Releer y repensar. Otra vez esas funestas manías. Muy atrás queda el medio siglo de trabajo y cotización a la seguridad social, con alguna contribución a la lucha obrera.
Vivienda asegurada, pensión razonable, sistema de salud que atiende según necesidades y se financia según posibilidades tributarias, servicios sociales aún mejorables, entorno municipal de paz y bienestar, la economía —dicen— va bien. El octogenario debería sentirse tranquilo y confiado, sus hijos ¿mejorarán su jubilación e impedirán que se la arrebaten?
Durante la transición creyó que no volvería a sufrir un régimen tirano. Se sintió liberado, dejó de ser beligerante, bajó las defensas, limitó su imaginación y descuidó la puerta. Entreabierta puede colarse la alienación y la sumisión. Le abruma un entorno, que dista mucho de aquel que soñó. La libertad se prostituye al equipararla a la ley del más fuerte y se banaliza con las cañas de cerveza madrileñas. Se culpa a los más desamparados del desasosiego ambiental.
La configuración actual de la inteligencia artificial generativa retrocede a la caverna. Se recopilan datos para vigilarnos y manipularnos en comercio y política y se pretende una IA cognitiva que nos sustituya por humanoides, no para ayudarnos, incapaz de comprender sentimientos, intuiciones, empatía o derechos humanos. En esa caverna se proyectan las sombras de sus algoritmos.
Repaso las veinte lecciones SOBRE LA TIRANÍA de Timothy Snyder. Aristóteles advirtió que la desigualdad genera inestabilidad; Platón señaló que los demagogos usan la libertad de expresión para erigirse en tiranos. El Estado democrático se fundó en el Derecho, con frenos y contrapesos, para impedir que un individuo o grupo se apropiara de lo común en beneficio propio.
Empero, grupos financieros, tecnológicos y otras multinacionales civiles y militares, promueven el autoritarismo, impulsan el declive social, ponen en entredicho las expectativas de progreso humano y hacen que la democracia parezca incapaz de resolver los problemas. Obtienen el poder efectivo influyendo en las elecciones —como en Argentina o Chile— o mediante la violencia —como en Venezuela, Ucrania o Palestina.
Cuando el poder autoritario se legitima con apariencia democrática, suelen surgir individuos que coadyuvan a la acción represiva, incluso con más crueldad, sin que nadie se lo pida. Si otros ciudadanos contemplan los desmanes con indiferencia o regocijo, la tragedia está servida. Para que el mal triunfe basta con que los buenos no hagan nada.
En Badalona unos vecinos impidieron que la Iglesia diese cobijo a migrantes desvalidos que, en vísperas de Navidad, bajo lluvia y frio, habían sido desahuciados por la acémila que tienen de alcalde. Algunos de esos mismos descerebrados celebraban el Belén, que conmemora el nacimiento de un niño —hijo de emigrantes de piel oscura— que tuvo que compartir el pesebre de una mula y un buey porque nadie les dio posada.
Feijoo, Abascal y Ayuso van más allá de Trump, le rinden vasallaje, obvian el derecho internacional y se lanzan a aupar a opositores al gobierno de Venezuela a los que desprecia el mismísimo Trump, mientras le rinden pleitesía y le ofrecen medio premio Nobel de la paz. PP-VOX tratan de disimular su desconcierto cambiando el foco con reproches infundados al gobierno español que se ha comportado con dignidad.
El desbarajuste al que conduce el tecno-feudalismo, lucrado con arriendos en la nube, franquicias y vivienda, pretende prescindir de instituciones públicas —sindicatos, justicia, prensa libre, universidades— privatizándolas para el negocio. Evitar que las destruyan o las conviertan en simulacro de lo que fueron o de lo que deberían ser es condición para llevar una vida digna y conservar la decencia. Solo se sostendrán si las defendemos y participamos constantemente.
Por eso hay que votar en todas las elecciones. La abstención, por muy defraudado que se esté, solo favorece a los autoritarios. Un partido político regresivo, envalentonado por victorias electorales, actuará con una combinación de espectáculo, represión y eliminación de contrapoderes, mientras desvía el foco y distrae a la mayoría.
Si los muy ricos, por medios legales o corruptos, financian a partidos y campañas electorales, llegarán a controlar el poder ejecutivo, el legislativo y el judicial. El siguiente paso es debilitar la democracia para que la oligarquía conserve el poder e incremente las desigualdades con la globalización. USA es ejemplo paradigmático.
