Los socios del Barça tampoco serán mayoría en el primer acto de ocupación del Spotify

Laporta les ha impuesto un precio 'solidario' a los que han querido asistir al primer test de público, el preestreno con un entrenamiento del primer equipo, y solo 7.500 han respondido para completar un aforo de 23.000 espectadores

Aficionats del Barça (FC Barcelona)

La feliz idea, tan esperada y tan frustrantemente anunciada, de reabrir el Spotify ha desembocado en un simulacro de acceso, colocación y salida -o sea, de evacuación- para un entrenamiento del primer equipo el próximo viernes día 7 de noviembre. Se suponía, o al menos es lo que parecía flotar en el ambiente y en la propaganda oficial de la directiva, que la ocasión de reabrir puertas encajaría en una puesta en escena con cierto simbolismo y sensibilidad barcelonista, sobre todo después de haber sufrido los socios barcelonistas, el calvario y la desesperante sensación de que ese día no iba a llegar como consecuencia directa de los retrasos en la obra por causas directamente atribuibles y no al Ayuntamiento.

El caso es que, del total de los 142.354 socios que la directiva afirma tener censados, solo 7.500 han mostrado interés en ser los primeros en pisar las instalaciones. El resto hasta los 23.000 del aforo previsto para este preestreno lo integrará una masa barcelonista interesada en hacer historia sin carnet de socio.

La sensación es que la respuesta no ha sido la que cabría esperar después de un año de retraso sobre las promesas y los reiterados compromisos -y sistemático incumplimiento- de Joan Laporta y de su junta en volver al estadio, ni que sea como en este simulacro para ensayar de cara a una eventual apertura para un partido oficial. Se especula con que esa circunstancia podía concretarse en la jornada 13ª de Liga con la visita del Athletic.

De momento, no se han confirmado estas expectativas, pues las entradas a la venta para ese encuentro, se dispute en Montjuic o en el Spotify ante 45.000 espectadores, no se han puesto aún en circulación, alimentando esta posibilidad.

Haber agendado el entrenamiento del viernes puede indicar que la decisión de estrenar el Spotify frente al conjunto vasco se acuerde en función de dos variables, del éxito logístico del test a las instalaciones y de obtener la segunda licencia de primera ocupación para la segunda fase por parte del Ayuntamiento, imprescindible.

De la preparación de esa prueba ha llamado la atención que la directiva haya puesto un precio de 5 euros a cada socio interesado en asistir, pues ni que sea para la causa solidaria a favor del proyecto Pulseres Blaugrana de la Fundación Barça -10 euros para los no socios- la iniciativa parece no haber sido el estímulo definitivo para que las entradas se agotaran en pocas horas. Al contrario, aunque no sea por el precio, más que asequible, el efecto no has sido precisamente de llamada, pues la cifra de 7.500 socios alcanzada en el periodo de 48 horas exclusivo para este colectivo no es precisamente alta.

Puede ocurrir perfectamente que en una jornada tan señalada la mayoría de la grada la ocupen barcelonistas sin carnet frente a una minoría social como ya ocurre desde hace dos años en el exilio de Montjuic.

El evento del viernes parecía una primera oportunidad de revertir este síndrome de ausencia que domina en general la vida azulgrana desde el inicio de las obras, no solo a causa del maltrato y del rechazo al traslado al Lluís Companys. El alejamiento social, favorecido por las políticas de maltrato y de castigo por el clientelismo de Laporta, ha sido también más que evidente en las asambleas, cerradas, manipuladas y antidemocráticas, en el exterminio de las peñas -a las que también se ha ignorado de cara al experimento del viernes-, el cierre y expulsión de la grada de animación y las pocas ganas de convertir el regreso al Spotify en un acto exclusivo y merecido de homenaje a los socios que, sobre todo los abonados que han seguido en pie los dos últimos años.

A este colectivo se le invitó a comprar, con preferencia y con sobreprecio, el abono para esta temporada con independencia de cuantos partidos se jugarían en un estadio u en otro. Y las plazas no ocupadas en esta promoción se pusieron a la venta (2.945) para las dos zonas disponibles, la esquina de primera grada y para la esquina de segunda grada. Y gracias.

No es de extrañar, pues, que a la hora de participar activamente en la vida del club bajo la tiranía y el desprecio propios del laportismo, el socio muestre recelo y cierto temor a que la fiesta‘ le cueste aún más por ostentar precisamente su condición de socio y por sentir que, si pudiera, la directiva prescindiría de él. De momento, Laporta aún los va a necesitar para que le voten en las próximas elecciones. Después, ya se verá. Pero no tiene buena pinta.

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