Marta Rovira, la secretaria general de ERC, decidió huir a Suiza antes de declarar en el Tribunal Supremo. A diferencia de los exconsejeros que se marcharon a Bélgica, Rovira eligió, como Anna Gabriel, la Confederación Helvética, estado que había estado también en los pensamientos de Carles Puigdemont, Lluís Puig, Meritxell Serret y Toni Comín.

Sin embargo, y aunque Suiza ofrecía mejores prestaciones que Bélgica (como permiso de residencia y de trabajo sin restricciones), había un inconveniente. La acogida es fácil siempre y cuando no se haga proselitismo político. Por eso las apariciones de Rovira son muy medidas. Ha concedido muy pocas entrevistas en medios de comunicación y sus intervenciones son vía telemática en Cataluña.

En el caso de que Rovira mantuviera una activa presencia política y mediática podría ver como le son retiradas las prestaciones de permiso de residencia y de trabajo. Aunque en un primer momento se estableció a Ginebra, ahora reside en Lausana, donde trabaja y se ha reunido con su familia.

A pesar de todo, parece que Rovira mantiene un contacto diario con sus colegas de ERC, pero desde una posición discreta y sin hacer publicidad, que es la condición marcada por las autoridades suizas de inmigración.