«No es posible avanzar, si no se tiene a Europa como destino federal»

Entrevista a Joan Coscubiela
Joan Coscubiela
Joan Coscubiela

Abogado laboralista. Profesor del Derecho del trabajo en la Universidad Autónoma de Barcelona y ESADE. Fue secretario general de CC.OO. de Cataluña, diputado por ICV y portavoz de CSQ, en el Parlamento de Cataluña. Autor de “Empantanados” (Editorial Península). Deportista y enamorado de la naturaleza

¿Qué es esto del federalismo, que el pasado día 6, fue sometido a debate, con su participación, en el Encuentro Por una España federal en una Europa Federal de L’Hospitalet?

Este acto fue muy significativo porque, por primera vez, se producía un encuentro de federalistas de toda España, poniendo de manifiesto que esa realidad existe, aunque no esté articulada políticamente. Y quedó, de manera muy clara, que el federalismo es, sobre todo, una cultura. Una cultura política que apuesta por la cooperación, por la fraternidad, por la solidaridad como forma de relación y valor social, más allá de una manera de organizar políticamente el Estado.

¿Por qué la derecha española ha venido interpretando el federalismo como ruptura cuando, en buena ley, significa justamente lo contrario?

El federalismo, sin duda, nace como una cultura política que tiene la clara virtud de unificar esfuerzos, cooperar entre personas y estructuras políticas. Y la cooperación siempre es unión. Lo opuesto a la competitividad, que genera desunión. La derecha española es hija del nacionalismo castellano, un nacionalismo débil, acomplejado, que no asume la existencia de la diversidad en España. Eso le lleva a ser agresivo con todo lo que no es la esencia que representa. El federalismo, sin embargo, tiene la virtud de ser capaz de ofrecer una respuesta al reto que tiene planteado España y también Europa.

Se decía en el Encuentro de L’Hospitalet que hay mucha gente que es federalista sin saberlo ¿Qué falta para que este” ser en sí” se traduzca en un “ser para sí”, que diría Sartre?

El federalismo ha sido una cultura política que no ha tenido quien la represente, de manera clara. Ha sido reconocida a nivel social, a través de entidades como “Federalistes”, pero no a escala política. El debate de Cataluña con España ha marcado muy a la defensiva las posiciones del conjunto del Estado. El federalismo se entendería más si, en vez de referirse a él como superestructura política, se hablara de las cosas concretas del día a día. Por ejemplo, si se explicara que el federalismo permite garantizar la igualdad de los ciudadanos y, al mismo tiempo, tratar la diversidad de las estructuras sociales y de las comunidades políticas. O que el federalismo es una cultura que permite abordar la distribución de competencias, no de manera burocrática, entre poderes, sino buscando la eficiencia social ¿Dónde es mejor que se gestionen las competencias de la educación infantil? En muchos países se dice que a nivel local ¿Y en materia de política sanitaria? En algunos lugares, se plantea a escala infra-estatal, como así se denomina en Europa ¿Cómo es mejor para los trabajadores abordar las competencias en materia laboral, fiscal, económica? ¿En espacios pequeños o en grandes, que sean capaces de plantar cara a al capitalismo financiero? Parece, cada vez más ,que hay que hacerlo en grandes espacios. Y esta sería una opción para el federalismo europeo.

¿Compite el federalismo en desigualdad de condiciones con la identitarismo y similares, tan en boga en Cataluña y otros lugares?

El federalismo, en la medida en que no apuesta por lo que en estos momentos es un vector con mucha fuerza (que es ir a buscar la identidad primigenia del ser humano, en la familia, tribu, religión, nación) va un poco contracorriente. Todas las identidades tienen un componente emocional y eso no es malo, por definición. Lo que ocurre es que en un mundo tan globalizado como éste cuanto más se buscan identidades pequeñas, cerradas, excluyentes y contrapuestas a otras identidades menos futuro tienen.

El lema Encuentro de L’Hospitalet aludía, sin complejos, a España ¿Por qué se elude en Cataluña la referencia a España sino es para mal y, en ocasiones, se sustituye por eufemismos como “Estado”?

De la misma manera que España no reconoce la existencia de una pluralidad de naciones, en Cataluña se niega la existencia de esa nación que es España. Es una negación mutua. Es estúpido porque, en definitiva, la nación no es más que una construcción ideológica de una comunidad, que se considera así, por vínculos, valores, principios… La nación ha sido un momento importante en la historia de la Humanidad, muy vinculado al desarrollo de la industrialización y al papel del Estado-Nación. Eso de que la nación solo es positiva si es la mía y no la de los otros tiene mucho que ver con el tribalismo que tenemos los humanos, que es anterior a la nación.

