Los vecinos del barrio del Bon Pastor de Barcelona denuncian que "vamos a 3 o 5 ocupaciones este mes. Entran unos y salen otros. Saltan por las azoteas, puntapié en la puerta o rompen una ventana y a vivir adentro". Así lo asegura el portavoz de la Asociación Abuelos del Barrio y miembro de Tsunami Vecinal, Lluís Fernández, quien denuncia el profundo malestar de los vecinos del Bon Pastor que hace más de 20 años que están esperando que acaben, definitivamente, las obras de remodelación de su barrio.

Las casas ocupadas ilegalmente son las que se denominan "casas baratas" que el mismo ayuntamiento de Barcelona construyó en los años 30 para acoger a la inmigración y que ahora poco a poco se van demoliendo a medida que se van poniendo en pie las nuevas fases de la remodelación del Bon Pastor. Lluís Fernández afirma que "las casas son propiedad del Ayuntamiento, del Instituto Municipal de la Vivienda", y añade que "pero no hacen nada, ni las tapian ni nada y la gente que todavía vive se queja que están siendo ocupadas. Esto genera mucha inseguridad en el barrio. Ocupan sobre todo gente que proviene del mundo de las drogas. Son tanto gente de fuera como gente de aquí".

La queja más repetida entre los vecinos es la carencia de control sobre estos terrenos y casas, que son de propiedad municipal, y que quedan en lo que ya se denomina como la Barcelona olvidada. El portavoz vecinal asegura que "hay gente que salta por las azoteas y entran en los pisos. Muchas de las personas que todavía viven en estas casas son mayores, tienen miedo y se quieren marchar. Ya no pueden más".

La remodelación del barrio del Bon Pastor empezó hace 15 años y se está llevando a cabo en diferentes fases. El año pasado el ayuntamiento puso en marcha la que se considera la cuarta, dotada de un presupuesto de 32 millones de euros para construir 244 viviendas nuevas. Fernández dice que "la reforma del barrio en la cuarta fase no acabará antes de 2022, y empezó hace más de un año. Son 4 años que estaremos en precario y todo ello lleva como 19 años gestándose. Empezaron en 2004 y todavía falta esta fase", añadiendo que "cuando se realojen todos los que todavía quedan que son 112 vecinos derribarán estas casas pero mientras tanto, entre los que se marchan y los que mueren, los pisos van quedando vacíos y Colau no hace nada para evitar las ocupaciones".

Los vecinos se quejan de una constante sensación de inseguridad que crece en el barrio por culpa de estas ocupaciones. Fernández explica que "esto era un barrio de obreros, casi un pueblo que todo el mundo se conocía y ahora hay muchos que tienen miedo de salir a la puerta de casa". Todo y los esfuerzos de los vecinos para hacer visible su situación, con manifestaciones y peticiones de reunión con la alcaldesa Ada Colau, no han conseguido ni más dotaciones de Guardia Urbana para vigilar las calles ni tampoco que el ayuntamiento se haga cargo de los pisos vacíos susceptibles de ser ocupados. Lluís Fernández asegura que "hemos tenido muchas reuniones, pero por un oído entra y por otra sale. No somos el centro, estamos apartados, olvidados".

La duración de las obras, dos décadas, para la remodelación del Bon Pastor es lo que ha puesto la mosca detrás de la oreja de los vecinos, para los cuales de edad juega a la contra. El "run run" que recoge Lluís Fernández por las calles es muy gráfico: "¿Qué gana el ayuntamiento con todo esto? Viviendas vacías. Para poner un ejemplo, al final de la tercera fase sobraron muchos pisos y en la cuarta sobrarán casi todos, y serán pisos de protección oficial a disposición municipal sin tener que realojar obligatoriamente los vecinos. Una remodelación no puede ser que tarde 20 años en hacerse. En total eran 748 viviendas, con gente muy mayor y si dejas que pase muchos años, entre fase y fase, en medio se han muerto el 70% de la gente y entonces tienes los pisos vacíos para hacer el que quieras".