El éxito de Vox y sus responsables

En unas elecciones democráticas -y aquí hace más de 40 años que volvemos a celebrarlas, por suerte-, el veredicto de las urnas es inapelable. Lo es siempre, a pesar de que no nos guste. Somos muchos los demócratas a quienes no nos gusta nada el gran éxito logrado por Vox en las elecciones del 10-N. Pero lo tenemos que respetar.

Respetar el contundente éxito electoral de Vox no implica estar de acuerdo con ellos, del mismo modo que acatar una sentencia no quiere decir compartirla. En los dos casos tenemos que respetar el veredicto pero podemos discrepar y, más allá, tenemos que buscar las causas más reales y profundas, para intentar evitar la repetición de un resultado que consideramos nocivo.

¿Por qué ha triunfado Vox, una formación política de ultraderecha, nacional-populista radical, xenófoba, racista, sexista, homòfoba, antieuropeista y partidaria del regreso a un españolismo unitario y uniforme? ¿Por qué Vox es ahora la tercera fuerza política en el Congreso de los Diputados? ¿Cuáles son las causas de su éxito? ¿Quienes son los responsables?

Nos tenemos que situar, en primer lugar, en el contexto histórico de una sociedad que ha vivido una de las más graves crisis económicas de la historia, con una larga serie de consecuencias sociales que todavía vivimos. Añadamos que, desde hace ya años, otras fuerzas políticas cuestionan nuestro sistema constitucional, aquello que de forma tan despectiva como impropia califican como "el régimen del 78".

En este caldo de cultivo, los partidos tradicionales de las derechas democráticas españolas -el PP como versión histórica, C's como nueva fuerza- han actuado con Vox de una manera insólita, incomprensible en clave europea: lo han aceptado como igual e incluso lo han blanqueado. El afán incontenible del PP y sobre todo de C's de tocar poder ha permitido que Vox se convirtiera en su socio en un buen número de comunidades autónomas y municipios de toda España. No ha habido cordón sanitario alrededor de Vox, y ahora tanto el PP cómo especialmente C's se duelen de ello porque son los responsables máximos del crecimiento espectacular de un partido que les come terreno electoral, después de haberlos conducido a una carrera sin fin hacia posiciones radicales.

En Catalunya ya hace años que hemos vivido una historia muy parecida en el campo del independentismo. En el extremo opuesto de Vox, las CUP -anticapitalistas, antieuropeistas y antisistémicas, nacional-populistas entre el anarquismo y la extrema izquierda- han marcado en muchos momentos la ruta a seguir por todas las fuerzas separatistas, que se han dejado y todavía se dejan arrastrar por una vía unilateral que desde un principio sabían que estaba condenada al fracaso, que conducía de manera inexorable a un gran sentimiento colectivo de frustración y que sólo podía tener consecuencias muy negativas para el conjunto de la ciudadanía de Catalunya.

Porque, entre otros razones, el gran triunfo electoral de Vox es consecuencia también de la deriva irracional emprendida por el grueso del secesionismo catalán. Ya hace demasiado tiempo que la sociedad catalana vive dividida, fracturada y enfrentada con ella misma, convertida en un espejo roto en mil pedazos. Porque los gobiernos de la Generalitat presididos por Artur Mas, Carles Puigdemont y Quim Torra no solamente no gestionan los problemas básicos de la sociedad catalana -los servicios públicos de salud, educación, bienestar social, infraestructuras…- sino que sólo gobiernan para los "suyos", para menos de la mitad de la ciudadanía catalana. Y todavía más: en Catalunya se ha generalizado y normalizado el uso frecuente de la violencia verbal y física como forma de actuación política, con la complicidad activa o cuando menos pasiva de nuestras administraciones públicas y sobre todo de los medios de comunicación que dependen de ellas.

El independentismo catalán es también, y en gran medida, responsable del triunfo electoral de Vox. Cada contenedor incendiado, cada carretera o autopista cortada, cada ataque verbal o físico contra cualquier discrepante, ha sido la causa de muchos votos a favor de Vox. También en Catalunya, donde, todo sea dicho de paso, las CUP y Vox han empatado en número de votos y de escaños.

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