Podría resultar sorprendente, pero dentro del mundo de Junts per Catalunya hay una parte importante de dirigentes que rezaban para que Ernest Maragall no fuera el alcalde de Barcelona, y preferían a Ada Colau.

La explicación que estos estrategas dan es muy sencilla: si Maragall resultaba elegido alcalde, frenaría las expectativas de crecimiento electoral en la capital catalana de JxCat, que ha obtenido los peores resultados de su historia, con sólo 5 regidores (el anterior mandato tuvo 10).

Las peleas dentro del mundo independentista cada vez están menos soterradas y afloran en decenas de situaciones. JxCat votó a Ernest Maragall como alcalde, pero no fue suficiente porque Colau obtuvo más votos gracias al apoyo de tres concejales fieles a Manuel Valls.

Además, habría otra razón: no podrían haber criticado la acción de gobierno de Maragall, mientras que con Colau y el PSC mandando en el consistorio podrán hacer una oposición muy dura, criticando todo con la esperanza de sentar bases firmes para las elecciones de 2023, en las que esperan revertir la situación y volver a ponerse por delante de Esquerra Republicana, que no tendrá, con muy probablemente, a Ernest Maragall de cabeza de cartel.

JxCat y ERC han pactado en los ayuntamientos catalanes entre ellos, pero también con varias fuerzas políticas, sobre todo con el PSC. Junts per Catalunya lo ha hecho con los socialistas en una veintena de municipios, mientras que ERC también ha acordado con el PSC alcaldías en una quincena de ayuntamientos.

Incluso ERC ha echado a JxCat de las emblemáticas alcaldías convergentes de Sant Cugat del Vallès y Figueres, entre otras.