Una sentencia a favor de Roures complica aún más la instrucción del ‘Barçagate’

Insólita condena contra Bartomeu por 'enviar' tuits injuriosos, mientras que la magistrada del caso principal archivó la misma querella por la ausencia de indicios de injurias y calumnias, y de vinculación con el expresidente azulgrana

Josep Maria Bartomeu, a TV3

El expresidente del Barça Josep Maria Bartomeu recurrirá la sentencia dictada por el Juzgado de Instrucción número 4 de Barcelona que le ha condenado, junto a Jaume Masferrer, quien fue su jefe de gabinete, a pagar una multa de 6.000 euros por injuriar al empresario Jaume Roures, y a una indemnización de 10.000 euros por daños morales. La resolución ha sorprendido sobre todo a la defensa jurídica de Bartomeu por tratarse de otra de esas tramas procesales con un punto de surrealismo y de asombro por los fundamentos y mecanismos tan poco usuales de la condena, pero que se han convertido en el decorado habitual de la totalidad de las causas abiertas en contra del expresidente azulgrana.

En el caso de la injurias contra Jaume Roures, personaje que juró venganza contra Sandro Rosell y Josep Maria Bartomeu desde el mismo momento que perdió el contrato de los derechos de TV -y otros negocios escandalosamente beneficiosos- que tenía asegurado para Mediapro con Joan Laporta de presidente, se trata de una derivada del Barçagate, la movida judicial sin precedentes en el mundo por el envío de tuits que, curiosamente, ha dejado en ridículo la instrucción que encabeza en el Juzgado de Instrucción número 13 de Barcelona la magistrada Alejandra Gil desde hace seis años por el Barçagate.

En la causa del Barçagate, pese al tiempo transcurrido, los Mossos d’Esquadra aún no han podido aportar, más allá de especulaciones, indicios de la relación directa de Bartomeu con los tuits que son objeto de ambas querellas, estando pendiente todavía la declaración del exmandatario azulgrana ante la jueza a la espera de las conclusiones de la policía judicial, sospechosamente varadas desde los registros en el domicilio, el despacho profesional y las oficinas del Barça, más el arresto carcelario del expresidente, del 1 de marzo de 2021.

En cambio, sorprendentemente, en la sentencia recién conocida «el juez da por acreditado que Bartomeu y Masferrer estaban detrás de la campaña de difamación contra Roures y que esta fue sufragada con dinero del club. Considera probado que el presidente encargó la contratación de los servicios de forma confidencial por parte del FC Barcelona a la empresa I3 Ventures y encargó su seguimiento a Masferrer», según ha publicado La Vanguardia tras tener acceso al fallo.

Curioso que esta querella separada de la parte principal haya resuelto la culpabilidad directa de Josep Maria Bartomeu, que sigue siendo la cuestión clave más allá de que Jaume Masferrer aparezca como el único interlocutor con I3 Ventures, cuyo propietario, Carlos Ibáñez, ya ha declarado repetidamente en sede judicial que fue contratado para monitorear las redes, para reforzar la buena imagen institucional del FC Barcelona y de la gestión de su directiva, y que, por su cuenta y sin cobrar por ello, desde sus oficinas se crearon algunas cuentas, como la dedicada a Jaume Roures, para la detección y evaluación de los bots y otros ataques sistemáticos en las redes contra la junta de Bartomeu.

El caso es que la querella paralela de Roures fue archivada inicialmente por la magistrada Alejandra Gil por no apreciar delito de injurias ni de calumnias, ni un vínculo penalmente relevante entre Bartomeu/Masferrer e I3 Ventures, considerando que los mensajes contra Roures eran «comentarios feos, inadecuados, innecesarios», pero no constituyen injurias graves, y que las injurias leves están despenalizadas, remitiendo en su caso a la vía civil de protección del honor. Además, precisó que en materia de calumnias, muchas acusaciones eran genéricas o vagas (no referidas a hechos concretos), por lo que carecían de relevancia penal y que las imputaciones más concretas se referían a hechos ya publicados en prensa (caso Fifagate, caso 3%, fiscalidad, etc.), de modo que no cumplían el requisito de falsedad subjetiva exigido por la jurisprudencia del Tribunal Supremo para el delito de calumnia.

Dicho de otro modo, ninguna de las alusiones a Roures por diferentes delitos, entre ellos el de corrupción, contenían falsedades. Por esta razón, cuando, a requerimiento de Jaume Roures la Audiencia Provincial rechazó el archivo y reabrió la querella en el Juzgado número 4, con la petición expresa de que pusiera más atención en la denuncia, la tramitó eliminando el delito de calumnias.

En cuanto al resto de la sentencia, que recoge los mismos testimonios que en el Barçagate, Bartomeu y su equipo jurídico consideran que no aporta ninguna prueba razonable ni creíble de la participación ni encargo de Bartomeu sobre los tuits presuntamente injuriosos. El juez sostiene, a diferencia de las razones de trivialidad del archivo libre de la querella, que de esos mensajes «se desprende una intención y una carga ofensiva innecesaria que va más allá de la libertad de expresión y de información. Se trata de expresiones o apelativos insultantes, injuriosos o vejatorios que exceden del derecho de crítica y son claramente atentatorios para la honorabilidad de aquel cuyo comportamiento o manifestaciones se critican, incluso si se trata de una persona con relevancia pública, como es el caso del querellante».

Nada que ver con la conclusión primera de la jueza en el sentido que «no existen indicios» de que Bartomeu y Masferrer contratasen a I3 Ventures para faltar al honor de Roures, que «no cabe presumir» que las órdenes procedieran de ellos y, en cualquier caso, que los hechos «tampoco son constitutivos de delito por lo que acuerda el sobreseimiento libre y archivo».

La reapertura, por otro lado, se basó en la misma declaración ya conocida de un empleado de I3 Ventures sobre que el objetivo de la cuenta de Facebook que gestionaba era crear contenido negativo sobre Roures, hacerlo viral y generar comentarios negativos, y que se remitían informes periódicos a Masferrer. En ningún caso vinculante, a criterio de la jueza del Barçagate, con el presidente Bartomeu, a quien la Audiencia Provincial también sitúa muy forzadamente en el centro de la trama para justificar la reapertura de la querella de Roures. Porque tras la contratación de los servicios de I3 Ventures, Jaume Masferrer le presentó a Carlos Ibáñez a Josep Maria Bartomeu como nuevo proveedor en un encuentro breve, de saludo cordial, meramente protocolario y sin contenido específico sobre los temas profesionales que sí fueron acordados previamente con Masferrer en el ámbito del análisis de las redes sociales y de la mejora reputacional de la directiva.

Para el entorno de Bartomeu también supone un elemento complementario de sorpresa la velocidad endiablada de este proceso presuntamente secundario, tanto como la prevalencia del delito de injurias tras decaer el de calumnias, o que el juez haya dado por juzgada y sentenciada la demostrada implicación y culpabilidad de Bartomeu en los contenidos de las cuentas apeladas por Roures, motivo principal de la instrucción del Barçagate en otro juzgado tan cercano.

También es un clásico de la vida azulgrana desde 2020 que, cuando a Laporta se le avecina alguna complicación en el día a día de su gestión, como que esta semana -el día 16, concretamente- declara como investigado en la cuarta querella por estafa por sus tejemanejes en el Reus, siempre aparece una noticia de esta índole para recordarle al barcelonismo quién es el malo de verdad de la película.

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