Desde hace unos cuántos meses jóvenes inmigrantes acampan y pasan la noche junto a la parroquia de Santa Anna, en el barrio Gótico de Barcelona, esperando la mañana para poder almorzar en el templo. Los voluntarios del hospital de campaña instalados en la iglesia los atienen.

Según uno de los responsables, Xavier Morlans, durante el día les suministran agua y un educador de calle los distrae un rato. No son siempre el mismo grupo, sino que se van relevando constantemente; hay pocos de fijos y esto dificulta que se creen vínculos.

Morlans apela a la responsabilidad de las administraciones ante una "situación de emergencia". Alerta también que la Dirección general de Atención a la Infancia y la Adolescencia (DGAIA) está "desbordada" y que hay varios chicos durmiendo al raso en los distritos del Eixample y de Ciutat Vella.

Explica que el grupo que ayuda el hospital de campaña en la calle —en el interior de la parroquia los menores, solos, no pueden acceder— es, a veces, conflictivo. Relata que se pelean entre ellos y que más de una vez han acudido a los Mossos d'Esquadra, con quienes están en contacto permanente.

El cura de Santa Anna, Peio Sánchez, también reclama la atención de las administraciones. Sánchez subraya que el país se enfrenta a una "emergencia" ante la cual sólo hay que reformular el sistema para frenar el número de menores que acaban en la calle robando y sin futuro.

En lo que llevamos de 2019 han llegado a Cataluña 1.129 niños y adolescentes que emigran solos elevando a un total de 4.203 de los migrantes tutelados por la DGAIA.