La Fundación Francesc Ferrer i Guàrdia, Ateus de Catalunya y Catalunya Laica han aprobado 17 medidas que quieren que se incluyan en el futuro Plan de Derechos Humanos de Catalunya. Estas asociaciones, que defienden a las personas que se declaran ateas, agnósticas o librepensadoras, esperan que estas medidas sirvan "para garantizar la igualdad de trato a las opciones de conciencia no-religiosas y para lograr la laicidad en las instituciones políticas y sociales". Las reivindicaciones de estas entidades se han conocido coincidiendo con la reclamación del grupo del PSC del Parlament para que la capilla católica del palacio de la Generalitat se dedique a otros usos.

Entre las medidas planteadas por las tres entidades mencionadas hay la derogación de todos los acuerdos de Catalunya con la Santa Sede y todas las confesiones religiosas, la revisión de las fiestas religiosas en los calendarios laborales y educativos, la eliminación de la dirección general de Asuntos Religiosos y su sustitución por otra de Asuntos de Conciencia o de Laicidad, la supresión de cualquier aportación directa o indirecta de la Generalitat a la financiación de las confesiones religiosas, la supresión de la enseñanza de cualquier asignatura de Religión y de cualquier elemento de culto o ideológico en las aulas, la supresión de todos los símbolos religiosos o ideológicos expuestos en edificios públicos, la supresión de espacios confesionales en los medios de comunicación públicos y la supresión de símbolos religiosos en las ceremonias oficiales.

El presidente de la Generalitat, Quim Torra, se encuentra a gusto en los actos católicos. Asistió a la misa que se ofició el día de Sant Jordi en la capilla del Palacio y el pasado día 2 nombró a Josep Maria Turull como nuevo prior de la misma. A la misa de sant Jordi asistieron también cinco consejeros: Miquel Buch, Damià Calvet, Jordi Puigneró, Teresa Jordà y Mariàngela Villalonga. Portavoces socialistas destacan la contradicción que representa que el gobierno de la Generalitat diga que quiere que Catalunya sea una república y al mismo tiempo abre las puertas de su palacio a curas y obispos católicos para que practiquen sus ritos religiosos y, además, participen en ellos.