En ese contexto, el compromiso profesional y las buenas prácticas laborales adquieren máxima importancia. Parafraseando al filósofo: yo soy yo y mi trabajo. Un Estado regido por el imperio de la ley es impensable sin buenos abogados, fiscales y jueces imparciales. Médicos, albañiles, ingenieros, carpinteros, periodistas, mecánicos, economistas…, guiados por la ética profesional generan confianza y evitan que el “cumplir órdenes injustas” repita lo peor de la historia. Los autoritarios necesitan funcionarios obedientes y empresarios interesados en mano de obra sumisa, barata y con conocimientos suficientes para adaptarse rápidamente a los puestos de trabajo simplificados y desprofesionalizados.
El monopolio de la violencia corresponde al Poder Público de acuerdo con la ley. Si fuerzas paramilitares de extrema derecha se infiltran en la policía y en el ejército, la seguridad se delega en empresas privadas autorizadas a usar la violencia, gestionar las cárceles y contratar mercenarios. Cuando el sistema operativo para la inteligencia militar, la logística y los sistemas de personal depende de empresas privadas, las decisiones sobre objetivos y movimiento de tropas se toman mediante algoritmos controlados por un consejo de administración que responde ante los accionistas que velan por sus beneficios, las fuerzas armadas ceden soberanía operativa. Una coalición de empresas, financieros e ideólogos particulares diseña la infraestructura planetaria de vigilancia, coerción y gobernanza sin rendición de cuentas. Eso es el principio del fin de la democracia y la consolidación de la tiranía.
Los estereotipos en televisión y redes sociales atosigan con noticias de “última hora” que se suceden sin pausa, muestran los árboles, pero nunca el bosque. Al limitar el lenguaje se impide ver un marco más amplio que requiere más conceptos que solo se adquieren leyendo.
La confusión entre la verdad y la mentira convierte todo en espectáculo. El dinero aporta las luces más deslumbrantes. Los enredos se presentan como hechos, que se repiten hasta hacer plausible lo ficticio, deseable lo criminal y se verbalice lo inaceptable. Que la realidad verificable y la denuncia de invenciones malvadas y mentiras parezca cosa de inadaptados. Podemos descubrir qué es verdad y qué es mentira con “VerificaTHOR”
Se ofrecen las contradicciones con descaro —bajar impuestos y mejorar servicios públicos a la vez— con el pensamiento mágico que niega la realidad y deposita la fe en la causa o el líder. Los estereotipos se convierten en dogmas cuando se someten a la propaganda de la posverdad y al desprecio de los hechos cotidianos. Consignas y mitos creativos sustituyen historia y periodismo; el ilusionismo se impone a quienes no tienen tiempo de establecer hechos y optan por la fe frente a la verdad.
Se saltan las normas alegando excepciones y sitúan la emergencia en estado permanente. Se sacrifica la libertad en nombre de la seguridad. La tiranía se basa en la gestión del terror: elimina frenos y contrapesos y suprime derechos y libertades. Con eso el supuesto libertador puede ganar las elecciones.
Todo ocurre deprisa, aunque nada cambie. Cada noticia es de última hora y se desplaza por la siguiente como las olas del mar. Se limita el lenguaje y eliminan palabras. Nos quieren atrapados en la pantalla bidimensional e incapaces de situarnos en el marco tridimensional humano.
No hay que rendirse anticipadamente. Se debe usar la propia forma de hablar y evitar las frases hechas, aunque sea para expresar lo mismo. Distanciarse de internet, leer libros, defender la propia visión del mundo.
El nacionalismo muestra lo peor del grupo para proclamarse superiores. El resentimiento hacia los demás carece de valores universales, ni estéticos ni éticos. Preocupase por el mundo real y solidarizarse consigue que un país pueda ser querido y admirado.
La verdad se encuentra en la capacidad de discernir hechos y en la confianza colectiva del saber común. El poder autoritario califica de mentiras lo que no le agrada.
La solidaridad con el marginado es fundamental, aunque no se coincida en todo. Hay que diferenciar vida privada y pública. Somos libres en la medida en que controlamos lo que se sabe de nosotros y cómo se sabe; la privacidad se viola con la electrónica; la información sacada de contexto se falsea. El interés por lo irrelevante convierte a la sociedad en turba.
Ayuda a hacer el bien. Las personas orgullosas de su actividad social y profesional contribuyen a crear civilización. La libertad es poder servir. Si no vives para servir, no sirves para vivir como humano. Mucha gente sirve para mejorar la vida en su entorno, algunos para acumular dinero y hay quien no sirve para nada. Necesitamos reconocer la autoridad de quien podemos aprender y rechazar la que nos obliga solo a obedecer.
Pagar impuestos perfecciona la sociedad, libera de necesidades y de la codicia privada. Hay que actuar en el presente, planear el futuro y operar colectivamente, con dirección y organización, o se vivirá bajo la tiranía del más fuerte.









