El expresidente azulgrana y candidato a la reelección, Joan Laporta, presentó el lunes el mejor libro de ficción del año bajo el título Así hemos salvado al Barça (Ara Llibres). No será un best seller porque los socios del Barça, al menos los que tienen la intención de votar a Laporta mayoritariamente el 15 de marzo, hace tiempo que han dejado de leer o, cuando menos, han perdido la capacidad de procesar a través de la lectura un enfoque objetivo, crítico y analítico sobre todo lo que se publica, se dice o se relata de fuentes solventes y fiables sobre la gestión de Laporta. Si no fuera así, claro está, no le apoyarían en su intento de agotar el máximo de su mandato permitido por los estatutos.
La presentación de Así hemos salvado al Barça ha sido, en conjunto, un acto más de cinismo y de tomadura de pelo a los socios. Eso sí, envuelto en la vis cómica de su única aportación real a la obra, consistente en posar por la foto de portada como obrero enfadado de Limak. Lo de ‘obrero de Limak’, porque como presidente nadie se desvela más que él a favor de la constructora turca y lo de ‘enfadado’, porque no es menos evidente que como ‘empleado’ subrogado del Barça a través de su departamento de recursos humanos no hay trabajadores en Cataluña más puteados que los de Limak, víctimas de una política sistemática y descarada de abusos y explotación laborales.
La editorial y el escribano del pseudopamfleto laportista, Josep Maria Fonalleras, también pasarán a la historia cuando llegue su momento, ya que publicar y firmar un cuento como este, que desafía la ética, el rigor y la vergüenza profesional, en contraste con la realidad de un club al que Laporta ha hundido desde el punto patrimonial, social, económico, financiero. y al que, además, ha arrebatado sus valores, su identidad y, de hecho, el modelo de propiedad y de participación a lo largo de ciento veintiséis años de historia, es algo con lo que tendrán que vivir para siempre cuando se destape el pastel.
Laporta no sufrirá, por el contrario, ningún cargo de conciencia para suscribir tal compendio de mentiras en un día como el pasado lunes, donde el libelo laportista llevo una curiosa batalla contra el efecto de la querella contra Joan Laporta y varios miembros de su junta por cargos desgarradores.
Sin adentrarse en las acusaciones sugeridas en la querella presentada ante la Audiencia Nacional, en esta jornada de gloria, devoción y exaltación de la figura del presidente del Barça, pero sobre todo de su obra, no se habló, por descontado, de la crisis crónica del Barça de baloncesto, un ejemplo más de esta ‘salvación’ de las secciones que sin duda no figura en el libro.
Tampoco se habló del regreso de la Grada de Animación, cuyos miembros han sido vejados, acusados injustamente de disturbios y expulsados del club hasta que, de repente, ante el miedo de caer en la Copa, Laporta les envía su cuñado, el facha, a un rescate desesperado, no porque haya dejado de odiarlos con toda su alma, sino porque habían reunido un documento con 10.000 firmas (miles de votantes incluidos) a favor de la recuperación de la Grada de Animación en el formato. de Montjuïc, es decir, con la participación y el protagonismo de los grupos históricos a los que Laporta excomulgó con su demostrado totalitarismo.
Tampoco se habló del patrocinio de Dubai, el presunto sustituto de Acnur en el dorso de la camiseta que fue preanunciado electoralmente para deslumbrar a los socios y aplastar a la oposición, y que tenía que aportar 10 millones de euros anuales para construir una ciudad del Barça en algún punto de los Emiratos. Este patrocinio cayó porque justo en la negociación de los siervos, es decir, de las comisiones, surgieron desavenencias insalvables.
Ha sido otra de estas promesas volátiles, puro humo, como la mayoría de las que salen de la boca de Laporta, incluida, por ejemplo, la apertura del resto de la grada del Spotify Camp Nou, la Fase 1C, también anticipada por la junta para finales de enero.
Excusas
Ahora, nuevamente, el discurso del presidente se centra en acusar exclusivamente del retraso en el Ayuntamiento de Barcelona y de hostilidad al Barça con el fin de complicarle el partido de vuelta de la Copa. Laporta busca, cuando menos, poder culpabilizarlo si el día 3 de marzo el ambiente no es suficiente para remontar la eliminatoria. El Ayuntamiento y la prensa no se atreven, pero, ni remotamente, a sugerir que los dos años que ya arrastra la reforma del Camp Nou podría estar relacionada con los guiños tan habituales de Limak.
En definitiva, que el rastro de esta supuesta salvación del Barça se pierde rápidamente si un barcelonista intenta encontrarla más allá del ruido mediático, del relato oficialista y de la superficie en las redes sociales.
El barco hace tiempo que se ha hundido por muchos libros que se editan diciendo lo contrario. Sólo hay que leer la memoria económica y el informe del auditor del ejercicio 2024-25 para ser víctima de un insomnio incurable. La memoria se puede encontrar, a diferencia del recientemente editado Así hemos salvado al Barça, del género de ficción, a la sección de terror/monstruos.











