La participación de Catalunya en la edición del Smithsonian Folk Festival del año pasado salió muy cara al erario público. Se desplazaron numerosos dirigentes de la administración catalana y centenares de músicos, restauradores, artesanos y miembros de agrupaciones de castellers, de colles de geganters, de los diablos de Igualada, de las fallas del Pirineu y, también, de la Federació Catalana d'Entitats Catifaires.

Al coste de trasladar, alimentar y albergar a toda esta comitiva en Washington, donde se celebró el Festival entre finales de junio y primeros de julio, hay que añadir los 62.628 euros que el gobierno catalán pagó directamente al Instituto Smithsonian. Esta cantidad aparece en la Memoria de la Comisión Asesora sobre la Publicidad Institucional correspondiente a 2018 que se ha hecho pública recientemente. Corresponde a la inserción en la web smithsonian.com de una promoción turística de Catalunya.

El Smithsonian Folk Festival del año pasado quedó marcado por los enfrentamientos entre la delegación de la Generalitat y la embajada española en Estados Unidos. En la recepción privada previa a su inauguración, el presidente catalán Quim Torra se quejó, en su discurso, de la existencia de "presos políticos" y "exiliados", denunció "la regresión democrática" en España y reclamó el derecho a la autodeterminación.

Cuando acabó, parte del público cantó de pie Els Segadors. Después intervino el embajador español, Pedro Morenés, que defendió todo lo contrario, entre gritos y pitidos de muchos asistentes catalanes a la recepción. Torra se levantó y se fue de la sala mientras hablaba Morenés. A los organizadores les costó Dios y ayuda que volviera a la recepción y no lo hizo hasta que el embajador acabó su discurso. Este año, el Instituto Smithsonian ha dedicado su Folk Festival al Poder Social de la Música. Ha ido como la seda.