Licenciado en Económicas por la Universidad Autónoma de Barcelona, trabaja como administrativo. Forma parte de Barcelona en Comú y de la Asociación de vecinos del barrio de Prosperitat. Aficionado al teatro, se considera federalista.


¿Crees que el paradigma de la justicia social, entendida como la lucha por la superación de la contradicción entre ricos y pobres, sigue siendo el vector dominante en la izquierda?

Eso sigue ahí, y creo que más que hace quince o veinte años, porque las desigualdades siguen aumentando. Desde los años 80, la distribución de la riqueza aumenta en favor de los más ricos y en detrimento de los más pobres. Pero no somos conscientes de ellos, porque nos han inducido a sobre-endeudarnos. Con ello, hemos podido comprar cosas pensando que nuestro nivel de vida mejoraba y, en realidad, vivíamos consumiendo a crédito. Sin tener en cuenta que todo eso habría que pagarlo. Otras cuestiones, como el feminismo o el medio ambiente, se han ido incorporando a las luchas por la justicia social. En mi caso, es también importante la acción en los barrios.

Mas explotados, más precarios…, pero menos organizados ¿Con el cambio en las condiciones de trabajo, existen las mínimas condiciones para que los trabajadores puedan defender colectivamente sus derechos?

Un autónomo también es un trabajador, si entendemos que trabajador es quien aporta su fuerza de trabajo. Otra cosa es ser trabajador por cuenta ajena o propia. Antes, trabajador por cuenta propia era el profesional, artesano, agricultor, comerciante… Hoy no tanto. Se dice que ser autónomo consiste en ser tu propio empresario. Pero eso es cada vez más falso. Es el último invento de la explotación. Tú te haces autónomo, corres con todos los gastos que genera tu trabajo, no tienes ningún derecho, te pagas la seguridad social…, y cuando queramos prescindimos de ti, sin costes añadidos. En estas condiciones es difícil organizarse.

El proletariado (concentración de gran número de trabajadores en centros de producción, salarios y condiciones de vida similares…) está prácticamente desaparecido ¿Lo nuevo, que se ha dado en llamar “precariado”, se entiende y está siendo suficientemente manejado por los sindicatos y los partidos políticos?

Creo que se sabe explicar bastante bien, pero las cosas cambian y muy rápidamente. Por ejemplo, desde hace ya bastante tiempo se han ido externalizando las tareas y eso, lógicamente, produce una atomización del trabajo y de los trabajadores. Esto ha afectado a todos los sectores, pero se nota especialmente en la industria, que concentraba mayor número de obreros y, en consecuencia, el poder sindical era más fuerte. Pienso que los sindicatos tienen discurso y hasta conocen la situación del “precariado” laboral. Otra cosa son las herramientas de que disponen para hacer frente a eso. La precariedad en el empleo y las deudas nos acobardan y dificultan las reivindicaciones.

¿Anuncia todo esto un futuro feroz de lucha por la supervivencia?

Sí, más esclavista, pero como soy optimista, bastante positivo, me resisto a pensar en un mundo apocalíptico. El panorama no parece nada alentador y hasta podríamos pensar en la posibilidad de la regresión a un mundo como el de finales del siglo XIX. Sin embargo, ahora tenemos la posibilidad de informarnos y quizá eso es lo que más puede contribuir a tomar conciencia de nuestra propia realidad y a organizarnos.

Pero el marco de referencias dominante nos lleva a otros ámbitos: la evasión, las drogas, el dinero fácil…

Sí, pero todo eso entra en contradicción con la vida día a día y puede acabar explotando, como ocurrió con el 15 M. Si la presión social sube y no hay canales adecuados de participación y soluciones a los problemas, la cosa puede acabar en revuelta. Y no sería de extrañar que, cada vez más, se produzcan estallidos incontrolados por todo el mundo. 

Así las cosas, llega la hora de votar ¿Responden los partidos a los problemas y expectativas de los ciudadanos?

El problema está en la contradicción entre la parole, lo que te están vendiendo, y los hechos. Los partidos y algunos en particular, tienden a prometer más de lo que pueden cumplir. Cosa que, obviamente, genera frustración, descontento, aunque también es un buen dato el incremento de la participación. Ahora, más que nunca, la gente sabe que la política tiene que ver con la vida de cada uno. Y cuanto más pequeño es el ámbito electoral, mejor se percibe esto.

