¿Cuál es «esta Europa que no nos interesa»?

El catalanismo político, es decir la expresión de la catalanidad democrática, había sido siempre un movimiento de profundas convicciones europeístas. Este había sido siempre uno de sus principales rasgos característicos y definitorios. Cómo lo habían sido también su voluntad integradora e inclusiva, asumiendo plenamente la pluralidad y la diversidad creciente de la ciudadanía de Catalunya con todas sus consecuencias y, por lo tanto, rechazando cualquier tentación de exclusión. Parece que todo esto se ha acabado. Cuando menos si partimos de la base que hoy la expresión muy ampliamente mayoritaria del catalanismo político tiene su expresión a través del movimiento independentista, secesionista o separatista, que rompe con una larga tradición histórica y adopta unas posiciones que en muchos aspectos son radicalmente contrarias a esta tradición. Tanto en cuanto a la voluntad integradora e inclusiva, a la asunción de la pluralidad y la diversidad internas y al rechazo de cualquier clase de exclusión, como una irrenunciable convicción europeísta.

Avezados cómo estamos, tan lamentablemente, a las constantes salidas de tono hechas por Carles Puigdemont y buena parte de sus seguidores más incondicionales, nada ya no nos tendría que sorprender. Personalmente, sin embargo, y a pesar de mi edad, todavía no he perdido mi capacidad de sorpresa. Tampoco he perdido todavía, por suerte, mi capacidad de indignación. Y de sorpresa e indignación han sido mis reacciones a una frase de Puigdemont: "Esta no es la Europa que nos interesa". Esta ha sido la respuesta extemporánea de quién huyó de la justicia española -hay que recordar que dejando colgados y con un palmo de narices a casi todos los miembros de su gobierno, desde su vicepresidente hasta muchos consejeros y gran número de altos cargos- una vez se le han cerrado las puertas del Parlamento Europeo, en Estrasburgo -donde, justo es decirlo, también dejó colgados y con un palmo de nariz a los miles de ciudadanos de Catalunya que se desplazaron para apoyarle, pero que no pudieron verlo en directo porque el hombre de Waterloo temió que, si pisaba territorio francés, podía ser detenido y extraditado a España.

Elegido democráticamente y con un gran apoyo como diputado europeo, Puigdemont, como su inseparable escudero Toni Comín, no ha podido tomar posesión de su acta ni sentarse en su escaño en el Parlamento Europeo por una razón muy sencilla: para hacerlo les era imprescindible haber jurado o prometido la vigente Constitución española ante la Junta Electoral Central, en Madrid, donde ambos habrían sido detenidos y encarcelados. Oriol Junqueras, también eurodiputado electo, tampoco ha podido acceder plenamente a su condición porque está en prisión provisional desde hace muchos meses, ahora ya a la espera de la sentencia del Tribunal Supremo.

Carles Puigdemont nos dice que "esta no es la Europa que nos interesa", pero aquello que nos dice en realidad es que esta no es la Europa que le interesa, a él, y quizás tampoco a sus seguidores más radicales. Esta no es la Europa que interesa a los "brexiters" como Nigel Farage o Boris Johnson, ni a Matteo Salvini -sí, aquel líder de la Liga Norte y ahora ministro italiano del Interior que años atrás venía a Catalunya a apoyar al secesionismo y en Italia lucía la estelada o un lazo o una camiseta de color amarillo-, ni a la ultraderechista francesa Marine Le Pen, ni tampoco al líder iliberal húngaro Víktor Orban, entre tantos otros. En realidad, todos los ultranacionalistas europeos siempre han sido antieuropeistas radicales. También lo son todos los iliberales, tanto los de derechas como los de izquierdas, que muy a menudo coinciden en el uso y el abuso de todo tipo de prácticas políticas nacional-populistas.

Esto es lo que más me indigna, pero en realidad no me tendría que sorprender nada de la frase ya mencionada de Carles Puigdemont. Porque tanto él cómo casi todo el secesionismo catalán actual, como casi todos sus antecedentes históricos, es la expresión del ultranacional-populismo iliberal europeo, tan bien visto por la Rusia de Putin cómo por los Estados Unidos de Trump porque es antieuropeista.

Renegando de la tan antigua y profunda tradición europeísta del catalanismo político, el movimiento independentista catalán actual se alinea con los sectores políticos europeos más reaccionarios. Inconscientes e irresponsables cómo son, quizás no se han dado cuenta aun que "esta Europa" -sí, la de la Unión Europea actual, la que quiere avanzar hacia un federalismo continental- es "la que nos interesa".

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