El barco que viene de Itaca

El terremoto de Grecia se dejará sentir con fuerza en Catalunya y en el Estado español y tendrá un impacto directo en las elecciones municipales del próximo 24 de mayo. El paralelismo entre Alex Tsipras, Ada Colau y Pablo Iglesias es evidente, por mucho que los grandes medios de comunicación intenten crear un cortafuego y los representantes locales de la «vieja política» auguren todo tipo de desgracias a los pobres griegos.

La victoria de Syriza llega en un buen momento. Las extraordinarias medidas de expansión crediticia anunciadas por el presidente del Banco Central Europeo (BCE), Mario Draghi, el pasado jueves «inundarán» la zona euro de billetes «calentitos» en los meses a venir. Además de otras consideraciones, esta decisión significa un cambio copernicano en las políticas de austericidio impuestas por Angela Merkel, el BCE y el FMI en los últimos años y que han tenido unos efectos sociales devastadores, especialmente en los países del área mediterránea.

En este cambio de paradigma europeo, Alex Tsipras podrá exhibir, con relativa rapidez, resultados tangibles que, sin duda, contribuirán a incrementar su prestigio internacional, en especial entre la legión de damnificados de la eurozona. Grecia es un país pequeño, de sólo 11 millones de habitantes y su cuadro macroeconómico es fácilmente gestionable en un marco de expansión monetaria como el que ahora comenzamos.

Pero Alex Tsipras y Syriza son portadores de unos nuevos valores políticos, de una nueva ética y de una nueva épica. Y este es el punto que más me interesa resaltar. Su victoria trae un mensaje explícito contra la corrupción, contra el amiguismo, contra la cleptocracia, contra las privatizaciones, contra la profesionalización de la política, contra los abusos de la banca, contra la manipulación interesada de los grandes medios de comunicación, contra las insoportables desigualdades sociales, contra las élites que gobiernan desde la sombra y esconden sus fortunas en paraísos fiscales, contra la represión policial y judicial de los débiles, contra la impunidad de los poderosos y contra la xenofobia.

La clave: administrar bien la riqueza pública, con austeridad y responsabilidad, con total transparencia, sin gastos suntuarios ni salarios estratosféricos, pensando siempre en la gente más necesitada y garantizando la igualdad de oportunidades. En el caso griego, el redimensionamento del elefantíaco ministerio de Defensa –herencia envenenada del «régimen de los coroneles»- puede suponer un gran ahorro presupuestario.

Este potente mensaje que nos llega de la otra orilla del Mediterráneo es perfectamente extrapolable a la realidad catalana y española y, sin duda, marcará el intenso ciclo electoral que ahora empieza. La plataforma creada por Ganemos, Podemos, Proceso Constituyente e ICV-EUiA para concurrir a las próximas elecciones municipales en la ciudad de Barcelona, con Ada Colau al frente, está insuflada por este vivificante espíritu helénico.

Por eso, no acabo de entender la hostilidad con que la candidatura de Ada Colau ha sido recibida desde el ámbito independentista y, en especial, desde ERC y la CUP y sus satélites mediáticos. En el fondo, todos hablan de lo mismo y tienen los mismos anhelos. Con una diferencia: Ada Colau antepone la agenda social a la agenda nacional y los independentistas consideran que esta prelación es un «anatema».

Me sabe mal, pero muchos independentistas catalanes sufren una acentuada miopía y no saben discernir el grano de la paja. En los tiempos que corren, la prioridad es deshacernos de la corrupción y de la «vieja política» que ha amparado la cleptocracia y ha empobrecido la población. El paradigma de todos estos males es CiU. No sólo por el caso Pujol y toda su retahíla de hijos. ¿Qué debemos pensar de un gobierno presidido por Artur Mas y que incluye consejeros tan «tocados» como Felip Puig, Boi Ruiz o Germà Gordó? ¿Qué crédito merece Josep Antoni Duran i Lleida, la muleta de la federación nacionalista?

¿Cómo puede pactar Oriol Junqueras con Artur Mas, sabiendo que le toma el pelo? ¿Cómo puede abrazarse David Fernàndez con quien es beneficiario de una cuenta opaca en Liechtenstein? ¿Cómo pueden la ANC y Òmnium poner su contrastada capacidad de movilización al servicio de los intereses tácticos de la calle Córcega?

El independentismo catalán está cavando su propia fosa entronizando el liderazgo de Artur Mas y dando oxígeno a CiU. No vamos hacia Itaca. Al contrario: desde Itaca acaba de zarpar este domingo un barco que se dirige, a toda vela, hacia Catalunya.

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