La operación contra las mafias asiáticas de explotación sexual ejecutada hace pocos días por la Policía Nacional ha puesto al descubierto la cómoda clandestinidad en que se mueven estos pisos de prostitución. La batida se saldó con la detención de 39 personas vinculadas a las mafias chinas que operan en Barcelona y la identificación de 41 víctimas que trabajaban en condiciones infrahumanas teniendo que estar disponibles a cualquier hora del día, cada día del año. "Las mafias chinas siempre trabajan en pisos –explica el inspector Moisés Fernández, de la Unidad Central de Redes de Inmigración Ilegal y Falsedad Documental (UCRIF) de la Policía Nacional– y son un coto cerrado. Tú, como policía puedes entrar en un local de citas para investigar y nadie te lo puede impedir pero en un piso es mucho más complicado. Es opaco y entonces es más susceptible de esconder una explotación". Esta opacidad, a pesar de caer en el tópico propio de la comunidad china, dificulta el trabajo de los investigadores.

Es muy complicado poder acceder a las mujeres, los testigos principales para poder desarticular las tramas. "Las mujeres están trabajando 24 horas sin descanso y sin salir del piso para nada. Cuando conseguimos entrar en uno de ellos siempre hay una habitación cerrada que es donde duermen con colchones o literas. Una de las líneas de trabajo de la UCRIF es la inspección de los pisos donde cuesta mucho entrar a pesar de que están anunciados en folletos que se reparten en la calle. Se esconden detrás de servicios de masaje o peluquerías con final feliz", comenta el inspector Fernández.
Las víctimas de este tráfico de seres humanos son de poblaciones chinas muy pobres y las mafias las integran en un circuito del cual resulta muy complicado salir. "Casi todas vienen de lugares remotos y su entrada al país acostumbra a ser legal; es decir, llegan en avión aparentemente como turistas, con cartas de invitación y, las más jóvenes con visados para poder estudiar en el país. Las mafias les atribuyen una deuda que acaban pagando siendo prostituidas. Muchas vienen engañadas con la promesa de una oferta de trabajo". La deuda que contraen estas mujeres llega, en muchos casos, a los 60.000 euros.

Una de las características que sorprende la policía es la elevada rotación de mujeres en los pisos prostíbulo. "La norma es que siempre son jóvenes y diferentes. La rotación es muy alta, mucho más que a los clubes. Haces una inspección y encuentras unas mujeres pero es que vuelves al poco tiempo y son otras. Hay alguien que controla toda esta rotación de pisos– explica Moisés Fernández–. El problema, pero, es que las ponen en un piso y no vuelven a pisar la calle para nada. Tienen unos vigilantes que las controlan y no tienen otra vida las 24 horas del día. Siempre tienen que estar dispuestas. Hay chicas que han estado todo un año sin salir del piso".

La prostitución es un negocio en auge y la mafia china lo sabe por eso los pisos que dedican a esta actividad se multiplican en Barcelona. "Estamos hablando de centenares de pisos. Nosotros inspeccionamos una media de 100 pisos e identificamos unas 500 mujeres el año. Hay muchísimos, es inacabable", explica el inspector Fernández. El Eixample es el distrito que concentra la cantidad más grande pero crece el negocio en Sants, en Nou Barris y por el paseo Maragall. Son pisos donde hay cuatro o cinco mujeres pero pueden llegar a ser hasta ocho. Según el inspector, es un negocio redondo: "El tráfico de personas con finalidad de explotación sexual supera el de las drogas en cuanto a las ganancias. Es un negocio muy rentable, tienes una chica trabajando las 24 horas y sin cobrar un euro".

Los timbres rojos de los pisos, desgastados de tanto uso, son un indicador de la buena salud de este abominable negocio. Los vecinos, pero, están hartos: "Los ocupantes de estos pisos son buenos vecinos en el sentido de que no se meten con nadie e intentan pasar desapercibidos pero están abiertos a todas horas y, está claro, los clientes si llegan bebidos o drogados llaman a todos los timbres y no sólo al botón rojo. Esto provoca muchos conflictos con los vecinos. Para nosotros ir a un piso donde se sospecha que hay un burdel es pillar a alguien seguro. La mayoría son todos ilegales desde las chicas que son prostituidas hasta el que abre la puerta para recibir a los clientes", dice el inspector.

En 2017 la policía registró 72 pisos y en 2018, 56. Además, hizo 53 detenciones por proxenetismo, 96 para infringir la ley de extranjería e identificó a 230 víctimas. "Las denuncias de las mujeres son muy poco habituales. Si lo piden, si levantan la mano, se les ofrece asistencia jurídica y social a través de ONG pero desgraciadamente las que dan el paso son demasiado pocas y no podemos hacer nada. Las mafias las tienen atemorizadas", afirma el inspector. La prostitución, la esclavitud sexual del siglo XXI, no tiene final feliz.