Barcelona tiene poder

Cataluña no puede comprenderse sin Barcelona. No es posible tampoco concebir un proyecto de futuro para Cataluña que no pase por potenciar las capacidades de Barcelona como motor cultural, social, económico y tecnológico del país.

Al hablar sobre el futuro de Cataluña y España, hay una sensación común en todas las opiniones: la incertidumbre y desilusión por el momento sociopolítico, cultural y económico que vivimos. Por ello urge desarrollar una voluntad de cambio capaz de superar el recelo entre las instituciones que ha existido en muchas ocasiones y es necesario hacerlo en el sentido de una gobernanza cooperativa que permita a todas las administraciones coordinar esfuerzos y definir objetivos comunes. Una gobernanza metropolitana que suponga una mayor calidad democrática, que permita aumentar la confianza ciudadana en sus instituciones de gobierno, favorecer la convivencia, la inclusión social y la creación de riqueza.

Barcelona necesita una estrategia que frene la regresión que padece y nos devuelva la ciudad entendida en su dimensión metropolitana, inmersa en la red nodal de ciudades globales en la que se definan las líneas de progreso y se impulse el crecimiento. Es asimismo necesario definir esa estrategia como un proyecto de país que al desarrollarse arrastra, no sólo al territorio del Área Metropolitana (AMB) en su dimensión actual, sino a toda Catalunya con un importante reflejo también en el resto de España.

La futura Metrópolis Barcelona a construir ha de ser aquella en el que la aspiración a vivir razonablemente feliz sea algo más que una quimera y en el que hacer posible esa razonable felicidad sea la obligada aspiración de los gobernantes de la AMB, de los municipios que la componen y de las administraciones de la Generalitat y del Estado.

Planteamos, en consecuencia, la necesidad de proyectos que compartan una profunda sensibilidad social, que sean inclusivos y apuesten por crear nuevas oportunidades, que pretendan mejorar las condiciones de vida y de trabajo de los ciudadanos, que asuman una profunda radicalidad democrática y planteen de forma decidida la participación ciudadana, que crean en la cooperación y la solidaridad territorial y que propongan la elección directa de los organismos de gobernanza metropolitanos, en especial de su alcalde-presidente.

Por otra parte, vivimos un momento en el que la posibilidad de una energía no contaminante y suficiente se ha hecho real, en la que las ciencias de la salud avanzan día a día, en el que nuevos medios de transporte colectivo e individual no contaminantes se desarrollan continuamente y vivimos también, y fundamentalmente, en un mundo en el que el talento y la creatividad se han convertido en los principales creadores de riqueza.

Por ello parece posible reconvertir Barcelona y los municipios del área metropolitana en un espacio estratégico, de funciones muy concretas y servicios especializados, donde las distintas instituciones, el sector privado y la ciudadanía caminen en la misma dirección, situando de nuevo a Barcelona en el escenario internacional de la red de ciudades globales, proyectándola como un área privilegiada para el flujo de información e ideas, oportunidades económicas, potenciación del talento y desarrollo de la cultura, el arte y las empresas.

En este sentido, resulta imprescindible redefinir las políticas en los diferentes ámbitos concretos de actividad. Así a nivel social, aplicando políticas y recursos dirigidos por una sola Administración para hacer frente al riesgo de exclusión social; respecto a la vivienda, definiendo un único plan para los 36 municipios maximizando el número de viviendas destinadas a alquiler social. Repensar el transporte público hacia una auténtica Autoridad del Transporte Metropolitano y en relación al medio ambiente reforzando la idea de la autoridad única para la gestión del ciclo del agua y los residuos a nivel metropolitano.

En el camino hacia esa Ciudad Global Barcelona, hay mucho que aprender de quienes han sabido alcanzar cotas significativas de éxito, como es el caso de Singapur, que ha basado su éxito en el uso equilibrado de la geografía, siendo una de las rutas marítimas con mayor volumen de tráfico, y que, gracias a la gobernanza, se ha convertido en el primer puerto del mundo en volumen de mercancías; o Londres, ciudad que ha realizado un proceso de transformación convirtiéndola actualmente en la capital de la cultura, el arte, los servicios y las finanzas, siendo la segunda plaza financiera del mundo y la primera como lugar preferido para trabajar.

Barcelona tiene que volver a ser líder y referente dentro de las ciudades globales, y eso es posible ya que de sus muchas virtudes y cualidades, donde Barcelona destaca es en ser una ciudad a escala humana, diseñada con un trazado urbano pensado para la dinámica participativa y la calidad de vida de sus habitantes. Es cierto que hay mucho por hacer, pero también es cierto que contamos con los recursos necesarios para reconstruir la civilidad y la convivencia. Hoy estamos a tiempo, pero no podemos olvidar, sin embargo, que el tiempo es cruel para quienes se demoran en tomar el camino correcto.

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