Las catalanas continúan sosteniendo los cuidados

"El hombre ya no es el que se sienta en el sofá a esperar la cena, ahora hace cosas, pero casi siempre bajo mandato y supervisión de la mujer", resume Vicent Borràs

Bluesky
Cabecera de la manifestación del 8M de 2025

En Cataluña, la igualdad aún se detiene en la puerta de casa. La última Encuesta del Uso del Tiempo 2023–2024 muestra que las mujeres dedican en promedio 3 horas y 37 minutos al día al cuidado y la atención del hogar y la familia, frente a las 2 horas y 24 minutos de los hombres, una brecha que persiste a pesar de dos décadas de discursos sobre corresponsabilidad.

La división sexual del trabajo continúa muy marcada. El 90,9% de las mujeres participan en tareas del hogar y la familia, frente al 83,2% de los hombres, y ellas concentran más tiempo de trabajo doméstico y de cuidados incluso cuando también están insertadas en el mercado laboral. La encuesta incorpora una dimensión que ayuda a entender la llamada «carga mental»: quien organiza y planifica el funcionamiento de la casa. En cuanto a las comidas de los días laborables, la compra diaria o la limpieza a fondo, entre un 54% y un 62% de las mujeres declaran asumir esta planificación, porcentajes que más que duplican los de los hombres que dicen organizar estas tareas.

«El hombre ya no es el que se sienta en el sofá a esperar la cena, ahora hace cosas, pero casi siempre bajo mandato y supervisión de la mujer», resume Vicent Borràs, profesor titular del Departamento de Sociología de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB) e investigador del Centro de Estudios Sociológicos sobre la Vida Cotidiana y el Trabajo –QUIT. Según explica, muchos hombres se han incorporado a las tareas domésticas, pero lo hacen como «aprendices» permanentes: ejecutan, mientras las mujeres siguen llevando la batuta y no pueden abandonar la vigilancia sobre lo que pasa en la casa.

Esta dinámica, advierte, alimenta la sensación de agotamiento femenino. «Si él nunca acaba de despegarse y ella no se permite dejar la batuta, él no asume de verdad la responsabilidad y ella continúa como supervisora general«, señala, una combinación que perpetúa la carga mental y dificulta que los hombres tomen decisiones autónomas sobre los cuidados.

El cuidado de las personas mayores

La brecha no se explica sólo por la presencia de hijos pequeños en el hogar. Borràs insiste en que el gran agujero del sistema de cuidados ya no está en la crianza, relativamente cubierta por la red de guarderías y servicios educativos, sino en la atención de larga duración a personas mayores y dependientes, donde la responsabilidad recae nuevamente, sobre todo, en las mujeres.

Una radiografía reciente sobre las personas cuidadoras en Cataluña dibuja un perfil muy concreto: mujer de entre 51 y 70 años que dedica alrededor de 14,6 horas diarias a cuidar a un familiar con dependencia. Casi la mitad de estas mujeres que trabajaban (47%) han abandonado parcial o totalmente el trabajo por las tareas de cuidado, frente a un 18% de hombres cuidadores en esta misma situación.

Sin embargo, reducir el empleo no siempre es una elección libre. «La mayoría de las mujeres que trabajan a tiempo parcial querrían hacerlo a jornada completa, pero no se les da la oportunidad», afirma el sociólogo, que vincula estos itinerarios laborales truncados con la expectativa social de que ellas se harán cargo de los hijos, de las personas mayores y de la casa, incluso cuando hay servicios disponibles.

La tensión se desplaza entonces hacia otra brecha: la de clase. Cuando las mujeres de clases medias no pueden o no quieren asumir toda la carga doméstica, la externalizan hacia otras mujeres, a menudo migrantes o de clase trabajadora, en trabajos de limpieza o cuidados mal pagados y con poco reconocimiento.

Borràs utiliza el concepto de sticky floor, el suelo pegajoso, para referirse a estos trabajos feminizados de los que es muy difícil salir. Son empleos que sostienen el bienestar de otras familias, pero que se llevan a cabo en condiciones próximas al «servicio» y que reproducen una cadena de desigualdad de género y de clase en el ámbito de los cuidados.

Paradójicamente, mientras el discurso público se centra en la conciliación y en los cuidados de los niños, la mayor crisis se sitúa en la vejez. «Tenemos muchos viejos y pocas criaturas», resume el experto, que recuerda que una parte importante de la población llegará a la dependencia sin haber planificado cómo quiere ser cuidada ni qué apoyos necesita, delegando en familias exhaustas o en residencias infradotadas.

En este escenario, la corresponsabilidad real sigue siendo la asignatura pendiente. Aunque los hombres participan hoy más en las tareas domésticas y de cuidados que hace veinte años, los datos de uso del tiempo muestran que todavía están lejos de un reparto igualitario y de asumir la misma carga mental que las mujeres en la gestión cotidiana del hogar. Así pues, cada 8 de marzo, las cifras del tiempo ponen nombre y minutos a esta desigualdad.

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