Perdiendo apoyos en el mundo

El gobierno del Partido Popular le ha ofrecido al presidente de la Generalitat que explique en el Congreso su propuesta de referéndum sobre la independencia de Cataluña. Carles Puigdemont se ha negado. Cuesta entenderlo.

El argumento del presidente catalán para negarse a exponer sus razones en el Congreso es que no le ve sentido antes de que se llegue a un acuerdo con el gobierno español sobre la consulta.

En este debate, como en muchos otros, los partidarios de una iniciativa se ponen del lado de quien la lidera, diga lo que diga. Por ello, los partidarios del proceso y de la independencia de Cataluña han dado por buenas las explicaciones de Puigdemont. Cualquier analista objetivo, sin embargo, resaltará su absurdidad.

Los líderes del independentismo han hecho y hacen todos los esfuerzos posibles para que la comunidad internacional se ponga a su lado aduciendo que lo único que quieren los catalanes es votar y que esto va de democracia y nada más. Negarse a dar explicaciones en el Congreso, el órgano que representa por excelencia la democracia en España es dilapidar buena parte de estos esfuerzos.

Entendemos por democracia el sistema político basado en la soberanía de los ciudadanos, que eligen y controlan a sus representantes. Si Puigdemont se niega a explicar en el Congreso de los Diputados su proyecto no puede luego pretender la solidaridad de otras democracias. Cuando se la quiera pedir si el Gobierno español impide la celebración de un referéndum de independencia, le reprocharán que él no quiso defenderlo ante los representantes electos de la democracia española.

En mi opinión, la suya ha sido una respuesta infantil, improvisada y mal asesorada. Un presidente de la Generalitat defendiendo en el Congreso el referéndum por la independencia de Cataluña es una imagen muy potente, uno de esos «momentos históricos» que tanto gustan a los procesistas y a los que titulan las noticias de los informativos. Además, no sería raro que se montara un buen follón en el Congreso, conociendo el talante del grupo popular. Y esto supondría simpatías y votos para la causa de los independentistas.

Yo si fuera Puigdemont, me lo replantearía.

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