El lado equivocado de la historia

Hay que entender que, llegados a este punto de la historia, el principal enemigo que tienen los independentistas catalanes no es Madrid: es Bruselas y, de manera más específica, los tres grandes estados -Alemania, Francia e Italia- que vertebran la Unión Europea.

La razón es evidente: establecer el precedente jurídico que un parlamento «regional» puede decidir y consumar la escisión del Estado del cual forma parte es una bomba de relojería que puede hacer saltar por los aires toda la delicada y laboriosa arquitectura que sustenta el proceso de construcción del edificio europeo, del cual ahora se han conmemorado los 60 años.

Por el lado de Bruselas, la pretensión de organizar un referéndum de independencia en Cataluña no tiene ni tendrá ningún tipo de complicidad. Al contrario, merece un rechazo frontal. Es un problema añadido que amenaza de extenderse a otras «regiones» históricas –¡en el mapa medieval había un montón!- que pueden tener la tentación de seguir el mismo camino.

A todos nos gusta ir con euros en los bolsillos y no tener que cambiar la moneda cada vez que viajamos a Francia, a Holanda, a Italia o a Austria. Disponer de un pasaporte que te permite ir de Barcelona hasta Suecia sin hacer engorrosas colas en las fronteras que cruzamos y formar parte de la entidad geopolítica y geoeconómica más próspera, más libre y más democrática del mundo da seguridad y es motivo de orgullo.

Cataluña, en el siglo XXI, sólo tiene una ventana de oportunidad para aspirar a ser independiente: la destrucción de la Unión Europea y, concretamente, la fractura del bloque Francia/Alemania, alrededor del cual se ha estructurado y desplegado en las últimas décadas el proyecto comunitario. Conociendo la terrible devastación provocada por las guerras napoleónicas, la guerra franco-prusiana, la I Guerra Mundial y la II Guerra Mundial parece inverosímil que podamos especular con un nuevo episodio de ruptura y de enfrentamiento entre Berlín y París.

Pero este próximo domingo, 7 de mayo, hay la segunda vuelta de las presidenciales de Francia. Un hipotético triunfo en las urnas de la candidata Marine Le Pen, que aboga abiertamente por acabar con el proceso de construcción europea, por la restitución de las fronteras y la reimplantación de una moneda propia, provocaría un descalabro colosal en la Unión Europea que podría acabar con su autodestrucción.

Cataluña conformó su identidad histórica en las postrimerías del siglo IX, gracias a las disputas dinásticas intestinas que provocaron el derrumbamiento del Imperio Carolingio, el antecedente de la actual Unión Europea. Han pasado más de mil años, pero el paralelismo es evidente… y escalofriante. Los independentistas no lo saben -y si lo saben, no lo dicen-, pero su gran esperanza es… ¡la victoria de Marine Le Pen!

Sólo en el escenario de una Europa en fase de decadencia y descomposición –como hace más de mil años- los partidarios de la secesión de Cataluña tendrían la brecha para repetir la desobediencia de Guifré el Pilós que dio pie a la consolidación de una entidad jurídica independiente a partir de los viejos condados pirenaicos. Hoy, como hace más de mil años, la Unión Europea está asediada. No por la presión de los sarracenos, como entonces, sino por la extraña y potente alianza de intereses que han conformado los Estados Unidos de Donald Trump, el Reino Unido de Theresa May, la Rusia de Vladimir Putin y la Turquía de Recep Tayyip Erdogan.

No deja de ser altamente simbólico que en los mítines electorales del candidato Emmanuel Macron ondee la bandera estrellada de la Unión Europea. No es sólo Francia: el futuro de los 500 millones de europeos se juega este próximo domingo. Paradojas de la geopolítica: a los independentistas catalanes –como pasó con Hitler en la II Guerra Mundial- les beneficiaría un triunfo de Marine Le Pen.

Demasiado a menudo, Cataluña ha estado en el lado equivocado de la historia, y este es uno de nuestros trágicos errores que el presidente Josep Tarradellas intentó corregir. Ahora, desde la kermesse de Arenys de Munt y los líos judiciales del clan Pujol, volvemos a estar en esta tesitura.

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