuelto a reconsiderar un poco su postura.

Lo ocurrido con Assange aparece como un montaje de la peor especie, urdido por los Estados Unidos de América, con la complicidad de Suecia, Inglaterra y otros…

El caso de Julián Assange es paradigmático, muy importante. Él es la cabeza visible, la epitome, pero detrás hay muchos periodistas y alertadores. Hay personas como Edward Snowden y, sobre todo Chelsea Manning, que acabó en la cárcel, la indultó Obama, y volvió a la cárcel porque no quiso declarar en contra de Assange. Un periodista no americano, australiano, que puede acabar siendo juzgado en EE.UU., condenado y acabar pudriéndose en la cárcel. Con ello, se está diciendo que los EE.UU., si hay alguien que les molesta en cualquier país del mundo, pueden ir a por él sin ningún tipo de reparo. Algo que nos atañe especialmente a todos y cada uno de los periodistas, y a cualquier ciudadano de cualquier lugar. Los cables son muy importantes para que trabajemos sobre ellos los periodistas. La semana pasada, ha salido un libro de una periodista argentina, que ha pasado mucho tiempo en México, Olga Wornat, sobre los años de plomo de Felipe Calderón, con el título de Felipe el Obscuro. Algunas informaciones que aparecen las vio confirmadas gracias a consultar estos cables, sobre todo de embajadas. En mi libro también ayudan a entender que les interesaba a los americanos, por ejemplo, de Cataluña, durante los últimos años.

La investigación que ha llevado a cabo abarca un amplio período de tiempo ¿Cuál es, a su juicio, lo más relevante de ella?

Quizá la impunidad con la que actúan los Estados Unidos. Si hablamos, por ejemplo, de Latinoamérica, ya la conocíamos. Siempre ingiriéndose en todo, trabajando en la sombra, pidiendo información a las legaciones diplomáticas incluso de empresarios, y monitoreando todo perfectamente. En el caso de la construcción de las centrales nucleares en Cataluña llama la atención la forma en que actuaban para que una empresa americana, la Westinghouse, se llevara el contrato, en detrimento de una compañía europea. También estaban muy bien informados de la política, no solo a través de dirigentes, sino que prácticamente se tenía una reverencia a la embajada en Madrid y al consulado en Barcelona y todo el mundo pasaba por allí a informar. Sin excluir, claro a la policía. Uno de los responsables de los Mossos d’Esquadra, cuando era consejero de interior Joan Saura, tenía a los americanos al día de todo lo que pasaba. Seguramente es mera coincidencia, pero no deja de tener cierto valor simbólico que el consulado de los EE.UU. en Barcelona se encuentre ubicado junto al palacete del Conde de Godó en Pedralbes. Y en la calle de arriba, vivían la infanta Cristina y Urdagarin.

Decía un activista contra el fraude fiscal, en una entrevista a EL TRIANGLE, que los paraísos fiscales están, en realidad, en el paseo de Gracia ¿Sale algo de esto en su investigación sobre Los Amos del Paseo de Gracia?

Es cierto. Mi relación agridulce con el Paseo de Gracia, empezó en 2011, cuando me estaba preparando para obtener el título de guía. Me sorprendía, a la hora de hacer un trabajo, que allí, en plena crisis económica, cuando mucha gente lo estaba pasando bastante mal, no hacían más que abrirse tiendas de lujo. Así intenté aunar esta parte de lujo con la más histórica. Se trata de una calle clave para entender la burguesía catalana. Cosa que ha evolucionado hacia una arteria internacionalizada, donde los grandes despachos se codean con las entidades de banca privada. Escándalos de corrupción, como el Caso Pretoria (cuyo nombre viene de los abogados, que tenía allí su despacho), acaban llevándote de algún modo al Paseo de Gracia.

¿Cómo engarza La orgía diplomática en este interés por la investigación que recorren tus libros?

Los consulados no se instalan en Nou Barris o La Mina, sino todo lo contrario. Barcelona es la tercera ciudad del mundo con mayor número de consulados, tras Nueva York y Hong Kong. Cosa que tiene un cierto poso histórico, porque los industriales catalanes comerciaban con ciudades que a veces les pedían hacer de representantes ¿Qué intereses tienen los consulados honorarios, que no cobran? Efectivamente, vas tirando del hilo y descubres que a veces hay intereses no muy confesables tras ellos. Nunca se había hablado de esto. La orgía diplomática fue muy importante para mí, porque fue puro periodismo de investigación. Es un libro duro, en el sentido de que hay muchas citas de fuentes, que he intentado evitar en Los amos del Paseo de Gracia, que es algo más ligero. Tuve dificultades, pese a que tuvo cierto eco. Muchos medios de comunicación no quisieron hablar de él. No sé si existe la justicia poética, pero al cabo de un tiempo, en diciembre pasado, me empezaron a enviar mensajes colegas periodistas y diciéndome que el tema había empezado a salir en prensa porque se había iniciado un proceso judicial contra tres cónsules en Barcelona por presuntos delitos, relacionados con el blanqueo de dinero y el tráfico de armas. Si el libro contribuyó a ello, bienvenido sea.

¿Has descubierto en tus investigaciones algún sustrato de una Barcelona canalla?

Por ejemplo, se sabe que el puerto de Barcelona fue a mediados del siglo XIX un lugar importante de tráfico de opio. En Barcelona, se consumían drogas, generalmente, primero en las clases altas. En las farmacias del Barrio Chino se podía comprar, por ejemplo, cocaína. En el museo del perfume, hay un frasco con una etiqueta que dice “cocaína en flor”. También ha proliferado la prostitución. Madame Petit fue uno de los burdeles más famosos de Europa. La Criolla… Durante la I Guerra Mundial, las grandes fortunas de París y Berlín venían a buscar diversión en Barcelona. Golfería que no solo se reducía al sexo y adláteres, sino que, por supuesto, se extendía al dinero… Aquí vinieron también fortunas y se hicieron grandes negocios. 

¿De algún modo, Barcelona también adquiere un perfil cosmopolita que nunca ha abandonado del todo?

Hubo momentos cosmopolitas muy importantes, en relación con eventos como la Exposición Universal de 1888, que puso a Barcelona en el mapa. Luego, con la Exposición de 1929 volvió a rebrotar el cosmopolitismo que, desde luego, tuvo su apogeo durante la Gran Guerra. Todo lo cual no tiene mucho que ver con la globalización actual, con fenómenos como el turismo. Desde los Juegos Olímpicos, Barcelona ha vivido un bum turístico, que necesita un replanteamiento, a la luz de fenómenos como la gentrificación, los alquileres… El Covid quizá puede ayudarnos a pensar en serio sobre la ciudad que queremos. Algo que no es fácil teniendo en cuenta el poder que detentan determinados grupos de interés, como es, por ejemplo, a nivel local, el caso de los hoteles. Y, sobre todo, a escala global, los fondos buitre, que se pueden ver en el Paseo de Gracia como metáfora, pero que han comprado edificios enteros para convertirlos en apartamentos de lujo, y solares en lugares como el [email protected], que actualmente acumula el 40% de las inversiones inmobiliarias.

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