Sostienen algunos académicos que el Estado de las Autonomías es un modelo federal ¿Qué opinión te merece esto?

España no es un Estado federal. Otra cosa es que tenga unos niveles muy importantes de descentralización política, en algunos casos asimilables a los de algunos países federales. Pero un Estado federal es algo más que un elemento de descentralización. Es una manera de articular el Estado en que existen unidades políticas que se reconocen mutuamente, pero que cuenta también con un espacio común. El Estado de las Autonomías, tal como se ha ido desarrollando, ha ido en dirección contraria. Empezó siendo un libro por escribir en la Constitución de 1978 y arrastra varios problemas. Entre ellos, que con un nivel de competencias muy abierto y a veces contradictorio, la política acabó subcontratándose al Tribunal Constitucional. Otro problema es que, en estos momentos, no hay ninguna fuerza política que tenga un modelo de Estado. Los partidos se han movido en términos absolutamente tácticos.

Y, en tercer lugar, la relación entre comunidades autónomas no se plantea en términos de cooperación y con el Estado central, sino como agravio comparativo. Este modelo está absolutamente agotado, con lo cual resulta mprescindible pararse un momento y abordar las reformas necesarias que exige nuestra Constitución.

¿A que achaca esta inercia a la indefinición del modelo de Estado en las fuerzas políticas?

La Constitución contempla el desarrollo de un Estado asimétrico. Reconoce las autonomías y las nacionalidades, lo que significa una clara vocación asimétrica. En sus inicios, esto se rompe con el planteamiento que se hace desde Andalucía para pasar de la llamada vía lenta a la rápida. Ahí aparece algo del agravio comparativo. Luego viene todo un intento de freno, a través de la LOAPA que, a pesar de ser declarada anticonstitucional, acabó imponiéndose. A partir de este momento, el desarrollo del Estado autonómico va en función de los acuerdos de los partidos estatales (que gobiernan sin mayoría absoluta y necesitan apoyos) con Convergencia y Unió y el Partido Nacionalista Vasco. Este modelo en materia de financiación es doblemente perverso porque contempla una alta descentralización en las políticas de gasto y nula capacidad en la obtención de recursos. Esto cambia, de manera completamente tortuosa, con el primer acuerdo entre Felipe González y Jordi Pujol, en el que se contempla transferir a Cataluña el 15% del IRPF. A lo que el PP responde, en desbandada, acusando al PSOE de “romper España”. Poco después, Aznar concierta un segundo acuerdo, en el que ese 15% se sube al 30%. Entonces, las CC.AA., del Partido Socialista se ponen en contra. Así, se llega a la denominada “Fórmula Camps”, que sigue vigente, y dice que el País Valenciano tendrá todo aquello que consiga otro Estatuto de Autonomía. Lo cual es la antítesis del autogobierno porque, en vez de asumir la responsabilidad de las cosas, se entra en la dinámica del agravio comparativo. Todo esto pone de manifiesto que, en sí mismo, más allá del conflicto catalán, que la reforma es necesaria y urgente.

Nicolás Sartorius, presidente de la recién creada Asociación por una España Federal, planteó en el L´Hospitalet la necesidad de vincular el federalismo al desarrollo social ¿Podría este principio obstaculizar la necesaria ampliación de la base social del federalismo?

La Constitución española, como otras, contempla para su reforma mayorías cualificadas. Cosa que, en nuestro caso, tiene que implicar a la derecha. Y tenemos una derecha refractaria a cualquier reconocimiento de la diversidad, que aparece como un nacionalismo, en el fondo débil, con escasa empatía. Lo cual no lleva a utilizar la recomendación de Josep Fontana, cuando decía que cuando las grandes cosas no están al alcance de la mano hay que actuar en lo pequeño. En micro-batallas en las que pueden existir correlaciones de fuerzas más favorables. El federalismo, cuando apuesta por la cooperación, es portador de valor con mucha fuerza social.

¿Y la Europa federal?

En Europa, hay un proyecto disforme, en construcción, que exige cambios urgentes, por ejemplo, en el terreno del federalismo fiscal. En un mundo en que las élites de los Estado se sienten atacadas en su soberanía por los procesos de descentralización, de los mercados de capitales…, Europa aparece como enemigo. Hay que ser capaces de establecer una nueva utopía europea, porque no es posible avanzar si no se tiene a Europa como destino federal.

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