Economista. Trabaja en el Consorci de Salut i Social de Catalunya. Imparte clases en la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB). Fue concejala en el Ayuntamiento de Barcelona, en el gobierno y en la oposición. Forma parte de la Junta de Federalistes d’Esquerres, y participa en tertulias radiofónicas y de televisión.


¿Hay europeos que pagan más impuestos y reciben a cambio menos prestaciones que otros, y viceversa?

A raíz de la última crisis económica, se llegó a la conclusión de que Europa había empezado a construirse por el techo. Es decir, con la unión monetaria, con el euro, en vez de hacerlo por una unión política y fiscal. Con una buena base fiscal y política, la última crisis económica se hubiera notado menos en el conjunto de Europa y especialmente en España, Portugal, Italia, Grecia. Los países más periféricos de la Unión ¿Por qué? Porque aquí, con la crisis, se pusieron en duda las soberanías y hasta el propio euro. Cuando se tambalearon los países de la UE se tambaleó también el euro. Faltaba un instrumento común para toda la UE, en política fiscal, que permita suavizar el impacto de las crisis. Por ejemplo, un seguro de desempleo, que ahora se ha puesto de moda, permitiría que aquéllos trabajadores a los que se les ha acabado la percepción por desempleo, pudieran prorrogarla. También salarios mínimos…, y fiscalidad, en general.

¿En el escenario actual, existen grandes divergencias entre los países de la Unión Europea?

SÍ, hay divergencias. Actualmente, el presupuesto de la UE es del 1%, respecto al Producto Interior Bruto global. Los países federales, como EE.UU. alcanzan hasta un 15%. Es decir, disponen de mucho más dinero para poder gastarlo de forma indistinta, allí donde se considere que puede hacer más falta. Las resistencias a avanzar en esta dirección vinieron mucho de Alemania y países que tenían más músculo. Consideraron que, si se tomaban medidas generales, podría producirse una contaminación general negativa. Los acuerdos, que actualmente se adoptan a escala inter-gubernamental, que exigen que los gobiernos tengan que ponerse de acuerdo, es un freno, porque los vetos y otras dificultades añadidas. En muchos casos, basta que un solo país no esté de acuerdo para que se bloquee cualquier iniciativa. El proceso de toma de decisiones es muy lento. Los acuerdos, para funcionar de manera eficaz, tienen que ser obra de un gobierno, como lo es, por ejemplo, en el Banco Central Europeo, que es un gobierno monetario, que toma decisiones. Ahí están los representantes de los gobiernos, pero no tiene que esperar a que se pongan de acuerdo para tomar decisiones. 

¿Tiene esto algo o mucho que ver con la aparición de los nacional-populismos?

Seguramente, algunas de las causas de la aparición de los nacional-populismos hay que buscarlas en el desentendimiento, distancia o inoperancia de la UE en terrenos muy sensibles para la gente. La ciudadanía, ante las crisis, necesita soluciones más sociales. Y como Europa no está ni se la espera en este terreno, la gente, los ciudadanos recurren a sus propios países. Es ahí, en esa brecha, donde entra el nacional-populismo, acusando a Europa de los males, y haciendo ver que las soluciones solo están dentro de las fronteras nacionales.

¿Dónde habría que buscar las fuentes de esas resistencias? ¿Quizá en la debilidad y el complejo de los gobiernos nacionales, que pueden ser acusados por el nacional-populismo de favorecer, por ejemplo, a los “zánganos del sur” o, en su caso, como en Italia, de no frenar la emigración? 

Claro. Avanzar en la homologación fiscal conlleva una cierta cesión de soberanía, de que determinados impuestos de carácter nacional, como puede ser el que grava lo digital, fueran competencia de la Unión. Otro obstáculo, puede derivarse del “efecto contagio”. “Si soy una economía muy fuerte -se puede pensar- a ver si ahora hacemos una unión política y fiscal más potente y en vez de contagiar lo potente a lo más débil, va ocurrir lo contrario”. Se sabe que esto no es previsible que ocurra. La debilidad de algunos países ha sido, en buena medida, consecuencia precisamente de su aislamiento económico.

