El fascismo es una ideología y un movimiento político que surgió en Italia entre la primera y la segunda guerra mundial. El término viene de la palabra italiana 'fascio', que se refiere a un enser que se usaba en la antigua Roma, dentro del cual se guardaba una hacha. La persona que ha escrito la entrada correspondiente en Viquipèdia lo presenta así: "El proyecto político del fascismo es instaurar un corporativismo estatal totalitario y una economía dirigida, mientras su base intelectual plantea una sumisión de la razón a la voluntad y la acción, un nacionalismo fuertemente identitario con componentes victimistas que conduce a la violencia contra los que se definen como enemigos mediante un eficaz aparato de propaganda, un componente social interclassista y una negación a ubicarse en el espectro político (izquierdas o derechas), cosa que no impide que habitualmente la historiografía y la ciencia política sitúen al fascismo en la extrema derecha y lo relacionen con la plutocracia, identificándolo algunas veces como capitalismo de Estado, o bien como una variante chovinista del socialismo de Estado".

En los rifirrafes en las calles, plazas y playas de estos días en Catalunya o en las discusiones crispadas de twitter la palabra 'fascista' aparece inevitablemente. El propio presidente de la Generalitat, Quim Torra, acaba de escribir un artículo confrontando independentismo y fascismo. Cuando dos o más personas se discuten no tiene sentido pedirles que midan sus palabras y que utilicen adecuadamente los conceptos que se cruzan a gritos. Los nervios de un encontronazo por un accidente de tránsito no permiten matices. Los afectados suelen insultarse sin tener presente el origen de los improperios que usan. "Hijo de puta", "cabrón", "vete a tomar por el culo" son expresiones que demuestran más odio que un contenido despectivo real. Se puede ser hijo de una prostituta que es una persona excelente, 'tomar por el culo' es una práctica sexual ya hace tiempo normalizada en nuestro país y a saber qué quiere decir ser un 'cabrón'.

Ahora, sin embargo, el insulto que está más en boga es el de 'fascista ' o 'facha'. Una búsqueda a twitter lo demuestra. O la contemplación de los numerosos vídeos donde se enfrentan los que cuelgan esteladas y lazos amarillos y los que los quitan. En estos momentos de tirantez cuesta pedir rigor dialéctico, pero puestos a elegir me quedo con la respuesta del hombre de Cadaqués cabreado con los dos jóvenes que le sacaban los lazos amarillos que acababa de poner al paseo del pueblo. "¡Venga, va, volved a Can Fanga!", les gritó.

Mientras, los fascistas de verdad están encantados con que el término que los define esté en la boca y los mensajes de twitter de tanta gente. Si de lo que se trata es de buscar la solución a algún conflicto, los insultos son la peor herramienta para alcanzarla. Discutamos de tráfico, de fútbol o de sentimiento de identidad