El Plan de nacionalización de Cataluña que el entonces presidente de la Generalitat Jordi Pujol puso sobre la mesa de su consejo ejecutivo contaba con un núcleo de unas veinte personas y un listado de 84 personas, los agentes actuantes, para inocularlo a todos los sectores sociales. Cuando Pujol cesó como presidente de la Generalitat se trasladó a un despacho oficial que la administración autonómica le puso en el paseo de Gracia de Barcelona. Podía elegir tres personas de confianza a sueldo de la Generalitat. Una de las tres fue Ramon Goicoechea, miembro de su secretaría mientras era presidente. Confiaba mucho en él. Tanto que le encargó que coordinara, en 1990, el Plan de nacionalización de Cataluña que puso en marcha. 

Este proyecto presentaba a Goicoechea como coordinador de la Comisión de Acción Interna de la Generalitat y explicaba así sus funciones: “Una vez hechos los enunciados, establecidas las prioridades y diseñadas las estrategias, hay que concretar la ejecución y control de la gestión. En ese sentido, se entiende que hay que evitar todo aquello que puedan ser caminos paralelos. Es decir, se entiende que una instrucción y su control en el ámbito de la Administración se tiene que dar y seguir por los caminos habituales y de manera formal. Quizás desde el departamento de la Presidencia –secretaría general de la Presidencia o secretaría del Consejo Ejecutivo– podría haber una persona encargada específicamente de hacer el seguimiento de los temas, instrucciones, acuerdos, etc., teniendo como interlocutores a los directores generales, a los que podría pedir, con conocimiento de los consejeros respectivos, cómo están los temas que nos ocupan en cuanto al grado de cumplimiento, timing, situación, etc, y elaborar informes para que quienes corresponda pueda tener un seguimiento ajustado. Haría falta que aquella persona asumiera también la secretaría del Consejo Técnico, o estuviera presente a las reuniones, lo que le permitiría conocer qué asuntos son elevados al Consejo Ejecutivo y cuáles no y por qué, así como un cierto seguimiento en la elaboración de los presupuestos, herramienta básica para priorizar y contemplar la ejecución de la política”. 

Pujol había elegido para esta tarea inmensa una persona muy discreta. Todo lo contrario del secretario general de la Presidencia que había abandonado el cargo en junio de aquel año: Lluís Prenafeta. Colaboró en el libro El hombre, el amigo, el presidente. Homenaje a Jordi Pujol, editado por Publicaciones de la Abadía de Montserrat, en 2009. En este libro, en el que unos sesenta autores presentaban una cara amable de Pujol, Goicoechea escribió un artículo de seis páginas donde hablaba de los inicios de Convergència Democràtica. A la presentación que se hizo en Sabadell, organizada por Òmnium Cultural, se le definía como “dirigente comercial y político”. Una de las funciones que le encargó Pujol fue que hiciera de puente con las peñas flamencas y las casas regionales. El 1996 lo nombraron miembro del consejo de administración de la Corporación Catalana de Radio y Televisión (CCRTV) en representación de CDC. Formaba parte de lo que el Plan de nacionalización calificaba de Comisión General. Además de él, formaban parte Ramon Juncosa y Joan Amorós, dos de los ideólogos del plan, y varios consejeros y funcionarios de los departamentos de Presidencia, Economía, Cultura y Enseñanza, como el director general de Juventud, Enric Puig, el de Política Lingüística, Miquel Reniu, y el propio Pujol. 

Juncosa fue la persona a la que Pujol encargó la elaboración del borrador del plan, en cuya redacción también colaboró Joan Amorós. Amorós, nacido en 1938, presidió Acción Escolar del Congreso de Cultura Catalana, impulsora de la campaña El país en la escuela y ahora preside la Asociación Conocer Cataluña. Ramon Juncosa fue un colaborador muy estrecho de Pujol. El hijo mayor del presidente, Jordi Pujol Ferrusola, le ha atribuido su afiliación al partido que fundó su padre. “El año 1993, Ramon Juncosa y Joaquim Forn me enredaron para que entrara en CDC”, ha explicado en alguna ocasión. Licenciado en Filosofía y Letras, ejerció de maestro y de director de escuela antes de entrar en la Administración de la Generalitat. Fue jefe del gabinete de Ordenación de la Educación, jefe del Servicio de Relaciones Institucionales, director general de Ordenación e Innovación Educativa y director general del Instituto Catalán de Nuevas Profesiones en el departamento de Educación, y director general de Evaluación y Estudios del de Presidencia, que es el cargo que ocupaba cuando murió en 2000. 

Además de esta comisión general, el plan preveía seis más: Pensamiento: Definición, Sociedad civil, Escuela/Universidad, Acción Generalitat, Iglesia y Campañas. Los medios de comunicación no tenían una comisión propia pero su control dependía de Pensamiento y de Acción Generalitat. A Campañas estaba adscrito el hijo mayor del presidente, junto con Miquel Reniu. Para materializar la nacionalización del país, el plan era muy claro: “Òmnium Cultural para la realización de campañas no institucionales y la Generalitat para las institucionales”. 

Ramon Goicoechea participaba en dos comisiones: Pensamiento y Acción Generalitat. En la primera coincidía con la entonces consejero de Cultura, Joan Guitart; con el jefe de gabinete del departamento de Enseñanza, Antoni Gelonch, y con el escritor y ensayista Jaume Lorés, que dirigía el Centro de Estudios de Temas Contemporáneos de la Generalitat. En Acción Generalitat formaba parte de la coordinación del área. 

Ramon Juncosa aparecía en la comisión de Escuela/Universidad con Antoni Gelonch y Joan Amorós. Este último también estaba presente en Sociedad civil, que tenía la responsabilidad de difundir el patriotismo catalán en las entidades socioculturales y de ocio, con Enric Puig y Gemma de Armengol, que también formaba parte de la Comisión General y que, en septiembre de 1990, era gerente del Centro de Promoción de la Cultura Popular y Tradicional Catalana. 

La importancia que Jordi Pujol daba al papel de la Iglesia en la configuración de la mentalidad que quería inocular a los catalanes se manifiesta en el hecho de que dedicaba una comisión específica a ello. En ésta trabajarían dos sacerdotes: Enric Puig y Josep Maria Aragonès. Aragonés era un ídolo para Pujol. Hacía misa en la parroquia de San Ildefonso, en la zona alta de Barcelona. El entonces director del diario La Vanguardia, Luis Martínez de Galinsoga, asistió a una de estas misas, en 1959. La oficiaba en latín, pero el sermón lo hacía en catalán. Galinsoga se levantó a medio sermón y se marchó gritando, según las fuentes de la época: “Todos los catalanes sois una mierda”. Pujol lideró una campaña contra La Vanguardia que consiguió que el diario perdiera suscripciones y anunciantes. Finalmente, Galinsoga fue cesado. 

Faltaban 30 años para que Pujol redactara el Plan de nacionalización que EL TRIANGLE ofrece en exclusiva. Un Plan de nacionalización que, como se constata viendo quién lo tenía que gestionar e impulsar, tenía mucho de plan de evangelización.