El socio ya sabe lo que le espera si vota Laporta

Las pérdidas se triplicarán y Goldman Sachs podrá revenderse el Barça

Bluesky

El domingo será la cuarta vez que el barcelonismo tendrá la opción de escoger, o no, al socio Joan Laporta para presidir el Barça. Nadie podrá decir que «los socios no saben lo que hacen», que no disponen de suficientes argumentos para decidir si vuelven a hacer confianza a un gobernante que no supera ningún control de calidad que mejore ninguno de los presidentes de los últimos 50 años, excepto Joan Gaspart, que ahora hace de bufón y de vasallo, jugando un papel ridículo y tan poco honesto como lo fue su corto y lamentable mandato.

Al contrario, la habilidad más destacada de Laporta, incluso por encima de ejercer un control absoluto del relato mediático y también sobre el ruido en las redes sociales, y de la capacidad de imponer su voluntad entre la opinión pública barcelonista, ha consistido en desfigurar, destruir y enterrar cualquier pasado acreditadamente mejor que el suyo en los frentes económicos, deportivo, patrimonial y social.

Al final de una batalla a lo largo de 22 largos años, Laporta capitaneó la fase terminal del acoso sistemático por parte de esta sociedad civil catalana/barcelonesa/barcelonista contra Josep Lluís Núñez, finalmente encarcelado, tras dimitir, por delitos que nunca cometió y que la justicia no ha tenido más alternativa que limpiar y borrar de sus antecedentes, algunos después de su traspaso.

Laporta nunca estuvo solo, y su perfil de agitador incontrolado y destructivo, sin más guión que la descalificación y la ofensa gratuita, fue una aparición casual. Desde el primer minuto de su carrera hacia la presidencia, insultó, atacó y minó la obra de Josep Lluís Núñez, incluyendo el desprecio abierto a los socios que le votaban, con el apoyo del aparato pujolista de la Generalitat, convergente y soberanista, de sus «cloacas» sobre todo, de los poderes fácticos de esta Cataluña «del 3%», junto con la influencia y el poder (perversos y oscuros) a su favor de jueces, policías, entidades sociales, empresarios como Jaume Roures, y de la cobertura mediática de TV3 (y toda la Corpo), el Grupo Godó y el Grupo Z (muchas veces sumando y otras en alternancia), disparando diariamente y a todas horas contra cualquier obstáculo que pudiera impedirle reinar con impunidad.

El conjunto y la suma alineada de todas estas fuerzas son el entorno del Barça, hoy laportista, el verdadero y podrido lobby político/tribunero azulgrana que, desde la victoria de Núñez en las primeras elecciones democráticas en el FC Barcelona (1978), lo combatió hasta hacerlo fuera –como fuera–, y así recuperar el palco del Camp Nou y la figura de la presidencia del Barça, el trono más envidiado y poderoso de la catalanidad por su notoriedad, influencia y poder absoluto sobre todas las cosas si, además, se apiña, como lo ha llevado a la perfección Laporta, pisando los derechos de los socios y priorizando los intereses privados.

Este mismo entorno maligno también apareció, en su día, moviendo los hilos detrás del escandaloso encarcelamiento de Sandro Rosell, otro que acabó en prisión sin causa ni motivo, solo por el hecho de haber sido presidente del Barça sin el permiso ni la aprobación del entorno. Hoy es el propio Laporta quien ha denunciado, perseguido y demandado a Josep Maria Bartomeu en los tribunales con la intención inequívoca de que, como Núñez y Rosell, acabe en prisión por no ser tampoco del agrado del entorno.

Quizá el belicismo y la intransigencia de esa fuerza obscura, que no es violenta ni terrorista, pero que sí imita tics mafiosos, explica–pero no justifica– el imperio del miedo y del terror que hoy soporta el barcelonismo, capaz de anular la independencia de los medios y, como consecuencia directa, de enajenar y anestesiar el barcelonismo.

Las atrocidades, las mentiras y el totalitarismo del Barça de Laporta, hoy convertido en espacio de referencia de la delincuencia financiera y de las peores dictaduras del mundo, son tan conocidas como sorprendente y mágicamente invisibles para miles de votantes que, si analizaran su presidencia al margen de la óptica desviada y el servilismo de la prensa, descubrirían la realidad.

Laporta dejó pérdidas de 47,6 millones tras su primer mandato, deja 200 millones de pérdidas en estos cinco años tras su retorno y las triplicará si se queda. En 2031, si lo reeligen, el Barça será propiedad de Goldman Sachs. Ya lo es, de hecho, aunque el domingo –puede ser por última vez– los socios todavía pueden pronunciarse.

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