El truco de Gibraltar

Siempre me han asombrado los trucos de magia. Cuando he acudido a un espectáculo he estado más pendiente de las bambalinas que del escenario, seguro de que la clave del misterio está en distraer la atención del ‘engañado’, mientras que la acción transcurre en otro lugar. Soy muy incrédulo y por eso me sorprende ser incapaz de descubrir dónde está el truco. En cambio, me quedaría muy decepcionado de ser capaz de desenmascarar al mago, pues todo perdería su encanto.

De la misma manera que el misterio se ha de mantener en la magia, no se ha de permitir que los políticos jueguen al ocultismo, aunque esta sea una práctica generalizada, porque no tienen el arte de los magos. Cada vez que ocurre un escándalo relacionado con el Gobierno, sea del color que sea, a los pocos días aparecen ministros o representantes de ese partido que buscan la polémica para desviar la atención, con declaraciones salidas de tono o medidas incomprensibles.

La semana pasada, Mariano Rajoy dio la cara –porque explicaciones ofreció las justas– ante los diputados tras hacerse públicas sus conversaciones telefónicas con Luis Bárcenas. Durante las semanas anteriores a la comparecencia del presidente en el Senado, el escándalo del ex tesorero popular era diariamente el tema de apertura de los diarios generalistas y ahora ha desaparecido prácticamente de los mismos ante la resurrección del sentimiento patriótico por el enfrentamiento con Gibraltar. No hay nada como gritar Gibraltar español para desatar las pasiones nacionalistas.

Hay medios de comunicación que se han atrevido a hablar de una «guerra fría» con Gran Bretaña por Gibraltar, como si España tuviera algún interés en enfrentarse a los británicos. Ya lo hicimos en Trafalgar y nos quedamos sin armada. La polémica, alimentada por el ejecutivo de Rajoy, no es más que una estratagema para desviar la atención. No digo que no exista conflicto con el peñón, siempre lo ha habido, pero hay maneras y maneras de gestionarlo. Si fuera importante, se resolvería desde el silencio y las conversaciones diplomáticas. Como es un truco de magia, se buscan las declaraciones altisonantes que alientan un enfrentamiento inexistente entre gobiernos y que se acabará solucionando sin mayores consecuencias.

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