En un sistema capitalista y patriarcal como el actual, las mujeres son las más perjudicadas por las desigualdades económicas y sociales. Una prueba de ello es la feminización de la pobreza, es decir, el hecho de que esta situación de desventaja afecte más a las mujeres que a los hombres.
Según la Organización de las Naciones Unidas (ONU), a nivel mundial hay 122 mujeres pobres por cada 100 hombres de entre 25 y 34 años. Además, se calcula que más del 10% de todas las mujeres del mundo viven en pobreza extrema, una situación que radica en la desigualdad de acceso a los recursos económicos.
Además de cobrar menos que los hombres por el mismo trabajo, a menudo las mujeres asumen tareas de cuidados no remunerados, trabajan en sectores más precarizados y enfrentan importantes barreras en cuanto a la educación, el acceso al mercado laboral y la justicia. La desigualdad de género es estructural, y también es visible en Andorra, donde las mujeres también son más pobres que los hombres.
Según los últimos datos del Departamento de Estadística del Gobierno del Principado, en 2024 la tasa de riesgo de pobreza de la población en general fue del 16,4%, un 2,8% más que el año anterior, cuando se situó en un 13,6%. Este aumento afectó sobre todo a las mujeres, ya que un 17,7% estaba en riesgo de pobreza frente a un 15,2% de los hombres.
En comparación con 2023, la tasa de riesgo de pobreza femenina ha aumentado 3,8 puntos, mientras que en el caso de los hombres lo ha hecho en un 1,8%. Se considera en riesgo de pobreza a quien vive en un hogar con ingresos inferiores al 60% de la renta mediana del país.
Más del 35% de las mujeres residentes en el Principado tienen dificultades para llegar a fin de mes.
En cuanto a la pobreza relativa (personas con ingresos inferiores al 50% de la media) aunque la tasa global disminuyó ligeramente, pasando del 9,8% en 2023 al 8,8% en 2024, en el caso concreto de las mujeres aumentó. Así pues, si en 2023 la pobreza relativa femenina se situaba en un 9,6%, en 2024 incrementó hasta el 9,9%. En el caso de los hombres, sin embargo, disminuyó notablemente, pasando del 10% al 7,8%.
La expresión más dura de la falta de recursos económicos, la pobreza severa, también afecta más a las mujeres que a los hombres aunque la tasa ha bajado en ambos sexos, situándose en un 4,2% en 2024, tres puntos menos que en 2023 (7,4%). En cuanto a las mujeres, el porcentaje fue de un 5,2% en 2024 (7% en 2023) y en el caso de los hombres, de un 3,2% (7,7% en 2023). La pobreza severa afecta a las personas con ingresos por debajo del 40% de la mediana.
Otro indicador que refleja esta desigualdad económica que sufren las mujeres es el que hace referencia a la dificultad para llegar a fin de mes. Según datos del Grupo de Sociología de Andorra Investigación + Innovación de este último 2025, el 35,4% de las mujeres residentes en el país manifiestan tener problemas, un porcentaje que baja hasta el 29,3% en cuanto a los hombres.
A esta realidad se suma el impacto creciente de la vivienda. Según datos del portal inmobiliario pisos.ad correspondientes al cuarto trimestre de 2025, el precio medio del alquiler en el país se sitúa en 3.165 euros mensuales, con Andorra la Vella como parroquia más cara (más de 3.850 euros) y Encamp como la más asequible (1.533 euros). Esta media se encuentra aproximadamente un 107% por encima del salario mínimo vigente en 2026, fijado en 1.525,33 euros mensuales, es decir, más del doble.
En un contexto en el que las mujeres declaran en mayor proporción dificultades para llegar a final de mes, el encarecimiento del alquiler se convierte en un factor de empobrecimiento que las afecta de manera especialmente intensa. Fuentes del Sindicat d’Habitatge explican a LA VALIRA que, de los 22 casos atendidos desde 2024, 17 corresponden a mujeres, un dato que evidencia la feminización de la precariedad residencial.
