La opinión generalizada a esa pregunta es que no. Europa depende de Estados Unidos para la disuasión nuclear, la defensa aérea y antimisiles, las capacidades de inteligencia, los efectivos misiles antibúnker y mucho más. Todo esto es cierto. A pesar de ello, algunos se preguntan si Europa realmente necesita todo esto para tener una estrategia de autodefensa viable.
Christian Mölling, fundador del centro de estudios «Defensa Europea en una Nueva Era», con sede en Berlín, afirmó que: “No necesitamos ser mejores que Estados Unidos, necesitamos ser mejores que Rusia». Rusia tiene unos 144 millones de habitantes y 1,1 millones de soldados en activo, frente a los 450 millones de habitantes y 1,5 millones de soldados en activo de Europa. Pero el problema es que Europa carece de la estructura de unidad y liderazgo necesarios para poder disuadir militarmente a Rusia y lo peor es que ni tenemos tradición ni estamos acostumbrados a esa imprescindible unión política y militar.
Para que Europa tenga o se acerque a una autonomía estratégica y desarrolle una estrategia de defensa liderada por Europa, los expertos opinan que deberíamos aprender de la forma estadounidense de hacer la guerra. Estados Unidos, como hemos visto en sus recientes ataques a Venezuela e Irán, combate con un enfoque excepcionalmente intenso en el poder aéreo. Su tolerancia a la pérdida de soldados es baja. Minimizar las bajas ha sido una condición previa para reclutar soldados para las numerosas guerras que ha librado en las últimas décadas. La alianza de la OTAN, liderada por Estados Unidos, significó que los países europeos también se entrenaran en esta forma de combatir. Es decir, la forma en que Estados Unidos planifica y lleva a cabo las guerras se convirtió también en la forma de Europa.
En los círculos de defensa europeos, muchos prefieren seguir combatiendo como siempre y centrarse en adquirir más capacidades armamentísticas similares a las que Estados Unidos proporciona actualmente a la OTAN. Sin embargo, quienes abogan por una estrategia bélica europea afirman que centrarse únicamente en reemplazar lo que aporta Estados Unidos puede resultar contraproducente. El aspecto más importante de la desvinculación de Estados Unidos no reside en la compra de más aviones de combate, sino en dar el paso decisivo para replantear la seguridad europea, teniendo en cuenta la geografía, la cultura política, las prioridades estratégicas y los recursos de Europa.
¿Cómo sería la estrategia europea? Para empezar, Europa tendría que adaptar sus planes de disuasión a la realidad de sus recursos. En la actualidad, explicó, la disuasión en Europa implica el despliegue de decenas de miles de soldados estadounidenses por todo el continente. La disuasión sin Estados Unidos significaría redesplegar menos soldados de forma más estratégica y encontrar alternativas al poder aéreo estadounidense, además de implementar una mayor potencia de fuego terrestre, como los misiles de crucero. También podría significar más líneas de defensa estáticas, como trincheras y terraplenes en los países bálticos, y minas terrestres a lo largo de tramos de la frontera de la OTAN. En caso de guerra, significaría mayores bajas, ya que sin la inteligencia y el poder aéreo estadounidenses, Europa tardaría más en identificar objetivos. Incluso en tiempos de paz, el costo psicológico sería alto. Minas terrestres en Europa, fronteras militarizadas, al estilo de Alemania Oriental, podrían mostrar la cruda realidad de lo que no somos capaces de hacer a fecha de hoy.
Además, los últimos cuatro años de guerra en Ucrania han puesto de manifiesto el valor de las capacidades y los recursos estadounidenses para la defensa europea y han proporcionado lecciones cruciales. Ucrania no recibió todos los cazas y armamento estadounidense que solicitó. Pero lo ha compensado con drones y obuses autopropulsados. Ha suplido la escasez de tropas con minas, terraplenes y trincheras. Ucrania es el claro ejemplo de los que los europeos deberíamos hacer: estar preparado para defenderse de la agresión de un vecino. Vista desde esta perspectiva, Ucrania representa una inversión en el futuro de la defensa europea. Cuenta con un ejército curtido en combate, el segundo ejército permanente más grande del continente y el sector de startups de tecnología de defensa más dinámico. Su experiencia en la guerra con drones podría ayudar a Europa en futuros conflictos. La guerra de Ucrania también ofrece una lección sobre la importancia de las tácticas como el sabotaje y la guerra de información, para las que muchos países europeos están lamentablemente poco preparados.
En última instancia, el mayor problema de la transición a una forma europea de hacer la guerra es que cuando Estados Unidos interviene, está claro quién toma las decisiones. Cuando Estados Unidos se retira, la cuestión del liderazgo nos impide defendernos adecuadamente, incluso teniendo una buena dotación de armamento.









