Xavier Sala-Martín. El hombre de las chaquetas llamativas y de la violencia dialéctica pro-independencia firmaba aquel año, como catedrático de la Universidad de Columbia, en Estados Unidos, y profesor visitante de la Universitat Pompeu Fabra, un artículo donde negaba que estuviera "científicamente demostrado" que el cambio climático existiera y se quejaba de que "determinados grupos fundamentalistas" intentaran imponer "políticas ecológicas". Sala-Martín basaba su opinión en un documento del Instituto de la Ciencia y la Medicina de Oregón, firmado por 17.000 científicos, donde había párrafos como este: "No hay evidencia científica convincente que demuestre que la emisión de dióxido de carbono (CO2) u otros gases cause el calentamiento catastrófico de la atmósfera y que comporte el cambio climático en la Tierra".

El documento también niega que se pueda demostrar que "la actividad humana en general esté causando un aumento global de la temperatura de la Tierra o cambios climáticos". Sala-Martín ponía en entredicho la validez de los modelos teóricos utilizados por el IPCC (Internacional Panel on Climate Change) de la ONU. Para él, la lucha contra la contaminación podía limitar severamente la capacidad de crecimiento de muchos países pobres y "eso sí que sería un grave problema para la humanidad". Y acababa el artículo diciendo: "A diferencia del fenómeno del calentamiento de la Tierra, la existencia de pobreza en muchas zonas del mundo es un hecho contrastado. Y lo que tenemos que hacer es ser prudentes y ayudar a los países pobres a llegar a ser ricos, aunque esto comporte la utilización de combustibles fósiles, y no limitar sus posibilidades de crecimiento basándonos en un supuesto cambio climático que mucha gente da por válido pero que no está, ni mucho menos, científicamente demostrado".