La vicepresidenta institucional Elena Fort parece seguir viviendo alejada de un club que una vez fue de los socios, el Barça, pero que ahora, bajo el mandato de Joan Laporta, supura un totalitarismo que no sólo ya es irreversible, sino que los propios votantes están dispuestos a refrendar el próximo 15 de marzo con una clara apuesta por el continuismo.
Que Elena Fort siga siendo la única mujer de la directiva estos últimos cinco años y haya quedado relegada al papel de jarro decorativo, reutilizada por las mentiras sobre el Espai Barça, por ser grosera y mal educada con cualquier socio que intente dialogar o participar, para difamarlos y criminalizarlos si son de la grada de animación y para engañarlos con una promesa de reforma estatutaria -cinco años parada por su expresa voluntad– es otro .rasgo significativo del bajísimo perfil directivo actual, bufonesco y servil.
Elena Fort, además de ser otro personaje del que tampoco se sabe muy bien cómo se gana la vida y que su pareja también milita en las comisiones del club. -otro submón donde no se repara en gastos a favor de la comodidad, confort y servicio a sus miembros- se ha convertido en el paradigma de alguien que, como mujer barcelonista, no ha reivindicado una cuota femenina más alta en la junta, cuando menos un poco más cercana al 26% actual de socias del Barça, y ha tenido que empaparse toneladas de tuizo sanguinarios y radicales contra las directivas de Sandro Rosell i Josep Maria Bartomeu por sus relaciones con países árabes.
Además, ahora le toca convivir, después de haber dejado en algún trastero su dignidad, su orgullo, su feminismo y sus ideales, con un presidente que, además de echar a Messi, Unicef y Acnur, sólo siente una atracción extrema para los países del mundo con el peor ranking democrático, tipo el Congo RD, Samoa o Kirguizistán, y que si pudiera se instalaría en Dubai, Doha o Riad. La vicepresidenta, en definitiva, ha aceptado su nuevo rol de ser la última en este extraño eran de Laporta.
Mensaje a los socios
Aún más miedo que causa su propio y lamentable aferramiento al cargo es el mensaje que está enviando a los socios en las entrevistas de campaña en las que ha llegado a afirmar que «vamos a salvar al club prácticamente de la desaparición» y que «hemos sido capaces de revertir una situación económica catastrófica», un relato en la misma línea de su presidente que, como ella, es ajeno a los mismos números que obligan a los socios a aprobar en la asamblea, con 150 millones de pérdidas acumuladas en los dos últimos años.
A partir de este punto de partida, todo se vale hasta no asegurar que la totalidad de los socios pueda volver a su propio estadio, ni mucho menos cuándo. «El objetivo es que los socios y abonados vuelvan a estar en casa -ha dicho insinuando que puede ser a largo plazo-. El tema de las fechas es complicado. A final de año la tercera gradería debería estar terminada… (el tema de la cubierta también se va retrasando sin descartar el retorno a Montjuïc)».
Con cambios porque tampoco está garantizado el asiento libre, sobre el que augura complicaciones. «Es un elemento importante, pero hay que ver si es viable o hay que hacer un replanteo. Primero, tenemos que volver todos; entonces se matizarán cosas», entre ellas la reubicación de los abonados.
Sobre la grada de animación, espacio social en el que ha jugado el papel de malo -muy a gusto, por cierto-, se desentiende, o al menos lo deja entender, de este presunto retorno al formato de Montjuïc según ha trascendido por parte de los grupos expulsados tras reunirse con Alejandro Echevarria, el facha, como interlocutor. Ella no se ha movido de donde lo dejó, es decir, en otro punto muerto. «El nuevo Spotify Camp Nou -afirma- requería un nuevo concepto de grada y se ha hecho un nuevo espacio específico. El club siempre ha querido tener este espacio de animación, con gente que no ha podido entrar en el estadio, tenemos muchos jóvenes en lista de espera. Hay que encontrar el equilibrio».
Malas noticias para Penya Almogàvers, Nostra Ensenya, Front 532 y Supporters Barça tras abortar su acto de presentación de 10.000 firmas a favor de la recuperación de su espacio en el Spotify. El cuñado lo detuvo con promesas que seguramente no podrá cumplir y todo apunta a que tampoco se les podrá dejar entrar el día 3 de marzo en la operación remontada de Copa. No hay entradas básicas a la venta ni expectativas de licencia -más bien va para largo- ni solución que no vaya a provocar un cisma interno. Los han engañado, otra vez.
Reforma estatutaria
Como a los socios del Barça a los que se les prometió una reforma estatutaria y han pasado cinco años esperando sentados. Según su punto de vista personal, «el socio del Barça tiene todos los resortes para participar: para empezar, vota un presidente y participa en las asambleas. Las asambleas -dice- deben ser participativas al máximo, y ya lo son. La asamblea telemática no es menos participativa, sino mucho más y en el futuro debe ser un formato híbrido: quien quiera conectarse a que se conecte y quien quiera venir que venga. Pero en un plan de contención de gastos la diferencia entre presencial y telemática era muy grande».
Es decir, que según la vicepresidenta institucional del FC Barcelona, con 432 millones de euros de gastos de estructura -demasiado salarial deportiva al margen- no hay dinero para la democracia y sí para las comidas de la junta y de los miembros de las comisiones que, como los de la comisión de la memoria histórica, que ella misma preside y en que su pareja forma parte de ella, han resuelto borrar el nombre de Josep Suñol de la Llotja del Spotify Camp Nou.
Para este tipo de actividades sí hay fondos, concluyendo que el club no debe respetar la voluntad de la familia del presidente del Barça fusilado en la Guerra Civil de mantener la grafía del apellido con «ñ». «El Barcelona considera que no hay que ultrajar la memoria del presidente fusilado y aquí no nos hemos puesto de acuerdo», argumenta insólitamente quien se ve sometida al mando y el poder que su presidente Laporta ha concedido a su cuñado, el facha, Alejandro Echevarria, miembro de la Fundación Francisco Franco.
Laporta y Fort, en definitiva, sostienen que las asambleas telemáticas son más baratas y más democráticas y que no hay dinero para gastar en asambleas presenciales.
Es la misma directiva que también ha decidido ahorrarse un 30% del gasto en La Masia porque la tesorería es precaria, que no es capaz de llegar al 1:1 por fichajes porque los ingresos no dan ni para una incorporación anual (Olmo y Joan Garcia no están inscritos vía margen salarial, sino por imposición dictatorial del CSD y por lesiones) y que tampoco encuentra fondos para el Espai Barça porque Limak se va a llevar a cabo. comerá 1.450 millones en retrasos y ñandillas diversos, junto con 1.500 millones más en intereses.
Además, la deuda ordinaria crece y crece, los balances son para ponerse a llover y las pérdidas se acumulan año tras año.
Cuesta entender que ellos hayan «salvado al Barça» y las claves de esa «recuperación económica» de la que presumen, los dos conceptos que más repiten en esta campaña para conquistar el voto de los socios.
Dicho esto, se gastan 432 millones en agua, luz y abrir el estadio y 534 millones en la plantilla, 965 millones en total, y la prioridad es cumplir con las comisiones de Darren Dein por el contrato de Nike que, por cierto, garantizaba volver a la regla 1:1. Y así todo.










