Desde esta noche y hasta el infinito, cualquier equipo visitante en un partido de Champions League doblará o triplicará en número de plazas la capacidad del espacio o grada de animación del Barça en su propio terreno, el Spotify Camp Nou, donde el Newcastle estará representado esta noche por un total de 3.100 aficionados si se han cumplido las condiciones que la propia directiva azulgrana había establecido con el equipo inglés.
Inicialmente, su espacio del 5% normativo por las reglas de la Champions League fijaba el cupo oficial en 2.215 entradas si antes del partido el Ayuntamiento de Barcelona no había autorizado la ocupación de la Fase 1 C.
Como la semana pasada se activaron la ampliación del aforo a 62.000 espectadores, también de manera automática el equipo inglés se benefició de la posibilidad de ampliar su empleo a un millar de aficionados.
En cambio, y sorprendentemente, la directiva regente de Joan Laporta no ha sido capaz de mejorar su propia grada de animación, elemento que ya se ha convertido, apenas dos días después de su triunfal victoria electoral, en el primer gran ‘pufo’ de su último mandato y paradigma que está por venir previsiblemente, un deterioro proporcional a los cinco años después de mandato cumplidos de las múltiples y desviadas problemáticas pendientes de resolver y sin una buena solución como el caso de la ‘Grada 1957’.
Mientras el Newcastle ha engordado en 1.000 almas su presencia en el estadio, Laporta, vía el insignificante Rafael Yuste, se ha tenido que conformar con un anuncio, eso sí, pomposo y grandilocuente de «el estreno de la nueva Grada/Espacio de Animación Gol 1957 el pasado domingo 15 de marzo, en la primera gradería del Gol Sur, con unos 750–800 animadores en esta fase inicial».
Como es lógico, ante el ridículo proceso seguido hasta hoy por Laporta y su política obsesiva, compulsiva y agrio de castigo y venganza contra los grupos que habían integrado históricamente la Grada de Animación, el presidente tuvo que rectificar y maniobrar a toda velocidad antes de que, a las puertas de las elecciones, unos 10.000 barcelonistas que firmaron un manifiesto a favor de su regreso se le giraran en contra.
El proceso cronológico fue que, tras los gritos de «¡Barça sí Laporta no!», la grada fue cerrada y sus miembros, pertenecientes a Penya Almogàvers, Nostra Ensenya, Front 532 y Supporters Barça, expulsados para siempre, acusados de conductas impropias y atentación contra las normas si no pagaban una multa de 21.000 euros por consignas sancionables.
Diálogo
Los intentos de los grupos por dialogar y aclarar hechos que, desde su punto de vista eran falsos, como la multa, e inadecuados de un club democrático, como su desahucio, acabaron tan mal, fueron tan desoídos e ignorados que la entonces vicepresidenta Elena Fort, siempre chiste y maldición designada como mentira oficial de la junta directiva, sólo dio la cara para ‘enterrar’ la Grada de Animación bajo la premisa de que «esta junta, desde el principio, quería transformarla completamente, cerrarla y abrir una completamente nueva».
Su alternativa consistió en presentar el ‘Gol 1957’ como la alternativa, ubicada en la primera gradería del Gol Sur, «como nueva zona de animación estable» en homenaje al año de inauguración del estadio (24 de septiembre de 1957), fruto, dijo, «de un proceso de diálogo con las nuevas generaciones, ya que queremos dar preferencia a los socios más jóvenes de la lista de espera».
Textualmente, la presentó con una «capacidad de 1.247 personas, destinada prioritariamente a jóvenes de 18 a 25 años (hijos y nietos de socios en lista de espera desde hace más de 5 años), con equilibrio de género garantizado y asistencia mínima obligatoria del 80% de los partidos. Será un modelo democratizado y abierto, rompiendo con el formato anterior cerrado de grupos».
Otra batalla mal calculada, improvisada y perdida cuando los grupos Penya Almogàvers, Nostra Ensenya, Front 532 y Supporters Barça anunciaron la presentación de un documento suscrito por 10.000 barcelonistas, miles de ellos socios, reclamando el retorno de la Grada de Animación en su formato original.
De Elena Fort a Alejandro Echevarría
Ante la alarma social, con el horizonte electoral ya encendido, Elena Fort fue apartada de una crisis asumida en nombre y representación del FC Barcelona por Alejandro Echevarria, el facha homologado por el laportismo, capaz de aplazar la declaración de guerra de la antigua GA a cambio de no se sabe exactamente qué promesas.
Desde entonces, la directiva filtró que el ‘Gol 1957’ se estaba «redefiniendo» y posteriormente, en vísperas de la remontada copera tras el 4-0 de las semifinales de la Copa del Rey, los grupos jugaron bien sus cartas y un porcentaje de sus miembros fueron bienvenidos y reubicados en la Primera Gradería provisionalmente para la ocasión.
El domingo pasado, ante el Sevilla, unos 700 pudieron ocupar el ‘Gol 1957’ a medio camino entre lo que sería un ensayo y un compromiso de replantearse seriamente su regreso en el formato de Montjuïc e incluso en el que salió del Camp Nou hace más de dos años.
La directiva ya se ha encargado de adelantar que esta no es todavía la solución definitiva para la futura Grada de Animación, sino un paso intermedio mientras se completa la reapertura progresiva del nuevo Spotify Camp Nou.
El problema es que, una vez más, el ‘pufo’ está servido. Laporta se cargó la GA en su día y ahora, por las circunstancias y por las urgencias electorales, por el favor que le debe, no la puede despreciar otra vez como sería su deseo. Por fuerza tiene que afrontar su readmisión, pero no le cabe entera al ‘Gol 1957’ ni mucho menos. Hoy serán máximo 800 contra los 3.000 del Newcastle, una proporción de más de 3 a 1 de desventaja azulgrana en casa.











