¿Por qué Laporta dicta ahora las portadas de Mundo Deportivo y Sport?

Bluesky
Joan Laporta gobierna el Barça con un estilo dictatorial.

La obsesión por el control mediático del laportismo no es hoy tan preocupante como su propia eficiencia, hasta el punto de que el aparato de alienación que hoy integran Gabriel Martínez, el nuevo dircom, el periodista Jordi Finestres, enfermizo controlador, y Jordi Cuminal, el tenebroso hombre de la dark web laportista, produjeron las portadas del pasado jueves de Mundo Deportivo y de Sport.

Desde este engendro corporativo que, básicamente, se dedica a la maquinación y la manipulación, utilizando el servil periodismo actual a su antojo y manejando como títeres a Santi Nolla y Joan Vehils, se hizo acopio de un material informativo muy concreto, imágenes antiguas de equipos del fútbol base azulgrana en el que aparecían Lamine Yamal, Pau Cubarsí y Marc Bernal en edad alevín, cadete y juvenil, los tres nacidos en 2007 y los tres protagonistas del partido del martes de Copa en el que el equipo de Hansi Flick no fue capaz de remontar el 4-0 de la ida de las semifinales en el Metropolitano.

Oportunas y troqueladas fotos que, envueltas en un conveniente relato sobre el extraordinario futuro que les aguarda -los tres ya son líderes de un equipo de elite con 18 años- ofrecieron a los lectores y al barcelonismo en general una dulce resaca, feliz, entusiasta y morbosamente esperanzadora de un revés deportivo que si se consumó en el Spotify fue porque el mismo equipo que realizó una exhibición ofensiva el martes había caído estrepitosamente en la ida el 12 de febrero pasado. El mejor partido en casa no fue suficiente para enmendar el peor en una salida esta temporada.

Pero lo que preocupaba de verdad al tridente (Martínez, Finestres, Cuminal) responsable de que la figura napoleónica de Laporta siempre luzca victoriosa o, como ahora en caso derrota, desaparezca de la escena, era distraer a los socios de la verdadera trascendencia de la frustrada remontada, inevitablemente dolorosa, y poner el foco en cualquier otra cosa que no fuera la resaca del KO, precisamente en un día en que, se sabía, Joan Laporta no iba a poder presumir, ni de lejos, de haber conseguido un volumen de avales tan insuperable como en las primarias electorales de 2021.

El éxito del totalitarismo laportista, en cualquier caso, descansa en aplicar rigurosamente el manual del perfecto dictador, nada al azar, no dejar pensar al socio y, si es posible, como en los reportajes gemelos de los niños Lamine, Cubarsí y Bernal del jueves pasado, imponerles un pensamiento concreto y hasta un estado de ánimo, reconfortante y de bienestar tras perder la eliminatoria.

Seguramente es otro exceso del laportismo la necesidad -ansiosa y desproporcionada- de controlar y manipular la opinión pública barcelonista hasta el extremo de diseñar el contenido y la línea editorial de las portadas de Mundo Deportivo y Sport el día de reflexión tras perder la posibilidad de perder un título, un episodio por otra parte común y asumido por cualquier afición como lo que verdaderamente es, una derrota a digerir sinn dramatismo, pues al fin y al cabo sólo es fútbol.

Menos para Laporta y su equipo, que no pueden permitirse hoy que otro presidente pueda llegar tras las elecciones, abrir los cajones y mostrar a los socios la auténtica realidad del club. Temerle a Víctor Font como demuestran estos tics de república bananera, si de verdad el laportismo está tan seguro de su obra y su gestión son inigualables, es indicativo de que se juegan mucho más que el honor y la ilusión de cualquier barcelonista por dirigir su club con la exclusiva finalidad de fortalecerlo deportiva, económica y patrimonialmente.

En el otro extremo, cercano y doméstico, puede leerse el análisis, aunque desde la decepción y el lógico disgusto -pasajero- del periodista Xavi Bosch bajo el título ‘La necesaria autocrítica del Barça tras la eliminación copera’:

“El Barça se quedó a dos goles de la final de Copa. Los jugadores lo dieron todo ante el Atlético y se llevaron la ovación por el intento. Vale. Ayer el 3-0 se vivió como una dulce derrota, pero hoy es una amarga victoria porque no sirvió para llegar a la final. En La Cartuja estarán los de Simeone. Para no volver a la perversa nube de la autocomplacencia, quizá hay que decir cinco cosas por su nombre.

  1. El Barça tenía la vuelta en casa y tiró, entero, el partido de ida. Hacía 73 años que el Barça no perdía 4-0 al descanso. Y suerte de Joan Garcia, que salvó una al primer minuto, y que Koundé sacó otra bajo palos cuando al minuto 22 ya se perdía por 2-0. Se repetía la historia de la ida de semifinales de Copa de un año atrás, en que el Atleti marcó dos goles antes del minuto 5. Y dijeron que no pasaría más. Y en semifinales de Champions, ante el Inter, de nuevo lo mismo: gol de Thuram en el primer minuto y 0-2 de Dumfries en el 20. Un año más tarde se ha repetido la misma historia que obliga a jugar a remolque y a la heroica el resto de eliminatoria.
  2. Ante el Atlético, a dos encuentros, el Barça ha sido incapaz de marcar un solo gol de jugada en más de 180 minutos. Muy bien en los córners, pero más allá de los postes de Fermín en el Metropolitano y el Camp Nou, nadie pudo exigirle mucho a Musso.
  3. Flick tiene que cambiar a quien quiera cuando lo considere oportuno. Le preguntó a Pedri y dijo que no. A menudo lo hace con Lamine Yamal. Mal.
  4. Está bien, puntualmente, poner a Araujo de 9, a la desesperada. ¿Pero 20 minutos seguidos, desde que entró al campo? Raro.
  5. Esa intensidad y ese ritmo, ¿por qué no lo pone siempre el Barça? Su Bayern sí lo hacía… y nos metieron ocho”.

Se le pasará, claro, siendo igual de consciente de que los Lamine Yamal, Pau Cubarsí y Marc Berna, encarnan el futuro del Barça gracias a la Masia de Josep Maria Bartomeu. Lo demuestran esas fotos de su etapa de formación en el Barça, felices y perfectamente atendidos, bajo otra presidencia que no regateaba, como ahora hace Laporta (30% menos desde que llegó) inversión en la Masia.

Más preocupado estaría Xavi Bosch si el equipo del futuro lo tuviera que construir Laporta con los pésimos resultados económicos de su gestión, incapaz de inscribir un solo jugador desde hace cuatro años con recursos propios y sin trampas contables.

 

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