Flick también es víctima del aparato manipulador y totalitario de Laporta

Lo han instruido, perversamente, sobre la necesidad de 'estabilidad' para pedir el voto a favor de su presidente cuando, en realidad, nadie ha sufrido más que él los despropósitos, caprichos y atrocidades de una gestión en la que no ha parado de tener sustos.

A Hansi Flick, un personaje tan eficiente y concentrado en su único y principal objetivo, el de entrenar satisfactoriamente al primer equipo del FC Barcelona, alguien de muy arriba le ha insinuado que, ante cualquier pregunta de la prensa relacionada con las elecciones del próximo 15 de marzo, utilice como argumentos a favor dos conceptos. Uno, perfectamente comprensible, el de «cuanto antes», y el otro, el de la conveniencia de la ‘estabilidad’ como consecuencia directa del escenario deseado por él mismo, e implícito en el contexto de su relato, que no es otro que la victoria de Joan Laporta en las urnas.

Es una reacción lógica y un posicionamiento natural porque Laporta es el presidente que le ha dado la oportunidad de entrenar a la segunda generación de oro de La Masía, con Lamine Yamal como primera figura mundial y estrella de un blog de casa con un potencial infinito.

Lo bueno de Flick, sin embargo, no se ha parado a pensar ni a madurar lo suficiente —aunque en el fondo es mejor que no pierda el tiempo en eso— el hecho de dar por seguro que con Laporta el Barça ganará en este concepto tan ambiguo como es la ‘estabilidad’, analizada desde la perspectiva azulgrana.

Primero, y no es un reproche a Flick, sino a quien le pone en la cabeza esta respuesta como si fuera ingeniosa, evasiva y equilibrada, que la costumbre democrática de votar y escoger la junta del Barça por parte de los socios y propietarios del club no desestabiliza a nadie. Al contrario, es un derecho fundamental, estatutario y garante de la libertad de expresión y de opinión que, además del deber estatutario de salvaguardarse, puede y debe ser ejercido en cualquier circunstancia y momento sin ser, en ningún caso, motivo o causa de alteración de la vida institucional, mucho menos de las obligaciones de sus empleados, que lo son del Barça y no de la directiva.

Asentada esta base, Flick es, de largo, el alto cargo actual del club que menos puede asociar Laporta y su gestión con el término ‘estabilidad’, ya que la mayor parte de los despropósitos financieros, económicos, patrimoniales, estructurales, organizativos del presidente, además del amiguismo y el nepotismo dominantes, han afectado a su complicado día a día, incluso antes de su aterrizaje en el Camp Nou.

El propio Flick pudo comprobar cómo se las gasta Laporta, ya que el mismo día que le llamó a Alemania para confirmar su fichaje, por la noche renovaba Xavi Hernández en la penúltima pirueta de un entrenador que ya había anunciado su controvertida renuncia meses antes y que, en la desesperación final, intentó un doble mortal tan funesto como su fichaje, siguiendo Laporta el no menos pésimo instinto de Víctor Font de confiar en la figura pusilánime y desorientada de Xavi como primer entrenador.

Promesa de refuerzos

Después, lo que se encontró Hansi Flick fue el frustrado fichaje de Nico Williams —era un engaño—, la amenaza de renovar las cesiones de Cancelo y Joao Félix, de imponerle Vítor Roque y encontrarse solo ante el peligro con una plantilla de niños para comenzar la pretemporada, eso sí con la promesa de refuerzos de primer nivel, que al final se redujeron a Dani Olmo, a quien tampoco pudo alinear en las primeras jornadas de Liga para tener el margen salarial sobrepasado de largo.

Por suerte, la herencia de Bartomeu y de la Masía —de Pedri a Cubarsí, pasando por Lamine Yamal— combinada con el peor Madrid de Ancelotti, definitivamente desposeído de su chasis ganador, Kroos y Modric, se aferró a un liderazgo en Liga que sólo peligró cuando, otra vez, la negligencia laportista casi dejó a Olmo fuera de combate para siempre a partir del 1 de enero de 2025.

Hoy, Olmo todavía juega gracias a un decreto de La Moncloa, pero no porque Laporta haya conseguido resolver los mismos problemas de fair play que, por ejemplo, este año casi impiden el debut e inscripción de Joan Garcia. Tuvo suerte de la lesión providencial y celebrada de Ter Stegen, de larga duración, para evitar otra situación ridícula y de mayor alcance, lo que no evitó la vergüenza de abrirle al portero alemán un expediente sancionador y quitarle los galones de capitán para hacerlo pasar por el tubo y que varios jugadores tampoco pudieran ser alineados, con la Liga comenzada, hasta que Laporta y su junta pusieron un aval personal para poder tramitar sus licencias.

Además, Laporta asestó a Flick una vez traidor e inexplicable con la extraña y sospechosa carta de libertad otorgada a Íñigo Martínez en plena gira de verano, que no pudo empezar peor.

Hay que añadir, a la tolerancia de la directiva con la fiesta de cumpleaños de Lamine Yamal la víspera del primer día de trabajo, la cancelación del primer amistoso y la delirante secuencia de anular el viaje, más el cambio brusco de planes al día siguiente y la aventura de ir jugando al Johan Cruyff porque nadie había previsto que Montjuïc no estaba disponible para empezar la temporada, ni siquiera para el Gamper.

Por no hablar de la maniobra engañosa que le hizo Laporta tras prometerle Luis Díaz, otra distracción para enmascarar que desde hacía meses el fichaje de Marcus Rashford estaba decidido por sobre la opinión del técnico alemán.

La vida de Hansi Flick en el banquillo azulgrana se ha convertido en un carrusel de asombro y de traumáticas sorpresas diarias, no sólo por las deficiencias e incidencias continuadas, internas y directas, con afectación a su trabajo y recursos.

El equipo se ha quedado sin Grada de Animación, debe soportar las críticas continuas derivadas del caso Negreira y el mal ambiente de muchos socios porque les asignan las peores entradas o, directamente, les desaparecen a miles porque, como en el partido contra el Alabès, se descontrola la reventa entre sospechas de fraude y de overbooking.

Le afecta también, de una manera u otra, la mala imagen de la multa de la UEFA por incumplir sistemáticamente las normas de control económico, la supresión de los derechos de los socios, especialmente los asamblearios, y los numerosos escándalos financieros en torno a la figura de Laporta, sea por palancas fraudulentas, que les ha impedido reforzarse y presentarse a jugar la temporada 2025-26 con solo 23 fichas, o por las cuatro querellas por estafa contra el presidente Laporta y también el vicepresidente primero Rafa Yuste.

El anuncio de elecciones, que lo tenga claro Hansi Flick, es el menor de sus problemas, ya que su figura es indiscutible ni entrará en campaña y, en todo caso, si Laporta no ganara —difícil porque también él mismo pide el voto para su continuidad— es muy posible que el vestuario se beneficiara de verdad, y finalmente, de una estabilidad real y se liberara de las continuas injerencias y despropósitos personales de Laporta como la urgencia por cerrar Rashford y el fichaje de Joao Cancelo, refuerzos que nunca pidió.

Incluso es posible que se planteara aceptar la oferta de ampliación de contrato propuesta por Laporta que, pese a todo, Hansi Flick no ha firmado ni tiene la intención de hacerlo.

Flick, como única advertencia a su impecable actitud, debería dar la imagen de alguien que acepta, a diferencia del discurso y mecanismo totalitarios de la directiva que le rodea, que también los socios que no votan Laporta son igual de barcelonistas que el resto. Sólo eso.

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