Como era de esperar, Joan Laporta ha escogido a otro economista-mediático, tipo Xavier Sala-Martín, para presidir la Comisión Económica Estratégica del Barça el próximo mandato, que será el último de Laporta, tras el cual ambos saldrán corriendo a refugiarse de las críticas y quizás de los tribunales si la deriva económica, financiera y patrimonial sigue empeorando como hasta ahora.
Oriol Amat, el nuevo jefe del órgano consultivo que, en teoría, asumirá como principal misión defender los intereses del socio en las asambleas mediante informes sobre la calidad y eficiencia de la gestión de la directiva, ya ha proclamado en su presentación ante los medios de comunicación un claro posicionamiento a favor de todas y cada una de las decisiones que Laporta pueda tomar en el futuro y, lo más importante, también las de su pasado.
Se ha ganado el cargo a copia de firmar artículos en la prensa escrita y opiniones en las radios glorificando las cuentas y los estados financieros de Laporta, cuando menos durante dos años, abriéndose paso hasta la lonja del Spotify Camp Nou reptando servilmente entre otros aspirantes y superándolos con locuras y adulaciones mediáticas realmente sorprendentes de alguien que, por su currículum, sabe sumar y restar.
Oriol Amat afirma que «el club está en plena recuperación y debe continuar así», sobre unos resultados que, en 2024 y 2025 han acumulado más de 150 millones de pérdidas. Además, en su primera y circense aparición, se ha mostrado esperanzado y convencido de que con Laporta será posible mantener esta línea.
Es recomendable, por tanto, que el alumnado de las instituciones académicas que lo han encumbrado y prestigiado, o viceversa, elijan otro camino para una formación sana y alejada de conductas tóxicas y retorcidas en este ámbito económico donde se encuentran. personajes como Sala-Martín y Jaume Guardiola, precursores y representantes de esta saga de laportistas dispuestos a mentir y manipular Monstruosamente los socios del Barça, ya han demostrado de qué son capaces a cambio de un asiento vip, del ‘todo pagado’ en desplazamientos y finales, de banquillos cuyo coste se come el presupuesto de las asambleas presenciales y quizás, incluso, con alguna dieta, justificada o no.
Sala-Martín no dudó, en su momento, a la hora de presentar a los socios unas cuentas sin auditar (2009-10) con 12 millones de beneficios que luego resultaron, en realidad, 80 millones de pérdidas. Más recientemente, en la asamblea ordinaria de octubre de 2024, se camufló de compromisario para asegurar a los socios que la contabilidad, los balances y las auditorías no reflejaban la situación económica del Barça (¿), convenciendo así a los incautos socios de aprobar las cuentas con una excepción del auditor, Grant Thornton, que salió corriendo al día siguiente.
El criterio profesional del auditor era aplicar el deterioro de Barça Vision una vez demostrado el valor cero de la sociedad que, igualmente, tuvo que aplicarse en forma de 90 millones más de pérdidas en 2025.
Doble salto de Jaume Guardiola
El doble salto mortal de Jaume Guardiola es otro de los atractivos de este circo de tres pistas de las cuentas del Barça en las que grandes economistas o de perfil menos académico -estos ni se enteran de la película-, como el ex CEO del Banco de Sabadell, actúan cómicamente ante el público.
Como presidente de la Comisión Económica de los ejercicios 2020-21 y 2021-22, la que pronto será de Oriol Amat, Guardiola aplaudió la demencial decisión de Laporta de lastrar al Barça con casi 300 millones de pérdidas inexistentes, luego validó 1.150 millones en palancas de los que sólo 600 millones eran ciertos -y de esos sólo 200 millones sirvieron para mejorar el fair play, o sea suspenso cum laude-, y para rematarlo aprobó con entusiasmo que Darren Dein cobrase una primera comisión por el acuerdo con Spotify Camp Nou.
Ahora, como fichaje estrella de Víctor Font para las cuentas, viene de asegurar que «ni convirtiendo al Barça en SA se salva el club» y que la gestión de Laporta ha conducido a la actual situación de precariedad y ruina, además de denunciar la sospechosa mediación y comisión para Darren Dein por el contrato de Nike. «¿Dónde está ese dinero, a dónde ha ido a parar?», ha preguntado en campaña. La respuesta es fácil: en el mismo y pudiente destino que el de Spotify Camp Nou, lo sabe él mejor que nadie.
Como buen teórico, Amat sostiene acertadamente que el Barça posee enormes recursos, gracias a su marca, y que necesita consolidarlos con proyectos como el Espai Barça. Correcto. La trampa y su primera y embustera declaración ha consistido en proclamar la mejora y el mérito de la recuperación registrada bajo la batuta laportista desde el análisis de la situación del club solo desde 2021 hasta ahora.
«En 2021 se encontró un club con dificultades para pagar las nóminas y en el que el coste de la plantilla deportiva representaba el 98%», ha asegurado Amat. Eso sí, sin aclarar si del gasto o de los ingresos. Detalle al margen de mal profesor en su debut oficial como correveidile de Laporta. La cuestión es que relatarlo así, sin aportar el contexto necesario, resulta del todo perverso. El contexto omitido expresamente -ley gesto académico y profesional- es la referencia obligada al impacto de la Covid, ya que el Camp Nou y el Museo estuvieron cerrados durante todo el ejercicio 2020-21 dejando de ingresar casi 300 millones.
Cabe suponer que, como rector de universidad, como catedrático, como decano del Colegio de Economistas de Cataluña, como asesor de la Comisión Nacional del Mercado de Valores, de la Cámara Oficial de Comercio, Industria y Navegación de Barcelona, y de Pimec, a Oriol Amat nunca le habría pasado por la cabeza explicar a alumnos, expertos, financieros y empresarios que el PIB español de 2020 se contrajo un 11,1% -ni más ni menos que unos 135.000 millones en cifras-, al margen de las consecuencias de la pandemia en el conjunto de la economía.
Oriol Amat se ha ganado a pulso su papeleo de payaso en la tercera pista del circo de Laporta con una serie de afirmaciones que conviene dejar anotadas para la posteridad: «El Barça ha vuelto al podio mundial con cerca de 975 millones de euros de ingresos anuales y ha reducido hasta el 54% de los ingresos el coste de la plantilla», repitió, como en sus artículos, desmemoriadamente, sin recordar que en 2019 era el club con más ingresos (940 millones de euros) y el más valioso del mundo según Forbes y Deloitte, por encima del Real Madrid.
Lo que tampoco destacó es que el Barça de Laporta, al margen de la ruinosa obra del Spotify Camp Nou, nunca había acumulado tantas deudas, tantas pérdidas ni unos gastos tan desbocados que, incluso con la mejor ratio ingresos/coste plantilla no es capaz de generar ni un euro de beneficio.
Y Amat también obvió, claro está, que si esta ratio es buena sólo es porque Javier Tebas le controla el desmesurado afán de Laporta por fichar sin margen salarial ni recursos.
De hecho, el fair play sigue excedido y con muchos problemas para los dos grandes retos del verano, pagar los 30 millones por Rashford y lo que cueste renovar Cancelo.
A ver cómo lo explica a los socios en la asamblea y a ver si es capaz de justificar como un mérito más de esa «recuperación» que del préstamo para financiar los excesos de Limak se desvió dinero para reducir la deuda ordinaria, que de eso también presumió ante la prensa.
Es decir, que esta deuda sigue ahí, en otro escaparate igual de desconocido para los socios, pero intacto y creciente, sobre todo en intereses que el Barça tendrá que devolver a partir de 2032 cuando ya no estén ni él ni Laporta. El plan perfecto, aunque no para el Barça.









