El 16 de marzo pasado, en una operación contra el narcotráfico, la policía argentina registró la casa de Patricio Daniel Gorosito, empresario y directivo de clubes de fútbol, considerado uno de los jefes, junto con el abogado Carlos Salvatore, de una de las bandas de traficantes de cocaína más importante de Argentina, desde donde inundaban Europa de polvo blanco o, mejor dicho, de polvo negro, porqué solían camuflar la droga dentro de sacos de carbón vegetal.
Gorosito estaba en situación de arresto domiciliario a la espera de juicio desde marzo de 2012, cuando fue extraditado a Argentina, precisamente procedente de Barcelona, donde la policía española le había detenido, acusado de formar parte de un grupo de narcotraficantes que introducían cargamentos de cocaína en Europa a través del puerto de Lisboa. El 10 de junio pasado comenzó el juicio contra Gorosito, así como contra otros cuatro miembros de su grupo, en un juzgado de la ciudad argentina de Resistencia.
El narco argentino se sentía atraído por la capital catalana y por una de sus entidades, el FC Barcelona, con el que había firmado unos años antes un acuerdo de colaboración cuando presidía el Real Arroyo Seco, un club de fútbol de la ciudad de Arroyo Seco, ubicada a 32 kilómetros de Rosario, donde nació Lionel Messi.
El 4 de octubre de 2006, Patricio Gorosito y Joan Laporta firmaron en la ciudad deportiva del Real Arroyo Seco un protocolo de colaboración por el que el Barça se comprometía a aportar 300.000 euros para la construcción de un centro educacional y deportivo para niños con carencias. Los dos presidentes se intercambiaron camisetas: Laporta le regaló una azulgrana con el nombre de Gorosito y, este último, le entregó otra naranja del Real Arroyo Seco con la publicidad de Katrine, una cadena de restaurantes locales.
En esta expedición a Argentina, Laporta iba acompañado por su prima Marta Segú Estruch, entonces directora de proyectos internacionales de la Fundación FC Barcelona; por el director deportivo, Txiki Beguiristan -ahora en el Manchester City- y por el directivo Albert Perrín, que aspira a volver a la junta del Barça en el caso de que Laporta se imponga en las elecciones de este 18 de julio. Laporta y Gorosito se fotografiaron plantando un árbol como símbolo de la colaboración entre sus clubes.
«Un granito de arena»
«La idea es aportar un granito de arena a nuestro propósito, que es el de tener una sociedad mejor y más justa». Eso dijo Laporta a los periodistas argentinos que asistieron a la colocación de la primera piedra del «centro educacional y deportivo para niños necesitados», tal y como relata una crónica del diario La Nación, de la ciudad de Rosario.
Según las investigaciones policiales, en aquel tiempo, cuando se firmó el acuerdo de colaboración entre el Barça y el Real Arroyo Seco, Gorosito hacía años que se dedicaba al lucrativo negocio del narcotráfico, con el que ganó tanto dinero que creó este club de fútbol y una moderna ciudad deportiva. El fútbol le sirvió para hacer amigos poderosos, convertirse en un personaje famoso y, por otra parte, supuestamente, le permitía blanquear las ganancias de sus actividades ilícitas.
Un club surgido de la nada
Gorosito se había empeñado tiempo atrás en hacerse un nombre en el mundo del fútbol. En 2002, se presentó a las elecciones a la presidencia del Atlético Arroyo Seco, el club de sus amores, donde jugaban sus hijos, pero las perdió por media docena de votos y, enfurecido, decidió crear de la nada un nuevo equipo de fútbol, el Real Arroyo Seco.
Un proyecto faraónico: no sólo fundó un club, sino que levantó un complejo deportivo en unos terrenos de 21 hectáreas, con 7 campos de fútbol profesionales, uno de los cuales disponía de gradas con 12.000 sillas de plástico, edificios de servicios y un hotel de cuatro estrellas que edificó Constructora Deportiva SA, propiedad de Genaro Aversa, yerno del difunto Julio Grondona, fallecido en julio del año pasado, que fue presidente de la Asociación de Fútbol Argentino (AFA) y vicepresidente de la FIFA.
Gracias a su talonario de cheques y la influencia de Grondona, Gorosito fichó buenos jugadores y llegó a disputar la final del Torneo Argentino A, equivalente a la tercera categoría de la liga. Incluso, alquiló el campo en el club Tiro Federal de Rosario la temporada 2005-2006 que jugó en la primera división argentina. Eran los tiempos de esplendor, cuando Gorosito preparaba asados a Grondona y a Laporta.
Messi se recupera
Cuando Lionel Messi se lesionó en el bíceps femoral en un partido de Champions ante el Celtic de Glasgow, el 4 de marzo de 2008, estuvo un mes y medio de baja y realizó una estancia de recuperación en Argentina, precisamente en las instalaciones del Real Arroyo Seco, situadas cerca de la residencia familiar de Messi, en la urbanización Azahares de Paraná de la ciudad de Rosario. Los padres de Messi ya conocían este complejo porque, precisamente, acompañaron a Laporta y Gorosito cuando plantaron el árbol.
Unos meses después, en junio de 2008, Gorosito vendió este complejo deportivo a Rosario Central, club de fútbol de la primera división argentina, por 16,1 millones de dólares. En cuatro años, había creado un club de fútbol, había levantado una ciudad deportiva y se lo había vendido todo, pero estaba decidido a continuar su aventura futbolística.
Gorosito se estableció en el norte de Argentina, en Sancho Corral, una localidad de poco más de 6.000 habitantes de la provincia de Santiago del Estero y desembarcó en el Atlético Mitre, el principal club de aquella provincia, del cual ejercía de manager en la sombra. Según explica La Nación, Gorosito «vendía sus contactos con Grondona», operaba en la compraventa de futbolistas y, además, supuestamente, el fútbol le permitía blanquear los beneficios del narcotráfico.
La policía lo vincula a la actividad de la empresa Carbón Vegetal del Litoral, con sede en Quitilipi, ciudad de la vecina provincia de Chaco, que exportaba carbón a Portugal y a España desde el puerto de Buenos Aires. En julio de 2010, la policía detectó una partida de cerca de 400 kilos de cocaína camuflada dentro de sacos de carbón y, dos años después, en junio de 2012, otra de unos 500 kilos cuando estaba siendo embarcada. Los agentes tienen constancia de estas dos operaciones, así como de una tercera, pero desconocen las que lograron coronar con éxito.
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