Celestino Corbacho, ex-alcalde socialista de l'Hospitalet de Llobregat, después presidente de la Diputación de Barcelona y ministro de Trabajo e Inmigración en el gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, ha vuelto a la política por la puerta grande después de haberse retirado. Con la llegada de Manuel Valls a las elecciones municipales de Barcelona, sorprendió su fichaje por la candidatura del ex-primer ministro francés, entonces amparado con toda la parafernalia por Cs. Hasta que se retiró, Corbacho había militado en el PSC y había jurado y perjurado que nunca llamaría a la puerta de otro partido.

Pero el dinero es el dinero, y el interés personal, en su caso, pasa por delante todo. Y tanto es así que él mismo se ha encargado de dejar claro sin ningún tipo de pudor que su regreso tiene principalmente este objetivo. El divorcio entre Valls y Cs se produjo con la votación de la investidura de Ada Colau, de la cual Corbacho participó con entusiasmo junto al ex-primero ministro francés. Pero de repente, en vez de seguir a su lado, Corbacho ha vuelto a sorprender haciendo el salto a Valls y lanzándose a los brazos de Cs, explicando sin vergüenza que lo ha hecho porque le han prometido que será diputado a la Diputación de Barcelona. Y es que cobrar la pensión de jubilación cuando has estado 30 años viviendo de grandes sueldos de la política no debía de ser suficiente para él. Y si para vivir bien se tiene que cambiar de chaqueta, ha quedado claro que lo hará siempre que convenga.