Brecha salarial de género

Una de las causas de la feminización de la pobreza son las desigualdades en el ámbito laboral. Según la ONU, ante un trabajo de igual valor, las mujeres ganan 77 céntimos mientras que los hombres ganan un dólar, una brecha salarial que es aún más elevada en el caso de las mujeres con hijos.
Andorra tampoco es una excepción en cuanto a la desigualdad salarial. Los últimos datos del Departamento de Estadística, publicados este último viernes, indican que en 2024 el salario medio mensual bruto de las mujeres fue de 2.286 euros, mientras que en el caso de los hombres ascendió hasta los 2.832 euros. Es decir, que en 2024 las mujeres cobraron 547 euros menos que los hombres.
El pasado mes de diciembre, ante el Consejo General, la secretaria general del Institut Andorrà de les Dones (IAD), Judith Pallarés, cuantificó la brecha salarial entre hombres y mujeres en Andorra en el 22,5%. No obstante, si se tiene en cuenta la remuneración media bruta por hora, según los datos recogidos por el Observatorio Social de Andorra, la brecha salarial de género fue del 25,4% en 2024: las mujeres asalariadas cobraron una media de 13,82 euros por hora, mientras que en los hombres la cifra se elevó hasta los 18,62 euros por hora.
Esta desigualdad estructural que las mujeres sufren en el ámbito económico y laboral se traduce en una mayor necesidad de ayudas para poder sobrevivir. De hecho, la mayoría de personas receptoras de las prestaciones y ayudas económicas de atención social que otorga la administración andorrana (las llamadas prestaciones no contributivas y pensiones asistenciales) son mujeres.
Según datos del Departamento de Estadística, durante 2025 una media de 399 personas al mes se han beneficiado de las pensiones de solidaridad que se destinan a personas con situaciones de vulnerabilidad que no tienen suficientes ingresos. De las personas beneficiarias, más de la mitad, un 54,6%, eran mujeres (218), mientras que los hombres sumaban 181 (45,3%).
En cuanto a las pensiones de solidaridad para personas mayores, durante 2025 se ha registrado una media mensual de 1.425 beneficiarios, de los que 463 son hombres (32,5%) y 962 son mujeres (67,5%). Por otro lado, en relación con las pensiones no contributivas, destinadas a personas que no han cotizado lo suficiente, durante el año pasado hubo una media mensual de 12 beneficiarios: 11 mujeres y un hombre.
La brecha acumulada durante la vida laboral de las mujeres no se corrige con la jubilación, sino que se traduce en pensiones más bajas.
Estas cifras son una consecuencia directa de la desigualdad laboral. Las mujeres, que a lo largo de la vida activa perciben salarios más bajos y asumen de manera mayoritaria tareas de cuidado no remuneradas (con interrupciones o reducciones de jornada), acaban acumulando menos cotizaciones y, por tanto, obtienen pensiones más reducidas.
Según datos de la Caixa Andorrana de Seguretat Social (CASS) correspondientes a diciembre de 2025, la media del importe de la pensión de jubilación, sin distinción de años cotizados, fue de 823,48 euros mensuales. En el caso de las personas con más de 35 años cotizados en Andorra, la media se sitúa en 1.511,82 euros, una cantidad también inferior al salario mínimo. La brecha acumulada durante la vida laboral, por tanto, no se corrige con la jubilación, sino que se traduce en pensiones más bajas y perpetúa el riesgo de empobrecimiento de las mujeres.
La feminización de la pobreza no es casual ni inevitable: es el resultado de un sistema que perpetúa la desigualdad de género, una dinámica estructural que condiciona el día a día de muchas mujeres a lo largo de toda su vida. Combatir este fenómeno exige políticas públicas con perspectiva de género que garanticen salarios dignos, corresponsabilidad en los cuidados, estabilidad laboral y conciliación familiar, así como mecanismos efectivos de redistribución y protección social.














