Problema de paradigmas

Ante el proyecto soberanista, o mejor dicho, sobre el ejercicio o no del derecho a decidir del pueblo catalán, aparecen voces que muestran una oposición frontal.

Esta oposición cuando, por ejemplo, viene del Partido Popular, mantiene una coherencia. Este partido entiende Catalunya como región de España, y a partir de esta definición doctrinal defiende para Catalunya una descentralización del Estado, de la única Nación que reconocen, que es la española. Yo no estoy de acuerdo. Pero tenemos que admitir que su paradigma ideológico les impide ver Catalunya de otra manera que no sea como una parte más, inseparable, de España, y por lo tanto su postura ante el proceso soberanista es perfectamente coherente con su paradigma de lo que es Catalunya y de cuál es la relación entre lo que ellos consideran el todo y una parte de este todo.

Ahora bien, que desde opinadores cercanos al Partido de los Socialistas de Catalunya busquen la forma de racionalizar una oposición en el proceso hacia el Estado propio sembrando el confusionismo desde medios afines al socialismo catalán, lo encuentro más bien desalentador, sobre todo si leemos la declaración doctrinal del PSC que define a Catalunya como Nación.

Tengo que manifestar, por lo pronto, mi respeto hacia cualquier opción política formulada y defendida pacíficamente. No quiero que se me malinterprete. Pero, desde el respeto, también hay que distinguir entre los coherentes y los perdidos en medio de un amasijo de intereses, medias mentiras y cocos varios que cubren los argumentos en favor de la creación de confusión.

A ver, miren ustedes. Yo entiendo Catalunya como una Nación, y no como parte de otra Nación. Por lo tanto, considero que el pueblo catalán tiene el derecho a decidir su futuro, en la forma que considere más adecuada y, si no hay otra alternativa, bajo cualquier forma democrática a la que se pueda acoger, tenga esta apoyo legal o no. Esta capacidad de decidir, esta soberanía, no quiere decir, necesariamente, optar por la secesión, por el pacto federal, por el mantenimiento de un sistema descentralizado o por una integración plena dentro de una estructura política superior. Decidir quiere decir, exactamente, eso: decidir. Y si desde nuestro paradigma político afirmamos que Catalunya es una Nación, tenemos que aceptar la capacidad de este sujeto político para decidir sobre sí mismo como un acto de su soberanía, propia e inalienable.

El problema recae en la incoherencia doctrinal. Si, repito, el PSC reconoce a Catalunya como una Nación, bien tiene que tener el derecho a decidir qué quiere hacer con su futuro, y de qué manera tiene que articular su relación con el resto de los pueblos y naciones del mundo. Si, de lo contrario, consideran que la única Nación es España, pues que expliquen a sus bases que sólo contemplan Catalunya como región española y que en este sentido modifiquen su declaración ideológica. Para no enredar todavía más la troca, vaya.

Tan respetable es una opción como la otra, pero hace falta que la ciudadanía sepa donde está cada cual. Más que nada porque quieran o no de aquí a cuatro días tendremos que votar.

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