El método Figner

Bluesky
Añade EL TRIANGLE como favorito en Google

Hay gente que dice que las casualidades no existen, así que he buscado y rebuscado hasta encontrar la razón que explica el hecho de haber conocido a un antiguo alumno serbio de Vladímir Voinóvich justo cuando me estoy leyendo su libro más famoso e irreverente: Vida e insólitas aventuras del soldado Iván Chonkin. Aprovecho para recomendarlo porque es muy divertido y no sólo como mordaz crítica de la sociedad soviética, porque todo lo absurdo que se explica en sus páginas sirve tanto para ahora como para 1974, cuando la obra se publicó en París y se tuvo que leer de forma clandestina en la URSS hasta después de la Perestroika.

La historia de Voinóvich, todavía vivo y muy activo intelectualmente a pesar de sus 84 años, me ha fascinado porque si no hubiera sido por él –y también por Semión Lipkin y Andréi Sajárov- nunca habría podido leer Vida y destino del maestro Vassili Grossman. La obra más impresionante sobre la infamia nazi –con el permiso de Primo Levi- pasa hoy desapercibida en las estanterías de las librerías, pero esconde una historia digna de ser recordada. Grossman murió de cáncer en 1964 convencido de que su libro no se publicaría nunca y le regaló una copia a Lipkin. Los amigos Lipkin y Sajárov la microfilmaron y le pasaron la película a Voinóvich, que la guardó como un tesoro y la sacó del país cuando fue expulsado de la URSS por disidente en 1980.

Pero Voinóvich no resulta relevante sólo por haberme bridando la oportunidad de conocer la obra de Vassili Grossman. También recuperó del olvido la increíble historia de la rusa Vera Figner, revolucionaria visionaria, anarquista romántica y precursora del feminismo mal llamado radical del siglo XX. Figner, muerta hace 74 años, fue una de las fundadoras del grupo terrorista Voluntad Popular y una de las responsables del atentado que acabó con la vida del despótico zar Alejandro II. A pesar de ser hija de la aristocracia, renunció a marido, hijos y otros convencionalismos de la época para poder estudiar en la universidad y, frustrada porque los cambios sociales no llegaban nunca, optó por la acción directa.

Entre mis múltiples aptitudes profesionales desarrolladas durante la época de esclavitud laboral como autónoma no figura la de hablar con el más allá. Sin embargo, si fuera médium no dudaría en buscar el espíritu de la Figner en alguna realidad paralela para mantener una agradable conversación. Después de las presentaciones formales, le preguntaría qué le parece que en el año 2016 sigan muriendo mujeres a manos de los hombres y que los malos tratos sigan siendo tolerados por una sociedad que continúa pensando que es normal lavar la ropa sucia en casa. Seguramente, me aconsejaría que aplicase el método Figner porque ninguna agresión puede quedar nunca sin respuesta.

Probablemente Vera también coincidiría con mi amiga Fátima, quien cada vez que aparece un nuevo caso de mujer asesinada remarca que esto no pasaría si todas llevásemos una pistola en el bolso. Yo no he llevado nunca pistola, pero sí que llevé un tiempo una navaja de bandolero para defenderme de un violador que corría por el campus de Bellaterra y que hizo estragos sin que nadie hiciera nada para atraparlo. Quizás si nos autodeterminásemos de la dependencia emocional de los hombres de una puñetera vez, hoy no tendríamos que llorar la muerte de otra mujer a manos de un malnacido psicópata. Quizás si aplicásemos en defensa propia y de forma preventiva el mismo método que la Vera utilizó con el zar, hoy celebraríamos la desaparición de una mala bestia.

Aunque sorprenda, ni me ha poseído el espíritu de la Vera Figner redescubierta gracias a Voinóvich ni me ha abandonado del todo el espíritu navideño, pero tal como están las cosas y con la mala pinta que hace el 2017 no descarto nada. ¡Y ya está bien de artículos diciendo lo mala persona que era el malnacido psicópata! Si llegó donde llegó fue gracias a la espiral de silencio de décadas tanto de políticos como de periodistas. Todos hombres.

(Visited 34 times, 1 visits today)

HOY DESTACAMOS

Deja un comentario