¿En el fondo, el statu quo, no teme mucho a su extrema derecha y acaba tetanizado o tomando medidas disparatadas, por ejemplo, con la emigración, o con Grecia?

Si hubieran sido gobiernos más fuertes los que podrían haber pasado por lo que ha pasado Grecia, se hubiera reaccionado antes y mejor. Pero, claro, los problemas son siempre para los más débiles. Y las medidas que se adoptaron fueron muy duras: “No habéis hecho los deberes y, en vez de taza, taza y media”. Castigo por partida doble. 

Al parecer, el grueso de la deuda de Grecia era privada ¿Por qué ese empeño de los gobiernos europeos, con Alemania a la cabeza, en hacer pagar a toda costa?

El origen de la deuda griega, como aquí en España, era privada. Aquí, la duda publica no llegaba al 40%. Teníamos una economía muy saneada, y fue el sector privado el que desencadenó la catástrofe. Creo que algo se ha reaccionado para atajar esto, y ahora hay más control sobre los bancos, a escala europea. Había pánico al cierre de bancos. No es lo mismo que cierre una empresa industrial que un banco. El efecto contagio es muchísimo mayor en los bancos. En cualquier caso, el sector financiero todavía debe mucho a las arcas públicas. Ha devuelto solo una cuarta parte.

¿La visión dogmática de Alemania en el terreno económico, compartida por los conservadores de la Unión, no está contribuyendo a priorizar el interés de las corporaciones sobre la agenda social?

No sé exactamente en qué punto se encuentran las políticas económicas comunitarias y hacia donde tienden, pero sí es cierto que Macrón está haciendo gestos para avanzar hacia una Unión Europea más política. Ha defendido cuestiones como la deuda pública europea, con la emisión de “eurobonos”, para poder disponer así de más recursos propios de la UE. Alemania es más reacia, por miedo a ceder ante la periferia y seguramente también por temor al nacional-populismo, con el tema de los refugiados. En cuestiones como una defensa común europea o el cambio climático se podrían dar pasos más federales.

¿Quién puede actuar más de freno en la Unión, el bloque de Visegrado la alianza de Salvini, Le Pen y los alemanes de extrema derecha o ambos concertados?

Creo que grupo de Visegrado puede ser el principal freno a muchas cosas. Por eso, la unanimidad en la toma de decisiones tendría que replantearse. En tal sentido, la próxima legislatura europea puede ser de pequeños pasos, más que de grandes tratados. Sin embargo, a la luz de los primeros nombramientos tampoco se puede echar las campanas al vuelo. El de Borrell es un buen dato, no tanto por España sino por su visión de una Unión Europea más federal.

¿Además de políticas sociales, la reclama la Unión un cambio cultural, emocional, capaz de integrar mejor a la ciudadanía y, en consecuencia, hacer frente a la ofensiva anti-europea?

Si. Desde luego, pero también para eso hay que ceder soberanía y, por ejemplo, en Cataluña estoy hay que decirlo, con toda tranquilidad. Y respecto a las emociones, digamos peores, están generalmente muy vinculadas a los problemas económicos, a la subsistencia. Cuanto peor se pasa, más afloran los sentimientos negativos. Y el nacional-populismo lo aprovecha. No habla tanto, de subir o bajar salarios. Dice que nos invaden, que la corrupción nos ahoga, que la criminalidad aumenta, ligada, desde luego, a los inmigrantes… Todo ello, instrumentalizando los medios de comunicación. Lo hemos visto con el Brexit, Trump, Bolsorano…

¿Al hilo de la fiscalidad europea, podemos decir algo de la española?

El 90% del gasto lo hacía el gobierno del España y el 10% restante los ayuntamientos. En los últimos 40 años, el cambio ha sido espectacular. Las Comunidades Autónomas gestionan un 30% de este gasto. La descentralización es muy importante, pero hay que seguir avanzando en un sentido federal. Quizá habría que ir pensando en una Agencia Tributaria compartida y de un sistema de financiación apropiado. Que la ciudadanía sepa que competencias tiene cada uno y como se financian, para poder valorar qué gestión se ha hecho, y decidir en consecuencia. Todo ello, con un esfuerzo fiscal igual para todos.