La idea que Jordi Pujol quería hacer llegar a los miembros del secretariado permanente de CDC en el documento que les entregó en mayo de 1997 y al que ha tenido acceso EL TRIANGLE era que había que recuperar la apuesta de los líderes nacionalistas Enric Prat de la Riba y Francesc Cambó de "una Cataluña libre en una España grande". Para él, incluso el presidente de la Generalitat Francesc Macià suscribía, "en la práctica", esta idea.

A Pujol le preocupaba como encajarían sus seguidores y sus votantes su defensa de una Catalunya que formara parte de España. "¿Acepta eso nuestra gente?", se preguntava. Y se respondía él mismo: "Yo creo que sí si definimos bien y sin miedo los objetivos que definen la Catalunya libre". La "Catalunya libre", tal como la entendía Pujol entonces, no equivalía a una "Catalunya independiente". Probablemente, lo que él entendía como "nuestra gente" sí que identifica ahora, en buena medida, libertad e independencia.

Consideraba que "nuestra lealtad, y nuestra disponibilidad de colaboración para la democracia, la estabilidad y el progreso de España está más que demostrado". Y creía que el 1 de enero de 1998 "sería el momento de tomar una decisión histórica, con solemnidad, y a un alto nivel institucional" y que había llegado el momento "de reformular nuestros planteamientos si queremos ser más eficaces y dar un mensaje y horizonte a nuestro país ".

Y cerraba la etapa conocida como de "peix al  cove" (pescado en la cesta). El expresidente Pujol afirmaba que "no podemos seguir negociando punto por punto. Lo hemos hecho durante años, con resultados más positivos que negativos, pero ahora todo parece indicar que esta manera de hacer ya no puede continuar y debemos poner en marcha un nuevo impulso nacional en términos de globalidad ".

 

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