¿Y en tu barrio, cómo han discurrido las últimas elecciones municipales?

Más allá de las cuestiones relacionadas con el “Procés”, creo que la gestión del Ayuntamiento has sido bastante positiva para nuestro barrio, aunque cuatro años no es mucho tiempo para realizar transformaciones y percibir los cambios. en particular, en lo que atañe a inversiones en equipamientos o en vivienda. En Nou Barris Tenemos un problema de paro importante y se han ido haciendo cosas para paliarlo. Sigue habiendo déficits, porque arrastramos una herencia muy pesada. Hay que tener en cuenta que los años 50, las canalizaciones de agua fueron hechas por los propios vecinos. Pero, obviamente, la vida ha mejorado.

¿Los jóvenes siguen en el barrio, se quieren ir de él…?

Somos un barrio con vida propia, como un pueblo. Hay un tejido asociativo importante, y las entidades se ayudan. Esto es bastante dinámico y bonito. Y como es más barato vivir en Nou Barris que en otras zonas de Barcelona, la gente se las apaña. Aunque es verdad que la ola especulativa también llega hasta él. Hay una inmigración procedente del centro de Barcelona. Gente que es expulsada de allí viene a vivir a Nou Barris y a Sant Andreu. No tenemos problemas de marginalidad graves. Y hay que reconocer que desde la época de Pascual Maragall ha habido una mejora generalizada en todos los barrios.

¿También en un espacio tan social como Nou Barris, ha contribuido el “Procés” a ocultar, minusvalorar o desviar la atención de los problemas más tangibles de la gente?

Creo que en Cataluña en general, y en Barcelona en particular, el “Procés” se ha instituido en asunto único y principal y con ello ha tapado los problemas reales de las personas. Hay mucha gente que ya está un poco cansada de todo esto. Incluso los que se declaran partidarios de la independencia se sienten decepcionados. El “Procés” ha sido una tomadura de pelo. Por su particular composición social, en Nou Barris todo esto se vive de modo más lejano y atenuado. Estamos hablando de sentimientos, pero no se pueden tomar decisiones en nombre de una parte de la sociedad. También hay que pensarse y mucho lo del referéndum, sobre todo después de ver lo que está ocurriendo con el “Brexit”.

¿No resulta llamativa la ausencia de información, de debate, la falta de definición sobre la Cataluña independiente de los nacionalistas?

No se dice porque no interésa y no hay proyecto. En un principio, Convergencia y Unió y luego Junts x Catalunya no querían una independencia, ni pensaban en ella. Pero han jugado al póker y las cosas se les han ido de las manos. En el barrio, a pesar de todo, la gente se sigue respetando. Cada uno es como es y lo que realmente preocupa es llegar a fin de mes. Sobre el ambiente en general, se podría decir que está más tranquilo que hace dos años. Las aguas políticas tienden a remansarse. El fenómeno Arrimadas, que también se explica por su tirón personal, está resituándose. La candidatura de Valls quizá ha contribuido a esto, porque no se ha entendido mucho que un ex-ministro francés, encabezara una candidatura asociada a Inés Arrimadas. Todo ello, teniendo en cuenta, desde luego, el significativo tirón de Pedro Sánchez. 

¿Qué lugar ocupa el federalismo en todo esto?

Me pasa, como se suele decir, que soy federalista casi sin saberlo. Creo que es la vía más adecuada para organizar las relaciones entre territorios en España, y también en Europa. Hay que hacer una pedagogía del federalismo, hablar a la gente, explicar de qué se trata… Se sabe muy poco de federalismo y, desde luego, también hay muchos que tratan de ocultarlo, desprestigiarlo, decir que es una cosa de minorías… Sobre todo, claro, los nacionalistas. Pero las cosas con sentido acabarán imponiéndose, incluso entre los jóvenes, que parecen ajenos a todo esto. Aunque es verdad, que los jóvenes se sienten más atraídos por cuestiones de carácter cultural, social…, Por actividades menos abstractas que la política. Sobre todo, organizaciones de las que se puedan sentir parte activa. También se está produciendo una renovación generacional, que puede contribuir a acercar la política a los jóvenes. En algunos pueblos empieza a haber alcaldes y concejales jovencísimos.