Los juegos arbitrales de Florentino Pérez empiezan a desquiciar a Laporta y a Flick

La revolución en el CTA y en el VAR, forzada por el Madrid el verano pasado, sugiere que el poder blanco ha vuelto loco.

Joan Laporta, Hansi Flick, los jugadores y el propio club han pasado esta temporada de un discurso de respeto institucional hacia los árbitros a una línea claramente beligerante, con quejas públicas muy duras y una carta formal a la RFEF la semana anterior, detonada por lo que pasó en el Metropolitano y acumulada con otros episodios previos que, además, ha terminado de explotar debido al gol que propició la derrota en Girona este lunes.

Más allá de si la aplicación del reglamento, los tics del VAR y de la tecnología del fuera de juego semiautomático han perjudicado al FC Barcelona en los dos últimos partidos, resulta evidente que ha cambiado radicalmente la postura y las reacciones de directivos, técnicos y jugadores azulgrana en relación con el estamento arbitral.

Lógicamente, Laporta no ha perdido la ocasión de reforzar sus «claims» electoralistas señalando que el «gol mal anulado» a Pau Cubarsí en la Copa y otro anulado a Lamine Yamal en Anoeta son la señal inequívoca de que «llueve sobre mojado», que «nada es inocente» y que el Barça debe «luchar contra todo y contra todo el mundo».

Nada que ver con el relato de meses atrás y sobre todo de la temporada anterior cuando el presidente del Barça mostraba una posición corporativa de respeto hacia los árbitros, colectivo al que había que proteger y garantizar su independencia. Es decir, en dirección contraria al afilado, sistemático y generalizado ataque de Real Madrid TV, estandarte y brazo armado del club blanco en su croata para recuperar aquel cotín de puntos que, de manera regular e histórica, le ha ayudado a ganar ligas.

El caso Negreira fue el detonante que activó la televisión madridista en esta guerra sin cuartel, con Florentino Pérez, el presidente del Real Madrid, haciéndose el desentendido hasta hace poco.

La presión madridista llegó al máximo punto de tensión en la previa de la final de la última Copa del Rey, finalmente disputada tras un amago de retirada del Real Madrid y una penosa y desafortunada reacción arbitral que dio argumentos al presidente de la RFEF, Rafael Louzán, para revolucionar la estructura del Comité Técnico de Árbitros.

A Luis Medina Cantalejo, presidente hasta entonces del Comité Técnico de Árbitros, junto con Carlos Clos Gómez (responsable del VAR), Antonio Rubinos Pérez (adjunto), Vicente Lizondo Cortés, Bernardino González Vázquez y José Luis Lesma López les cortaron la cabeza, sustituidos por otro equipo liderado por Fran Soto como nuevo presidente del CTA, con Fernández Borbalán como responsable técnico de árbitros y colaboradores. Prieto Iglesias al frente del VAR.

Sin reacción

El Barça, es decir Laporta, no emitió una reacción oficial inmediata ni crítica pública ante este relevo total, optando por un silencio inicial que los propios medios barcelonistas interpretaron como señal de cautela y de expectativa positiva.

Las designaciones arbitrales pasaron a publicarse sólo un día antes del partido (antes eran dos), para reducir la presión mediática, y se introdujeron criterios públicos de evaluación (física-técnica 15%, oficial informador con IA 45%, TV observer 20%, comisión técnica 20%) y uso de IA supervisada para clasificaciones. También más acceso a los audios y la nevera como castigo tras una revisión pública de los errores o jugadas polémicas en cada jornada.

A la hora de la verdad, sin embargo, ha pasado lo de siempre. Que los errores o decisiones arbitrales son los que marcan y definen la postura de los clubes, en el caso del Barça para darle la vuelta a su aparente distancia institucional y el acatamiento con la máxima deportividad al trabajo de los colegiados.

Una jugada en el Metropolitano lo hizo saltar todo por los aires, incluso el flegmático presidente-títere Rafa Yuste lo calificó de «vergüenza», para luego firmar una carta formal a la RFEF y al CTA en la que el Barça denuncia «decisiones dispares» ante acciones idénticas, «falta de coherencia en el criterio disciplinario», «doble vara de medir». errores reiterados «determinantes y en perjuicio del Club» y dudas sobre el uso del VAR y la transparencia de sus audios, reclamando incluso sanciones para árbitros que se equivoquen y exigiendo «igualdad de trato».

Designación polémica

El CTA y el VAR le respondieron con otra designación pérfida del árbitro César Soto Grado, bestia negra del Barça, para el Girona-Barça y con una jugada más que controvertida, no revisando una pisada de un contrario a Koundé que favoreció la elaboración del segundo gol local y la derrota azulgrana, segunda seguida en solo cinco días.

En este contexto, que coincide con un cambio de la geopolítica del Madrid, renunciando a la Superliga y empezando a soñar con los arbitrajes en la Liga, el Barça parece ser víctima de un cierto estado de preocupación, sin llegar al pánico, como si temiera una instrumentalización de los arbitrajes en su contra con el fin de frenar la maduración de la generación de Lamine Yamal.

Quien peor lo lleva es Hansi Flick, que también ha enterrado su anterior estado contemplativo con los árbitros, dejando paso a un Flick desconocido y nervioso que, rápidamente, se ha sumado a la teoría de la conspiración porque también es una manera de explicar y justificar la concatenación de tropiezos en Copa y Liga, con resultado de una semifinal de vuelta muy cuesta arriba y la pérdida provisional del liderazgo.

Laporta es lo que ahora mismo no puede permitirse una bajada del equipo y una eventual mala racha de resultados en plena campaña electoral, sabiendo que su principal voto proviene del marcador.

Es prematuro aventurar que esta situación vaya más allá de lo coyuntural, ya que la calidad del equipo azulgrana está fuera de duda y los vaivenes en lo más alto de la tabla forman parte de la normalidad competitiva.

No es un momento delicado si Laporta, que sigue presidiendo el día a día, pone experiencia y oficio. Pero, de seguir por este camino, exagerando la culpa arbitral muy por encima del rendimiento a la baja del equipo de las últimas semanas, quizás a Florentino Pérez le acabe saliendo bien la jugada. Y de momento parece que todo va según lo previsto o incluso mejor si Hansi Flick sale demasiado tocado de esta crisis.

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