Los consejos ejecutivos de la Generalitat tienen una duración breve desde que Quim Torra es presidente de la Generalitat. Cada martes todos los consejeros están convocados en el Palau de la Generalitat, donde se aprueban las disposiciones y nombramientos. Según parece, en este mandato cada consejero lleva a la mesa los aspectos que cree conveniente y nadie discute nada de nada.

Esto es un cambio. En los anteriores gobiernos de la Generalitat había discusión entre los diferentes departamentos y los consejeros respectivos defendían sus puntos de vista. Esto, aunque a menudo retrasaba la toma de decisiones, enriquecía el debate político. Con Carles Puigdemont al frente de la Generalitat ya se suavizó el cambio de impresiones, pero según explican ahora ya es de lo más plano. Cada consejero sólo habla de lo que es suyo y nadie entra a valorar políticamente si esta medida es bastante buena o si bien hay que retrasarla para mejorarla.

Incluso en épocas de Jordi Pujol había cierta discusión cuando había algún asunto de fuerte carga política, por más que los consejeros supieran que se haría lo que Pujol decidiera.

Los gobiernos de Pasqual Maragall y José Montilla tuvieron mucha política interna y todas las disposiciones eran discutidas por todos los consejeros, lo cual a pesar de que retrasaba algunas decisiones eran, al final, más positivas, según explican, en enriquecer el debate.

Aunque la comparecencia de la portavoz, Elsa Artadi primero y ahora Meritxell Budó, está prevista a la una del mediodía, es habitual ver los consejeros paseando por los alrededores del Palau de la Generalitat a partir de las 11 de la mañana. La reunión siempre se convoca a las nueve y media. Se dedica unos 90 minutos para hacerlo. Incluso hay quién de forma malèvola dice que esta hora y media es mucho por el poco contenido político de las decisiones tomadas.