Ni la directiva del Barça, que ahora encabeza Rafael Yuste el invisible, ni tampoco el propio Joan Laporta como presidente electo, han salido a responder o desmentir la grave acusación del expresidente azulgrana Josep Maria Bartomeu sobre un fraude contable de 275 millones en las cuentas presentadas y aprobadas por los socios en la asamblea de octubre de 2021, en el resultado económico del ejercicio 2020-21. El diferencial de 275 millones es el resultado de restar de los 555 millones de las pérdidas de la temporada, según el equipo económico de Laporta, las reales de 280 millones que fueron, finalmente, las que la propia junta firmó ante Hacienda.
Dicho de otro modo, que Laporta añadió artificialmente 275 millones de carga absurda, temeraria e irresponsable de números rojos, a base de inventarse provisiones y amortizaciones, sin sentido, con la única finalidad de aumentar la sensación de la mala herencia recibía de Bartomeu.
Hacienda y las auditoras
Laporta se pegó un tiro en el pie, insensata e incomprensiblemente, porque tanto él como su flamante equipo económico y financiero, reforzado por Ferran Reverter y Eduard Romeu, sabían de sobras que esa maniobra solo podía amargarles la vida a ellos mismos. Por la sencilla razón de que era su directiva la que formulaba y firmaba la barbarie de elevar hasta 555 millones las pérdidas y, en consecuencia, su responsabilidad, registrando un patrimonio neto de 451 millones en la memoria oficial de la temporada 2020-21.
El problema fue que los técnicos fiscales de Hacienda no se creyeron el cuento de Laporta y solo dieron por demostrables y probadas una cifra de 280 millones. Cinco años después, el Barça aún arrastra en forma de fair play fianciero excedido y de pérdidas -152 millones fondos propios negativos- ese enorme e histórico error. Pues para paliar el peso muerto de ese absurdo lastre hubo que recurrir a la venta anticipada de activos y de patrimonio, y al empleo, igualmente irregular, fantasmagórico y ficticio, de palancas vacías y de trampas contables que ya han dejado en la lona a dos auditores, Ernst & Young y Grant Thornton, y pringado a un tercero, Global Crowe, que ya no sabe dónde esconderse.
Pérdidas y mezcla
Bartomeu sostiene que Laporta «engordó» las pérdidas de la temporada 2020-21 al cargar en las cuentas provisiones y deterioros que, según él, no debían presentarse como pérdida ordinaria, y al atribuir a la herencia recibida una parte del impacto que correspondía a la covid.
A su criterio, lo «más objetivo» era comparar la temporada 2020-21 con la última campaña sin pandemia, la 2018-19, y así medir la caída real de ingresos por pandemia. Con esa comparación, dice que el Barça dejó de ingresar 330 millones, mientras que la reducción de gastos fue de 105 millones y no 125 millones, de modo que el impacto total de la covid no justificaría la forma en que Laporta presentó las pérdidas.
Su argumento central para hablar de engaño es que Laporta habría mezclado pérdidas estructurales, provisiones y deterioros con el golpe excepcional de la pandemia, construyendo un relato más grave del que reflejaban los datos auditados. Además, insiste en que la junta entrante no debería «partir» las cuentas entre etapas de gobierno para endosar toda la responsabilidad al mandato saliente, porque la junta que cierra el ejercicio es la que formula las cuentas finales.
La pandemia y Messi
El negacionismo del efecto de la pandemia se revela otro flanco vulnerable que Bartomeu denuncia de la gestión de Laporta y defiende su plan de choque sobre tres líneas de actuación: recortar al máximo inversiones, aplicar dos rebajas salariales y abrir nuevas vías de ingresos con proyectos corporativos. En 2020, explica que logró una bajada salarial del 14% a fondo perdido, y después intentó llevarla al 20%. También plantea que Barça Corporate, Barça Studios, BLM y la Superliga debían servir para compensar la caída de ingresos y reforzar el club.
Además, según su versión, si se hubieran cerrado las cuentas reconociendo solo las pérdidas reales derivadas de la covid, y aplicando el tratamiento de amortización a cinco años que permitía LaLiga, el Barça no habría perdido la norma 1:1 ni el fair play financiero. Añade que, con ese enfoque, Leo Messi habría podido seguir, porque las pérdidas imputadas al ejercicio 2020-21 habrían pesado mucho menos sobre el límite salarial, unos 50 millones anuales en lugar de 555 millones.
Ahora que Bartomeu está terminando su primera gira por los medios, reclamando que la verdad de las cuentas de 2021 salga a la luz, sorprende que Laporta o la directiva no haya salido a responder o a rectificar este relato acusatorio que refuerza la absoluta incapacidad de Laporta para gobernar. Y certifica que con esa decisión financiero-mediática de incrementar pérdidas gratuitamente se metió a él mismo, pero sobre todo metió al Barça, en un callejón casi sin salida que no sea dejar el futuro del club en manos de uno o varios fondos de inversión.

