Bartomeu provoca más ruido y debate que Víctor Font en toda la campaña

Su reaparición enciende el laportismo tras poner en duda la junta para manipular los resultados del ejercicio 2020-21, que han dejado al Barça sin fair play para fichar, y afirmar que su Espai Barça, completo, costaba la mitad que la reforma del Spotify de Limak

Josep Maria Bartomeu, durante una rueda de prensa (FC Barcelona)

Las redes sociales y los jefes mediáticos del laportismo se han afanado, más rápidos que la luz, en censurar, condenar y criticar abiertamente, aunque con más insultos que argumentos, que Josep Maria Bartomeu haya roto su silencio mediático con la única finalidad de intentar quitarse de encima las toneladas y toneladas de mentiras y manipulación de su gestión del Barça entre 2004 y 2020.

Lo prefieren callado y sufriendo, hasta ahora silenciosamente. Ha sido la víctima propiciatoria la que Joan Laporta construyó su fatal retorno a la presidencia. Ahora sí, el FC Barcelona se encuentra por primera vez en su historia al borde del abismo, alejado del Más que un club y abocado a una transición económica, financiera, patrimonial y social de su modelo de copropiedad.

La futura caída de Laporta arrastrará, más tarde que pronto, al infierno de la precariedad y al exilio de sus privilegios —algunos en los tribunales—, a las decenas de vividores del laportismo que reaccionaron como feras al discurso de Bartomeu, de contenido más bien sereno y sin mucha acritud, y en un tono de inalterable prudencia.

Con tanta energía y efervescencia que, además de parecer que les fuera la vida, o algo peor en su caso, sus gangas particulares, generaron mucho más ruido mediático que Víctor Font en toda la campaña electoral en el triste epílogo de su aleteo durante una década de candidato. Quizás habría más partido si Bartomeu se presentara a las siguientes.

Desmentidos

La cuestión es que cobró, e hizo mucho daño, que Bartomeu saliera a desmentir, con cuatro pinceladas indiscutibles, la presunta y falsa grandeza de la recuperación económica del Barça de Laporta.

Al contrario, Bartomeu explicó que, a consecuencia de haber inflado las pérdidas al doble de las reales y de negar que el impacto de la pandemia, como estimó LaLiga en una auditoría, fue de 500 millones, el Barça hoy no puede fichar por incumplir la regla de 1:1, y que lo tiene muy complicado para rehacerse porque, además, está endeudado, las palancas son humo en buena parte, y se han vendido activos y patrimonios por adelantado.

Bartomeu también apuntó que su presupuesto para el Espai Barça, íntegramente, con Palau nou, el resto de los equipamientos y la urbanización completa, era de 800 millones, es decir, la mitad de lo que Laporta ya se ha gastado —y el Barça debe en forma de 3.000 millones hasta 2050 y más allá— en una reforma del Spotify Camp Nou que no será tan eficiente ni atractiva como los propios socios advierten por los defectos. de la obra.

El expresidente barcelonista puso en duda que la tercera gradería y las zonas VIP por encima de la segunda gradería acaben de convencer ni a los clientes de Hospitality ni a los socios con menos recursos, ambos colectivos ubicados en el ático y sobreático del estadio tras el maldito toque arquitectónico de Limak.

Legado de Bartomeu

Y otras reflexiones como que la Generalitat lo hizo fuera de la presidencia en el otoño de 2020 por razones políticas, que retuvo a Messi por el bien del Barça y que su legado patrimonial lo dejó más que satisfecho: el estadio Johan Cruyff, reformas en los servicios para el socio como la OAB y la planificación y gestión urbanística realmente complicada con el Ayuntamiento de Barcelona hasta conseguir las licencias de obra. y la MPGM previa que no vio la luz verde hasta el final de su mandato.

Hubo dos circunstancias remarcables en el desarrollo de la entrevista. La más cómica fue protagonizada por Joel Díaz, a quien el Barça presentó una querella para acusar a la directiva de comisiones ilegales y otras perlas de quien, además, en el programa La Sotana participaba y corroboraba las reiteradas alusiones a Rosell y Bartomeu como «subnormal» e «hijo de puta».

Gracias a estos méritos, el equipo de Joel Díaz fue recompensado con un programa en prime time en TV3 que la misma dirección, obviamente, tuvo que retirar al cabo de poco de emitirse.

 

Lo que no trascendió en directo fue cómo acabó la tozuda insistencia del periodista Ramon Besa, guru histórico del guardiolismo, el cruyffismo y el laportismo, al saber por qué disidentes como Rosell, Bartomeu y otros miembros de la junta de Laporta de 2003 dimitieron al cabo de un tiempo. «Se ha escrito mucho de lo que pasó entre 2003 y 2005, pero no se ha dicho la verdad. Pasaron muchas cosas, como algún fichaje muy extraño y movimientos internos en la junta. Éramos jóvenes preparados, con egos. Hay cosas que no encajan con nuestra manera de ser», dijo Besa.

Besa insistió sin encontrar otra respuesta hasta que, en una pausa, a micrófono cerrado, salió el nombre de un fichaje de Laporta del que ‘metió’ a alguien destacado de aquella junta.

Esta fue la gota que hizo derramar el vaso con la salida del grupo de Sandro Rosell (el propio Bartomeu, Jordi Moix, Javier Faus y Jordi Monés). Es el problema de reabrir el pasado, aunque sea más reciente como el de los últimos meses de Bartomeu en la lonja. Incomoda al laportismo, se diría que exageradamente.

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