Qué tenemos que hacer con el negrero?

El Ayuntamiento de Ada Colau opta, de momento, por mantener el monumento dedicado al magnate Antonio López y López
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Después de la penosa polémica que rodeó la ominosa exhibición, durante más de 80 años, del cuerpo de un bosquimano disecado en el Museo Darder de Banyoles, Cataluña vuelve a enfrentarse a una de las páginas más siniestras de nuestro pasado: la relación de la gran burguesía que protagonizó la industrialización del país con la acumulación de capital obtenido gracias al tráfico de esclavos africanos en América, comercio que fue prohibido en 1820 pero que muchos avispados continuaron haciendo ilegalmente durante muchos años.

El empresario Antonio López y López -una de las fortunas más importantes de la Cataluña del siglo XIX- hizo montañas de dinero con esta execrable actividad. Esto lo convirtió en un magnate que, desde Barcelona, dejó una fuerte impronta en España. La denuncia, en 1991, del médico haitiano Alphonse Arcelin contra la exhibición del negro de Banyoles acabó, en el 2000, con su retirada del Museo Darder y el posterior traslado de sus despojos a su tierra natal, Botsuana, donde fue enterrado en 2007 con todos los honores. Pero la estatua de Antonio López, erigida por el Ayuntamiento de Barcelona en 1884, continúa ocupando su privilegiado emplazamiento, a comienzos de la Vía Laietana.

Este monumento fue muy controvertido desde sus inicios. Los barcos de la Transatlántica, la compañía naviera fundada por Antonio López, tenían el monopolio del traslado de tropas en la Cuba insurrecta y en Marruecos que provocaban la exasperación de las clases populares, puesto que los jóvenes de buena casa se liberaban de ir a la guerra. Por eso, el semanario La Campana de Gràcia encabezó una campaña contra la construcción de este monumento. Además, Antonio López fue uno de los conspiradores más activos contra la I República y gran promotor de la restauración monárquica de Alfonso XII, que lo distinguió con el título nobiliario de marqués de Comillas.

En el año 1936, al estallar la sublevación del general Franco contra la II República, militantes de la CNT destruyeron la estatua del Negro Domingo (mote de Antonio López) para hacer munición. Después de la ocupación fascista de Barcelona, una de las medidas que tomó el nuevo Ayuntamiento fue la reconstrucción del monumento a Antonio López, encargada al escultor Frederic Marino, que fue reinaugurado por segunda vez en 1944. 

Organizaciones como SOS Racismo, UGT, CCOO, EUiA… han reclamado en los últimos años que la escultura de este traficante de esclavos desaparezca del paisaje urbano de Barcelona. En balde. Los alcaldes que han gobernado la Casa Grande desde el año 1979 optaron por mantener el monumento de este magnate y también el nombre de la plaza que tiene dedicada. Hasta que la CUP-Capgirem ha decidido reabrir esta vieja batalla, que entronca directamente con las pulsiones regeneracionistas de la I y la II República.

En la moción presentada en el último pleno municipal donde se pedía la eliminación del emblemático monumento a Colón -que ha hecho correr ríos de tinta- los anticapitalistas también reclamaban la desaparición de la estatua dedicada al Negro Domingo. De manera sorpresiva, la alcaldesa Ada Colau; el primer teniente de alcalde, Gerardo Pisarello, y el comisionado de Programas de Memoria, Ricard Viñas, están predispuestos a amnistiar este monumento. Como mucho, valoran cambiar el nombre de la plaza dedicada a Antonio López y contextualizar la escultura reconstruida al acabar la Guerra Civil por Frederic Marino que, todo sea dicho, es muy vulgar.

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